Capturan la fotografía de una pantera nocturna más de cien años después de la última imagen

El extraño ejemplar, un joven macho, emerge de la oscuridad en una reserva de Kenia. /Will Burrand-Lucas
El extraño ejemplar, un joven macho, emerge de la oscuridad en una reserva de Kenia. / Will Burrand-Lucas

El inglés Lucas Burrand 'caza' con su cámara una pantera negra de ronda nocturna en una reserva de Kenia.El último rastro fotográfico de un felino similar en África data de 1909

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Cuando una parte de tu infancia discurre en Tanzania, las panteras negras acechan inevitablemente en la sombra de los cuentos para no dormir y se acaban erigiendo dentro del imaginario personal en criaturas mitológicos. Algo parecido le sucedió de crío a Will Burrard-Lucas, un británico que en su vida adulta se haría físico, primero, y empleado de una firma de contabilidad, después, hasta que un día escuchó a su tam tam interior. La percusión se convirtió en estruendo en 2010, cuando decidió sacudirse de encima las ristras de números y dedicarse en cuerpo y alma a retratar la vida salvaje del planeta. Lo haría, eso sí, sobre dos premisas: la de la máxima calidad y la del cuanto más cerca, mejor. Desde entonces, por delante de sus objetivos ha desfilado, sin saberlo, prácticamente todo el reino animal. Desde los albatros que custodian la península Antártica hasta los últimos lobos que patrullan las montañas de Bale, en Etiopía. Y, aunque sus expediciones cazadoras le han proporcionando trofeos en prestigiosos certámenes internacionales, ninguno de ellos encierra la gloria de poner ojos a la noche.

La idea de emprender una expedición africana en busca de la leyenda felina, una suerte de unicornio en el continente negro, extremadamente sigiloso y huidizo, empezó a cobrar forma hace dos años, cuando «aparecieron unas fotos de un leopardo negro en la India. Se trataba de un ejemplar que había hecho su territorio en la zona turística del bosque de Kabini, en el estado de Karnataka. Aquellas imágenes aceleraron mi pulso», recuerda Burrard-Lucas, quien hasta entonces se había conformado con escuchar al calor de alguna fogata nocturna, a cielo abierto, en medio de un safari, historias «descabelladas» de poderosos gatos zaínos. «Nadie a quien conocía había visto una pantera negra en libertad y pensé que yo tampoco vería nunca una».

EL AUTOR

Will Burrard-Lucas

El destino le puso detrás de su rastro el pasado septiembre. Invitado a participar en el Festival Nature in Focus, en la ciudad de Bangalore, aprovechó su incursión en la India para escaparse durante tres días y seguir las huellas de la pantera fotografiada. Se acompañó de Giri Cavale, un colega y experto rastreador de felinos. Aun así, «no tenía esperanzas de que, con tan poco tiempo para ello, diéramos con él. Pero era emocionante explorar el bosque sabiendo que un leopardo negro andaba por allí. Increíblemente, el segundo día se cruzó a lo lejos, delante de nosotros, y lo pude fotografiar».

Lejos de saciarle, aquel encuentro fortuito con la bestia más esquiva y hermosa «encendió mi imaginación. Soñé con encontrar y fotografiar una en África. Nunca había visto una imagen de alta calidad de un leopardo negro salvaje allí», relata. Aquel viaje resultaría providencial. «Alguien me contó una de esas historias en la que el amigo de un conocido había visto un ejemplar similar en Kenia». Sus pesquisas le llevaron hasta Laikipia, una pequeña reserva regentada por una pareja, que le confirmó el rumor. Lo siguiente fue desplazarse allí y desplegar en las zonas calientes una gran cantidad de sofisticadas trampas con cámaras de alta calidad dotadas de sensores infrarrojos pasivos. El propio Burrard-Lucas desarrolló en su día la BeetleCam, un dispositivo con control remoto que le permite tomar primerísimos planos sin que sus modelos se aperciban de ello.

Genotipo y luna llena

Pasaron varias noches en las que los disparos de su inocuo arsenal solo alcanzaron a hienas. Ni rastro del leopardo melánico, llamado así por un exceso de pigmentación oscura en las células de la piel sobre sus características motas y que obecede a un genotipo similar al que provoca el efecto contrario, el albinismo. Era cuestión de paciencia y de un caudal de suerte. Los astros se alinearon en torno a una noche de luna llena. La magia de su luz blanca para enmarcar los ojos de la noche. Por fin, allí estaba ese fabuloso animal, un macho joven, congelado en su cámara mientras emergía de la oscuridad. «No podía creerlo», asegura el autor, cuya pericia le ha permitido refrendar una idea que rumiaba desde niño: «Ningún animal está envuelto en más misterio; ninguno es más esquivo y hermoso».

A la luz de su trabajo, publicado por 'National Geographic', científicos del zoológico de San Diego, en los Estados Unidos, aseguran que constituye la primera documentación científica de una criatura de este tipo en África en casi un siglo. En concreto, desde 1909, cuando se fotografió un leopardo negro en Addis Abeba.

Natural de Gran Bretaña (1983), pasó parte de su infancia en Tanzania. Se licenció en Física y trabajó para una empresa de contabilidad hasta 2010, cuando decidió dedicarse por entero a su pasión, fotografiar la vida salvaje. Posee una empresa donde fabrica y comercializa sofisticadas cámaras trampa para fotógrafos y cineastas con tecnología desarrollada por él mismo.