Los nazis alemanes se envalentonan

Un grupo de neonazis alemanes con parafernalia hitleriana, vigilados por la Policía en Ostritz. /EFE
Un grupo de neonazis alemanes con parafernalia hitleriana, vigilados por la Policía en Ostritz. / EFE

El apoyo de los movimientos de ultraderecha a la marcha xenófoba de Alternativa para Alemania creaun frente común que alarma a políticos y ciudadanos

JUAN CARLOS BARRENA

A la populista Alternativa para Alemania (AfD) se le ha caído la fachada de partido burgués y no oculta ya sus tendencias ultranacionalistas, cuando no neonazis, del todo evidentes desde este pasado fin de semana. La marcha silenciosa y fúnebre que organizó el pasado sábado en la sajona localidad germano oriental de Chemnitz por la muerte a puñaladas en una reyerta del alemán de raíces cubanas y 35 años Daniel Hillig marca un antes y un después en la política de la formación nacida en 2013 como movimiento euroescéptico, y que desde entonces ha degenerado hasta convertirse en un partido abiertamente xenófobo y aspiraciones totalitarias, que cada vez cuestiona más el estado de derecho. Y que está decidido a imponerse a cualquier precio y a instrumentalizar todo suceso en el que, como en el caso de Hillig, estén implicados refugiados o extranjeros para criticar la política de asilo del Gobierno de la canciller federal, Angela Merkel, y la capacidad del Estado para garantizar la seguridad ciudadana. Da igual que Hillig, hijo de un cubano y una alemana, votara habitualmente a partidos de izquierda y simpatizara con los grupos antifascistas. La AfD lo ha convertido en un nuevo mártir de la política de bienvenida de Merkel, toda vez que los detenidos por el crimen son dos jóvenes sirio e iraquí.

A la protesta por su muerte organizada por Alternativa para Alemania se unieron desde un principio los racistas Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida), que se manifiestan regularmente en Dresde, la capital de Sajonia, para exigir la expulsión de los refugiados y todo «parásito extranjero» que vive a costa del estado de bienestar alemán. Un matrimonio ya de por sí muy sospechoso. Pero lo que resultó alarmante para las autoridades y las formaciones políticas tradicionales es que a los dirigentes de AfD y Pegida que acudieron a la marcha de Chemnitz se unieran también los activistas de Pro Chemnitz, un cúmulo de organizaciones locales de agresivos aficionados al fútbol ultraderechistas y militantes neonazis con nombres como HooNaRa, abreviatura de 'hooligans, nazis y racistas', NS Boys o Kaotic.

Resultó especialmente preocupante que la extrema derecha concentrara el sábado en Chemnitz a 4.500 personas, según cifras de la Policía, mientras la contramanifestación para criticar a los ultras solo reunió a unos 3.500 participantes. Preocupado por la imagen de Alemania en el extranjero, el titular alemán de Exteriores, el socialdemócrata Heiko Maas, ha hecho un llamamiento a los ciudadanos a «levantarse del sofá y abrir la boca» para expresar su rechazo a los extremistas de derechas. «Es una vergüenza para nuestro país que en nuestras calles vuelva a hacerse el saludo hitleriano», advirtió Maas, quien dijo que «debemos plantarnos ante los radicales. No podemos escaquearnos. Hay que dar la cara contra los neonazis y los antisemitas».

'Somos más'

Anoche lo hicieron en la mayor concentración de protesta contra la actividad de la extrema derecha en Chemnitz, donde unas 70.000 personas acudieron a un concierto popular bajo el lema 'Somos más'. Figuras del pop y el rock alemanes como los grupos Toten Hosen, Kraftklub y el rapero Marteria se sumaron a la iniciativa, que comenzó con un minuto de silencio en memoria de Daniel Hillig. El propio presidente federal, Frank Walter Steinmeier, había llamado a acudir al festival. Las autoridades locales prohibieron dos concentraciones contrarias solicitadas por la organización neonazi Pro Chemnitz y los xenófobos de Pegida.

Era la respuesta a voces xenófobas muy conocidas en Alemania, como la del fundador y presidente de Pegida, Lutz Bachmann, o el dirigente de Alternativa para Alemania en Turingia, Björn Höcke, que el sábado acudió a Chemnitz vestido de luto riguroso y con una flor blanca en la solapa. Höcke lidera el ala más radical de AfD y es famoso por sus provocadoras declaraciones, como cuando calificó el Memorial del Holocausto de Berlín de «monumento de la vergüenza» y exigió una revisión de la historia reciente de Alemania, minimizando los crímenes del nacionalsocialismo y elogiando sus supuestos logros. En otra ocasión advirtió sobre el «peligro de la transformación étnica» del país por la llegada de refugiados e inmigrantes.

Pero sus correligionarios al más alto nivel tampoco le andan a la zaga. La líder parlamentaria en el Bundestag de AfD, Alice Weidel, calentó los ánimos de los ultraderechistas al comentar sobre el crimen de Chemnitz que «la matanza de alemanes continúa» y su compañero en el liderazgo de los populistas en la Cámara Baja germana, Alexander Gauland, dijo sobre los disturbios protagonizados por radicales de derechas en Chemnitz tras la muerte de Daniel Hillig que el pueblo «tiene derecho a defenderse».

Disidente y crítico de la cristianodemocracia de Merkel, a la que estuvo afiliado más de 30 años, Gauland es otro experto en la provocación. Poco antes del verano calificó el III Reich de Hitler como «una cagada de pájaro en los más de mil años de exitosa historia alemana» y puso en duda que los alemanes «quieran tener como vecino» por su color de piel a Jerome Boateng, miembro de la selección nacional de fútbol.

Una agenda secreta

Ante el cada vez más descarado acercamiento de AfD a sectores ultras y neonazis, aumentan las voces que exigen que esa formación sea sometida a vigilancia permanente del Órgano Federal para la Defensa de la Constitución, BfV, un paso que en el pasado condujo a la prohibición del Partido Comunista durante la división alemana o de organizaciones cercanas a la ideología nacionalsocialista.

Oficinas regionales del BfV en Bremen o la Baja Sajonia reconocieron ayer que vigilan ya las actividades de la Joven Alternativa, las juventudes de AfD, por tratarse de una organización de carácter anticonstitucional. En el caso de los mayores, políticos de la CDU de Merkel, la socialdemocracia (SPD) y Los Verdes también exigen ese paso, aunque el portavoz del Gobierno federal, Steffen Seibert, dejó esa decisión en manos de los órganos de seguridad del Estado.

Thomas Oppermann, vicepresidente del Bundestag por el SPD, defiende la intervención del Órgano Federal para la Defensa de la Constitución porque AfD «cabalga de manera cada vez más radical sobre la ola» de la polémica por los refugiados, buscando dividir a la sociedad. El primer ministro de Baviera, Markus Söder, de la conservadora Unión Socialcristiana, sospecha que AfD, Pegida y las organizaciones neonazis «comparten una agenda secreta», por lo que deben ser vigilados. Para Söder, igual que para muchos políticos y ciudadanos alemanes, resulta inaceptable que AfD, hooligans y neonazis «marchen juntos codo con codo», como sucedió este fin de semana en Chemnitz.

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