Los idílicos paisajes de Gran Bretaña

Esplendoroso amanecer en una campiña atestada de amapolas en Houghton, West Sussex. :: / MARÍA DAVEY
Esplendoroso amanecer en una campiña atestada de amapolas en Houghton, West Sussex. :: / MARÍA DAVEY

Océanos de amapolas, caprichos de paja, cumbres inhóspitas, lagos brumosos... El concurso Fotógrafo de Paisajes del Año celebra la diversidad ecológica de las islas

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Una imagen de paisaje atraviesa todas las fronteras políticas y nacionales, trasciende las limitaciones del idioma y la cultura». Esta es la filosofía, en formato comprimido, que ha guiado la prolífica y brillante trayectoria profesional de Charlie Waite (Inglaterra, 1949), uno de los fotógrafos especializados en esa modalidad más celebrados del mundo por su enfoque pictórico del uso de las luces y las sombras, que dota a sus instantáneas de un aura casi espiritual. «Sus paisajes son extrañas perfecciones de luz, color y composición, y ofrecen al espectador un retrato exuberante de un planeta en paz», condensaba un reciente artículo en la revista de arte de la Academia de Royal West of England.

Enamorado de su trabajo y de las variedad de escenarios bucólicos de su país, Waite lanzó en 2006 «un escaparate para aquellos en todo el mundo que comparten mi misma pasión», el Landscape Photographer of the Year (Premio al Fotógrafo Paisajista del Año). Este reputado certamen internacional, abierto a la participación de aficionados y profesionales con la única condición de retratar naturalmente Gran Bretaña, acaba de emitir su fallo correspondiente a 2018. En el aluvión de autores que ha movilizado el concurso en esta nueva edición, el también británico Pete Rowbottom ha logrado tocar el cielo. Lo ha hecho con su visión de los 'Picos helados' de Glencoe, en las Tierras Altas de Escocia, una gélida imagen que recoge, en un primer plano, las afiladas puntas del hielo fracturado de un manantial, y de fondo, el Buachaille, una emblemática montaña de la zona muy conocida por los escaladores.

A Waite, a la cabeza de un jurado formado por ocho expertos, le ha encandilado el paralelismo de líneas diagonales. «No puedes apartar tus ojos de la relación entre la montaña y el hielo. Es visualmente dramático y tiene una precisión matemática», alaba el maestro. «El frío de la montaña y el hielo combinan bien con el ámbar de su entorno. Esta es una imagen con la que puedes escuchar y sentir el paisaje, además de contemplarlo. Resulta emocionalmente fuerte e involucra al espectador en múltiples niveles», valora. Además del título de Fotógrafo de Paisajes de 2018, Rowbottom se embolsará el equivalente a 11.400 euros.

Madrugones y texturas

Sin menos suerte, Marie Davey lo apostó todo al rojo para inmortalizar un energizante amanecer en Houghton, West Sussex, gracias al carmín rabioso de un campo abarrotado de amapolas, el refrescante verde lima de un campo de cebada y el velo pálido de la niebla sobre el valle. Atrapar el espectáculo le costó, cuenta la autora, un toque de despertador a las 2.45 horas de la mañana que «bien mereció la pena».

El trabajo de Paul McLoughlin, por su parte, apela al tacto. La textura de su instantánea de campesinos de Winkleigh, en Devon, apilando la paja en caprichosas formas, raspa, literalmente, mientras que el 'Despertar en Arch', de Karen Deakin, con sus gansos acicalándose a orillas de un lago brumoso, induce a un placentero duermevela.

Todas las imágenes preseleccionadas por el jurado del certamen se exhiben desde el viernes en la London Waterloo, la estación de trenes y metro más concurrida del Reino Unido.