Memoria histórica para 'millenials'

'Novecento'. Asistentes al museo recorren la evolución de la sociedad italiana a lo largo del pasado siglo a través de sistemas de realidad virtual./FOTOS: M9
'Novecento'. Asistentes al museo recorren la evolución de la sociedad italiana a lo largo del pasado siglo a través de sistemas de realidad virtual. / FOTOS: M9

M9, el nuevo museo de Mestre, recorre los cambios de Italia durante el siglo XX a través de las nuevas tecnologías. Desde un inquietante holograma de Mussolini hasta la evolución de la percepción social del bidé

DARÍO MENOR

Tener delante a Benito Mussolini mirándote de frente mientras te echa un discurso sobre el fascismo mascando las palabras y con sus inigualables gestos teatrales es algo que no se olvida. Aún menos cuando tienes a tu alrededor a las masas enfervorecidas que le ovacionan gritando «¡Duce, duce!». Siente uno que está en los años 20 del siglo pasado en la plaza Venecia de Roma, donde el dictador italiano lanzaba sus arengas. Nos encontramos en cambio en una de las salas del M9, el museo recién inaugurado en Mestre para recorrer los cambios sociales, políticos, domésticos y demográficos vividos en Italia en el siglo XX. Este espacio expositivo, ubicado en el barrio de Venecia situado en tierra firme, ofrece una experiencia totalmente interactiva y multimedia, convirtiéndolo así en uno de los centros culturales más innovadores de Europa.

Entre los atractivos del M9 para explicar a las nuevas generaciones las maravillas y miserias de la historia italiana en el 'Novecento' está la reinterpretación de la plaza pública donde transcurrieron muchos de los más significativos acontecimientos políticos del siglo pasado. En un espacio circular formado por muros de pantallas que reproducen imágenes envolventes nos encontramos con los hologramas de Mussolini y de los otros grandes protagonistas del siglo XX italiano: Aldo Moro, Bettino Craxi y Palmiro Togliatti, líderes históricos de la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y el Partido Comunista, respectivamente. La reproducción es tan realista que no es fácil resistir a la tentación de acercarse a Mussolini para, con algo de miedo, intentar tocarle la calva. El único holograma que se echa en falta es el de Silvio Berlusconi, al que sólo se le ve en un vídeo hablando del «nuevo milagro italiano». Los responsables de la instalación no habrán querido crear una reproducción virtual del líder de Forza Italia mientras siga existiendo una de carne y hueso.

«En el M9 contamos cómo se han hecho los italianos». Marco Biscione, director del museo de Mestre, retoma para explicar la labor del centro una frase emblemática de Massimo d'Azeglio, escritor, político e impulsor de la Unificación: «Hecha Italia, hay que hacer a los italianos». Las delicias gastronómicas, la belleza de la lengua de Dante, la excelencia cultural, la creatividad artística y el gusto por la 'dolce vita' fueron forjando la identidad nacional de los habitantes del 'Bel Paese' tanto como el fascismo, la mafia, la desorganización, la gestualidad exagerada, la obsesión por la estética o las ínfulas de Don Juan. También dejaron su señal el Fiat 500, la Vespa, la cafetera moka, la Olivetti o la pasión desenfrenada por el fútbol. Por no hablar de Mussolini, Pavarotti o Berlusconi. La 'italianidad' es una forma de sentirse en el mundo que floreció en el siglo XX, ese 'Novecento' que tan bien explica el nuevo museo de Mestre.

«Explicamos los éxitos y las tragedias sin ofrecer verdades predeterminadas»

Esta zona de Venecia quiere dejar de ser una metrópoli gris y anónima frente a la fascinación que despierta la Ciudad de los Canales y para ello, ha impulsado este proyecto que lleva de la mano una ambiciosa rehabilitación urbana. Es el fruto de diez años de trabajo de la Fondazione di Venezia, una fundación privada bancaria que ha sufragado los 110 millones de euros que cuesta esta iniciativa. Está pensada para que los jóvenes conozcan cómo el siglo pasado cambió radical y rápidamente la forma de vida de sus abuelos y padres. «Nuestro interlocutor ideal son los chicos nacidos en este nuevo milenio que no conocen apenas el 'Novecento', los llamados 'millennials'», explica Biscione. «Les contamos el siglo XX con los instrumentos que les resultan más cercanos, con una narración completamente multimedia e interactiva que es única en Italia. No es un museo de historia al uso. No usamos un eje cronológico partiendo de los grandes acontecimientos, como las Guerras Mundiales, el fascismo, la reconstrucción... Elegimos en cambio ocho vastas áreas temáticas para recorrer las grandes transformaciones en la vida cotidiana. Mostramos cómo han cambiado los italianos, incluso físicamente, cómo se ha transformado el país y el paisaje. Explicamos los éxitos y las tragedias sin ofrecer verdades predeterminadas, sino un cuadro en el que el visitante puede crearse su propia idea».

«Las dos caras de la moneda»

El M9 tiene un gran mérito: no es un museo nacionalista. Cuenta el gigantesco salto hacia adelante que Italia dio en el 'Novecento', pero no se olvida de los destrozos causados por el camino. «Intentamos mostrar las dos caras de la moneda y que la historia no es lineal», cuenta Michelangela Di Giacomo, una de las guías. «Cuando empezó el siglo XX, en muchos lugares del país había tanta miseria como en algunas naciones africanas. Nadie se podía imaginar que íbamos a alcanzar el nivel de Reino Unido con una industrialización tan potente».

Precisamente a cómo ha cambiado el mundo del trabajo está dedicada una de las áreas del M9. Lo hace con unos videojuegos que permiten emular a un obrero en la cadena de montaje en una fábrica textil, en una metalúrgica y en una de coches. En un par de minutos al visitante le queda claro que es mucho más difícil de lo que parece repetir mecánicamente siempre el mismo gesto en un momento preciso.

«El M9 no tiene un recorrido único. Cada visitante puede centrarse en el área que le interese para formarse su propia idea por medio de diversas informaciones. Queremos que quien venga se divierta aprendiendo cómo fue la vida de su abuelo o de su madre», dice Biscione. El recuerdo de los ancestros surge de inmediato en la gigantesca pantalla que, de modo interactivo, reproduce cómo ha cambiado una típica cocina durante el siglo XX. Hay una de principios de siglo, otra de los años 30, otra de los 60 y, finalmente, una de los 80 que no la describe una mujer, sino un hombre que prepara la cena a su esposa y a su hija. La irrupción del varón en la cocina es la mejor representación del paso adelante en un país acusado a menudo de machismo. O de moralista, como se ve en la evolución del bidé. Pasó de verse como una herramienta para prostitutas o mujeres de moral disoluta a convertirse en un elemento casi obligatorio de todos los cuartos de baño. Al museo no le falta autocrítica y cuenta con humor la merecida fama de seductores, pasionales, elegantes, supersticiosos, sentimentales y creativos que tienen los italianos.

La total interactividad por la que apuesta el M9 plantea un problema para sus responsables: el acelerado envejecimiento de las tecnologías obliga a una continua actualización. El director del museo es consciente del desafío. «Lo que ahora mismo es la vanguardia dentro de unos años estará superado. Deberemos renovarnos tanto con las tecnologías como con los temas. Las ocho secciones temáticas del museo no agotan ciertamente la historia del siglo XX. Podemos contarla a través de otras miles de formas. Y eso haremos».