La mejor doctora del mundo es española y receta «felicidad»

La mejor doctora del mundo es española y receta «felicidad»

La Organización internacional de la Medicina de Familia galardona a Verónica Casado, que pasa consulta en Valladolid

Sed felices. Es una prescripción médica». Verónica Casado siempre despide así a sus pacientes del centro de salud del barrio vallisoletano de Parquesol. «Ser felices ayuda a tener un buen nivel de salud», se explica la mejor médica del mundo. La doctora Casado recogerá esta semana en Seúl (Corea del Sur) el premio Cinco Estrellas del Wonca (Organización Mundial de la Medicina de Familia), una institución que abarca a medio millón de médicos de universidades y asociaciones médicas de 131 países y cuyo galardón supone ser el mejor facultativo del planeta. Para ella, significa la extensión del mismo reconocimiento que ya tenía en Europa e Iberoamérica.

Verónica Casado admite la sorpresa, pero menos. «Sabía que estaba nominada y al ser ya médico Cinco Estrellas de otras dos regiones estás un poco más preparada, pero vivo en una nube. Muy contenta desde luego». El evento que cada dos años organiza la Sociedad Mundial de Médicos de Familia arranca mañana. Casado es la primera española que lo consigue y recogerá sus 'estrellas' el sábado.

En buenas manos.
La doctora Verónica Casado, en su despacho del centro de salud que ocupa desde hace treinta años en Valladolid. :: G. VILLAMIL

Nacida en Reims (Francia) e hija de una familia de emigrantes, regresó a Valladolid a los 9 años. Su día a día se desarrolla desde 1989 en el centro de salud de Parquesol, el barrio más joven y de mayor crecimiento de la capital de Castilla y León. Allí es tan reconocida que tiene lista de espera de cartillas. «Ni puedo ni debo aceptar más porque ya estoy por encima del cupo óptimo» (1.536 pacientes).

Los premios se le acumulan. Pero «lo que me emociona son los abrazos de mis pacientes, las llamadas y mensajes». Desde hace 30 años es una incombustible defensora de la Atención Primaria y de Familia como el primer eslabón de la cadena sanitaria. El currículum que le ha llevado al cénit de la medicina de cabecera mundial es un muy trabajado historial con tres patas: atención, investigación y enseñanza.

De entrada, Verónica Casado insiste en que el mérito no es suyo, sino del sistema español en su conjunto. «Detrás de mi trabajo hay muchas personas, muchos médicos y equipos realizando un gran desempeño diario». Y por eso espera que la repercusión llegue mucho más allá y prestigie una labor, la del primer escalón de la medicina, que «no está en absoluto mimada». A su juicio, «está desatendida por las administraciones y no va por el buen camino».

Devota de las enseñanzas de Gregorio Marañón, sobre todo cuando decía que la silla era «el mejor fármaco» (en referencia a saber escuchar), ha convertido la lucha por la mejora de la Atención Primaria en el eje de su actividad profesional. Consciente siempre de que «si atiendes mejor, derivas menos a otros servicios». «Si seguimos apostando por un sistema con el hospital como centro -advierte-, nos cargamos veinte años de trabajo y podemos ahogar el sistema».

En 2014 logró que la Medicina de Familia y Comunitaria fuera asignatura obligatoria. Su Facultad de Valladolid fue la primera en introducirla. Desde que se tituló en 1986, la suya es una medicina apegada al primer y más directo trato con la persona. Y este año cumple ya treinta de trabajo sin faltar a la cita diaria con sus pacientes.

Nuevos retos

Lo sabe casi todo de la medicina de base porque también ha ejercido como gestora. Especialista en Medicina Familiar desde 1986, entre 1990 y 1997 fue directora médica, gerente de Atención Primaria y subdirectora de planificación sanitaria del Ministerio de Sanidad. También es tutora del programa de formación especializada MIR (Médico Interno Residente) en centros de Salud, de los programa de investigación en la Facultad de Medicina de Valladolid, donde ejerce la docencia. Además, es codirectora del Proyecto de Salud de Castilla y León.

Un enfoque global que le hace reclamar el «máximo cuidado» del actual sistema médico español. «La legislación nos ve (a los médicos de su especialidad) como el centro del sistema, pero no lo impulsa», argumenta. Una atención que debe enfrentarse a retos como el envejecimiento, la cronicidad y la polimedicación. «Parece que ahora todo depende de los medicamentos, y mucho tiene que ver en realidad el estilo de vida».

Cuando se le pide que levante la vista de su mesa, de los males y dolores de sus enfermos, y trace un diagnóstico de la salud en España, lo resume de forma quirúrgica. «El Estado del bienestar hay que defenderlo a capa y espada. Hay que mantener lo que tenemos, dejar lo que está funcionando y no hacer más experimentos. En sanidad, pocas bromas». Ajena en lo posible al revuelo, hoy volverá a recibir a sus pacientes mayores con otra de sus frases sanadoras: «Hola cariño, ¿cómo estás hoy?».

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