¿Mandarán los robots?

Cirugía robótica contra el párkinson en Valencia.
/K. FORTERLING
Cirugía robótica contra el párkinson en Valencia. / K. FORTERLING

Los gurús tecnológicos invierten en el desarrollo de implantes cerebrales que conecten a las personas con superordenadores. «Todavía es ciencia-ficción», aseguran los expertos

ANTONIO CORBILLÓN

Neuralink está desarrollando interfaces (conexión entre dos sistemas) cerebro-máquina con un ancho de banda ultra alto para conectar humanos y computadoras. Estamos buscando ingenieros y científicos excepcionales». Esta oferta laboral figura en la web de la empresa californiana Neuralink, la última aventura empresarial de Elon Musk, fundador de Tesla, SpaceX, SolarCity y algunas de las inversiones futuristas que empiezan a entrar en los fondos bursátiles. Ya ha recaudado 30 millones de dólares (más de 25 millones de euros).

El empresario más futurista de Silicon Valley, el secarral californiano donde se diseña el futuro del planeta, no para nunca. No le basta con creaciones como Hyperloop, el transportador espacial de pasajeros y mercancías en tubos al vacío a alta velocidad, del que ya tiene un prototipo real. O SolarCity, líder en energías alternativas y proveedor de las baterías de los coches eléctricos de otra de sus apuestas: Tesla.

Elon Musk no es el único en insistir en que «debemos llevar la idea del 'cyborg' humano más lejos y agregar una capa digital de inteligencia a nuestros cerebros». Bryan Johnson, otro pionero de Silicon Valley, supera los 100 millones en su sociedad Kernel con la certeza de que «la neurotecnología será el próximo gran avance de la humanidad».

Ramón L. de Mántaras Instituto Inteligencia Artificial del CSIC «Aumentar nuestras capacidades con ordenadores está aún muy verde» Victoria Camps Cátedra de Ética «Quien ha de evitar que se nos vayan de las manos somos los propios humanos» Amparo Alonso Experta en Inteligencia Artificial «Ningún robot aprende solo. ¿Para qué lo querríamos?»

Hasta ahora, la idea de máquinas con inteligencia propia solo rondaba la literatura o el cine de ciencia-ficción. Todo aficionado al género recuerda la discusión entre la supercomputadora HAL 9000 y un astronauta en '2001: Una odisea en el espacio'. La máquina reclamaba al hombre que no la desconectara y le permitiera seguir gobernando la nave.

En octubre la película de Stanley Kubrick cumple medio siglo. «El cine explota nuestro miedo a vernos sustituidos por máquinas», resume el profesor de Historia y Estética del Cine Antonio Santos. 'Blade Runner' o 'Matrix' son ejemplos posteriores de este amplio género futurista de humanos superados o enfrentados a robots.

El concepto de Inteligencia Artificial (IA), máquinas programadas para sustituirnos, tiene ya más de 60 años (1956). Los procesadores que nos ayudan o complementan tampoco son tan nuevos. «El articulador de voz de Stephen Hawking, los ordenadores que nos permiten dar órdenes a una silla de ruedas o el aspirador Roomba que trabaja solo por toda la casa, todo eso es Inteligencia Artificial aplicada», resume la presidenta de la Asociación Española de Inteligencia Artificial, Amparo Alonso Betanzos.

Sin embargo, nunca el debate sobre sus posibilidades y peligros ha estado tan presente como ahora. El propio Elon Musk justifica su apuesta en que corremos el riesgo de «convertirnos en las mascotas de las máquinas» si no avanzamos más rápido en su gestión y programación.

El miedo a cerebros sin neuronas ni alma y fuera de control ha llevado a la Comunidad Europea a acelerar su compromiso en la materia en este 2018. Además de comprometer inversiones conjuntas en investigación de 20.000 millones de euros hasta 2020, este otoño la Comisión «presentará unas directrices éticas para el desarrollo de la IA, sobre la base de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE», explican desde su sede en Bruselas.

Europa, a la cola

También el presidente francés, Emmanuel Macron, presentó en marzo su plan 'Inteligencia Artificial al servicio de la Humanidad', del que dijo que es «una oportunidad increíble pero una inmensa responsabilidad». Europa trata de 'ponerse las pilas' en esta materia ante la certeza de que ya sufre una considerable desventaja frente a Estados Unidos y China, que dedican importantes fondos en investigación. Los asiáticos incluso han introducido esta asignatura en los institutos. Se llama 'Fundamentos de la Inteligencia Artificial', y la ha elaborado Xiaoou Tang, profesor de ingeniería de la información en la Universidad China de Hong Kong. Tang es presidente de SenseTime Group, la empresa emergente de Inteligencia Artificial más valiosa del mundo. Este año ha logrado fondos cercanos a los 500 millones de euros y su capital ya supera los 2.400 millones.

Las preguntas se multiplican. ¿Llegará algún día en que las máquinas se independicen? ¿Corremos el riesgo de crear Frankensteins de metal y microchips sobre los que podríamos perder el control? ¿Se pueden programar para que actúen bajo códigos éticos? ¿Está próximo el 'superhombre', una mezcla de inteligencia humana y capacidades multiplicadas por nuestras invenciones?

«El alcance de ese reto es todavía muy incierto y se mueve en el terreno de la ciencia ficción. La idea de un mundo transhumano o posthumano es mediáticamente atractiva, pero me temo que no tenemos mucha idea de qué puede significar», advierte la catedrática de Filosofía y expresidenta del Comité de Bioética de España, Victoria Camps.

La próxima guerra global ya no será por el petróleo, ni por el agua. Será «por la propiedad de los datos, que ya son el activo más importante». En juego «el riesgo de una dictadura digital», que también podría caer en manos artificiales, advierte en su libro '21 lecciones para el siglo XXI' el historiador israelí Yuval Noah Harari, que se está forrando con sus ensayos sobre los riesgos del 'big data' (inteligencia de datos a gran escala).

«¿Aumentar las capacidades del cerebro con conexiones a un ordenador?... Eso está muy verde y sobrepasa al ámbito científico». El director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, Ramón López de Mántaras, es el científico español de más larga trayectoria en la materia. Desde su despacho de Barcelona pone distancia y plazos más bien amplios a ese futuro, en contra de los que casi hablan en presente.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos