Un maestro de la generosidad: así es el mejor profesor del mundo

El actor HughJackman entrega el premio al franciscano Peter Tabichi en Dubái./AFP
El actor HughJackman entrega el premio al franciscano Peter Tabichi en Dubái. / AFP

El franciscano Peter Tabichi, que da clase en un pueblo remoto de Kenia y dona el 80% de su nómina a la comunidad, reconocido como mejor profesor del año

FERNANDO MIÑANA

En Pwani, una remota aldea del interior de Kenia donde reina la pobreza, se ha producido un curioso fenómeno: en los últimos tres años la escuela ha duplicado el número de alumnos y cada curso son más jóvenes los que alcanzan la universidad. El principal responsable de este impulso en la educación local es un hermano franciscano llamado Peter Tabichi. El maestro estuvo el fin de semana en Dubái, vestido con su hábito y el cordón franciscano, para recibir de manos del actor Hugh Jackman el Global Teacher Prize, el premio al mejor profesor de 2019, que tiene una dotación económica de un millón de dólares (unos 884.000 euros).

Los principales atributos de este maestro de 36 años son su capacidad como docente, su habilidad para mantener el interés de sus alumnos y su generosidad: Tabichi dona a la comunidad el 80% de su nómina. Y lo hace porque es una región extremadamente depauperada, donde muchas familias pasan hambre y resulta muy fácil caer en la tentación de poner a trabajar a los niños y casar pronto a las niñas.

El 95% de los estudiantes son de familias pobres y un tercio es huérfano de, al menos, el padre o la madre. Tabichi reparte entre ellos cuatro quintas partes de su salario para que puedan mandar a sus hijos al colegio y comprarles libros de texto. Además, visita a las familias más reticentes y les convence de la importancia de la educación. O disuade a los padres que quieren emparejar apresuradamente a las niñas. Por eso las aulas se encuentran atiborradas de alumnos, y donde debían estar cuarenta se apretujan casi ochenta. Muchos de ellos tienen que recorrer cada día cerca de seis kilómetros por senderos para poder asistir a las clases del hermano Tabichi, enrolado en una esforzada cruzada para que no abandonen los estudios. ¿Cómo lo hace? «Es necesario ser creativo, abrazar la tecnología y proponer métodos de enseñanza modernos», defiende. En la mayoría de sus lecciones, intenta introducir las TIC, las Tecnologías de la Información y la Comunicación, para captar la atención de los jóvenes.

Proyectos distinguidos

Otra forma de mantener vivo el interés es avivar su espíritu competitivo a través del Club de Ciencia, donde les anima a desarrollar proyectos de investigación. De este nicho salió una aplicación que permite a los ciegos medir los objetivos y que presentaron a la Feria de Ciencia e Ingeniería de Kenia. Uno de sus grupos se clasificó también para la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Arizona (Estados Unidos). Pero su mayor éxito fue el premio que les concedió la Real Academia de Química del Reino Unido por un proyecto para crear electricidad de la vida vegetal local.

Tabichi es el profesor de Física y Matemáticas, pero también ha encontrado tiempo para promover el Club de la Paz, que anima a los estudiantes a debatir y plantar árboles juntos con el ánimo de hermanar a los siete grupos étnicos que conviven actualmente en el colegio. Apoyarse en la tecnología no es una tarea sencilla en este recóndito lugar del Valle del Rift. La escuela solo tiene un ordenador y cuenta con una precaria y desesperante conexión a internet. El franciscano tiene que acercarse muchos días hasta un cibercafé para poder descargar recursos para sus clases.

Pero a fe no le gana nadie. «Como profesor que está en las aulas, he visto el futuro de los jóvenes: su curiosidad, su talento, su inteligencia, sus creencias», dijo al recoger el galardón. Y su apuesta por la juventud no se queda en Kenia: «África producirá científicos, ingenieros, empresarios... cuyos nombres serán famosos algún día en todos los rincones. Y las niñas serán gran parte de esta historia». El Global Teacher Prize ha reforzado su confianza y su espíritu poético: «Amanece en África. Los cielos están despejados. El día es joven y hay una página en blanco por escribir. Es el momento de África».