La isla sin tiempo

Visión estival de la isla de Sommar, al norte de Noruega /R.C.
Visión estival de la isla de Sommar, al norte de Noruega / R.C.

Los 300 habitantes del remoto pueblo ártico de Sommar acuerdan liberarse de la tiranía de los relojes y eliminar los horarios

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

¿Es posible escapar al tiempo?». A esta recurrente pregunta para filósofos, físicos o matemáticos, acaban de darle una afirmativa e insólita respuesta los habitantes de la remota isla noruega de Sommar. Allí el tiempo discurre de otra manera, tanto que han decidido suprimirlo y liberarse de la implacable tiranía de los relojes que tanto estresan a la humanidad y que ellos pretenden detener para siempre. Han suprimido los horarios para ser la primera 'zona libre de tiempo' del mundo, según informa el portal de la radiotelevisión pública noruega, NRK.

Situada en latitudes septentrionales, a más de 4.500 kilómetros de la península ibérica, los trescientos habitantes pequeña isla noruega –Sommarøy, en noruego, de 'sommar', verano, y 'øy', isla– convocaron una asamblea a finales de mayo con un único asunto en el orden del día: abolir el tiempo.

El septentrional paraje noruego quiere convertirse en la primera 'zona libre de tiempo' del mundo

Dicho y hecho. Desde entonces los relojes están proscritos en aquel inhóspito paraje del Círculo Polar Ártico, donde el sol sale el 18 de mayo y se pone el 26 de julio. Son 69 días de luz frente a la larga y cerrada noche que impera en Sommar entre noviembre y enero. Ahora falta que la osada mediada sea sancionada por el Parlamento en Oslo.

Ante la drástica alternancia entre el día y la noche, los horarios convencionales para el resto del mundo dejan de tener sentido en Sommar, Así que ¿Para qué medir el tiempo? Durante su largo día de dos meses, «en medio de la 'noche', cuando para la gente de la ciudad son las dos de la madruga, puedes ver a niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas o cortando el césped y adolescentes nadando», se justifica Kjell Ove Hveding, impulsor de la suspensión del tiempo. Su objetivo es «lograr flexibilidad 24 horas los 7 días de la semana», y hacer extensiva la medida a las escuelas y centros de trabajo.

«Para muchos de nosotros poner esto por escrito supone, simplemente, formalizar lo que hemos estado practicando durante generaciones», ha declarado Ove Hveding a la CNN. Él y sus vecinos viven en esa placidez desde tiempos inmemoriales, de modo que pautar la vida con esos ingenios que contabilizan segundos, minutos, horas y días es una lacra de la que han decididos librarse. Falta por saber si harán lo propio con el calendario y dejarán de contar días, semanas, meses y años.

Para evidenciar la suspensión del tiempo, los isleños reclaman ya a quienes les visitan un gesto tan simbólico como elocuente: colgar sus relojes en la barandilla del puente que separa la isla del resto del municipio al que pertenece, Tromsø, y liberarse así de todo compromiso horario. Algo parecido a lo que ocurre en infinitud de icónicos enclaves en los que turistas y enamorados traban candados.

Los impulsores de esta «democrática» abolición del tiempo se ufanan de que su decisión se aplauda ya en otros lugares. Pero para que se haga efectiva falta su aprobación legislativa cuando se presente en el Storting, el Parlamento nacional noruego. De cara a ese paso, varios vecinos se reunieron la semana pasada con un diputado al que entregaron sus firmas y con quien analizaron los efectos prácticas de su decisión.

Aún partiendo de un acuerdo generalizado, la medida no deja de generar dudas en algunos isleños. Como Malin Nordheim, recepcionista de hotel, que declaró a la NRK sentirse «escéptica» ante un idea que juzga «emocionante». «Será un desafío para los huéspedes en cuanto a los horarios de registro de entrada y de salida, y los de apertura del bar y el restaurante», dijo pragmática.