Hijos de silicona

Hijos de silicona

La historia de Zibao sería poco más que una anécdota si no fuera porque en China el asunto trae cola

La mujer que aparece en la fotografía se llama Tao Zibao y, a simple vista, parece una chica normal a la que le gustan las orejeras vistosas. De hecho, lo sería si no fuera porque esa 'niña' que transporta en su sillita está hecha de silicona. Hace tiempo que Tao lleva a su 'hija', a la que ha bautizado con el nombre de Tian Mao (algo así como dulce gatita), a donde quiera que va. Da igual que se trate de unas vacaciones que de una visita al museo o un paseo por el parque. Incluso, y dado que la jovencísima Tian no come, ni llora, ni habla, ni da la lata, suele llevarla con ella en los viajes de trabajo. «Creo que todo el mundo piensa que es humana por la forma en que la trato», le confiesa al fotógrafo que acaba de inmortalizarlas en el metro, una imagen que le ha valido a su autor un galardón en el concurso Zeiss Photographer Award.

La historia de Zibao sería poco más que una anécdota si no fuera porque en China el asunto trae cola. Las empresas que fabrican estas criaturas con aspiraciones humanas han crecido a un ritmo del 50% en los últimos cinco años y los psicólogos creen que detrás de esta tendencia late un gravísimo problema de relaciones. Desde luego, los humanos pueden traicionarse, pelearse y ser avariciosos; los de silicona nunca darán esos quebraderos de cabeza.

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