Las espectaculares rutas por Andalucía que son ejemplo a seguir: «Es la mejor apuesta del turismo sostenible»

Pionera. La Vía Verde de la Sierra de Cádiz (izquierda) fue la primera. Hoy, 123 rutas recorren el país./R. C.
Pionera. La Vía Verde de la Sierra de Cádiz (izquierda) fue la primera. Hoy, 123 rutas recorren el país. / R. C.

La red de Vías Verdes cumple sus bodas de plata. Son 123 rutas y 2.700 kilómetros abiertos

ANTONIO CORBILLÓN

Por la vía férrea Jerez-Almargen (Málaga) nunca transitó un tren. Fue un proyecto personal del dictador Miguel Primo de Rivera, que pretendía llevar el vino de Jerez, su patria natal, hacia el mar. Ahora, sus 36 kilómetros jalonados por 30 túneles, habilitados como recorrido turístico, reciben 300.000 visitas al año. Es la vía verde más antigua de España, un proyecto global que hoy celebra sus bodas de plata. «El arranque se vivió con estupor -recuerda la gerente de la Fundación Vía Verde de la Sierra, María Jiménez-. Por allí no había pasado nunca ni siquiera un tren. '¿Vía verde? ¿Y eso qué es?', se preguntaba la gente de la comarca».

El romanticismo del tren, esas vías recorridas por máquinas y vagones que traqueteaban cansinos, hace mucho que son historia. Incluso muchas líneas electrificadas han perecido. La Alta Velocidad ha tomado el relevo. Para la arqueología industrial y paisajística quedaron en España 7.600 kilómetros de vías muertas. Estaciones abandonadas, almacenes sin vida y esos miles de 'cremalleras' que cosieron trozos del país. Era una lástima perder un patrimonio así.

En junio de 1993, la Fundación Ferrocarriles Españoles (FFE) presentó en Gijón su Inventario de Líneas Ferroviarias en Desuso. En el espejo al que mirarse estaba todo el norte de Europa, también aquí dos 'estaciones' por delante. Los 'greenways' (caminos verdes) británicos, los 'chemin de fer' clásicos de franceses y belgas... En ningún otro sitio se podían encontrar tantos miles de kilómetros de posibles rutas ciclistas, peatonales o a caballo. Y, de paso, ofrecer una alternativa al monopolio del turismo de playa.

Un cuarto de siglo después, España ofrece 123 itinerarios y 2.700 kilómetros de vías recuperadas para el disfrute. Son 177 millones de inversión (la mitad desde el Gobierno central, el resto desde cada región) de una rentabilidad a largo plazo y que une lo económico con la protección ambiental. «Podían haber sido más pero en España no había cultura en esta materia», reconoce la jefa de Vías Verdes y Turismo Ferroviario de la FFE, Arantxa Hernández. Como el discurrir de aquellos trenes, ha sido un periplo lento pero sin descanso. «No se ha detenido ni durante la crisis, ni por escenarios políticos. Hemos logrado que sea transversal y apoyado por casi todos», insiste Hernández. Una red de amplísima oferta que cruza toda la península (salvo Canarias) y que vive un momento dulce. En el informe Impacto Económico del Cicloturismo en Europa, coordinado desde España, se destaca que el 42% de los viajeros europeos buscan este turismo de naturaleza y aventura. Un mercado global que mueve 260 millones de euros en el viejo continente.

Su aporte en economía local lo conocen bien esas primeras experiencias. La 'abuela' gaditana Vía Verde de la Sierra, que recorre municipios muy pequeños y aislados, mantiene «unos 40 empleos de forma directa y varias docenas más de forma indirecta. Muchas familias que emigraban a la costa ahora se quedan», destaca su gerente, María Jiménez.

El ejemplo de la Costa Brava

Estas cifras se multiplican en las Vías Verdes de Girona, que comparten antigüedad con los andaluces. El modesto 'carrillet' (vía estrecha) Girona-Olot espera unirse en el futuro con el Girona-Costa Brava. De esta forma se podrá descender desde el Alto Pirineo al Mediterráneo (135 kms) en bici. Es una línea modélica que supera los 1,5 millones de viajeros al año. Acuden de toda Europa para aprender las fórmulas de su consorcio de gestión.

Con expectativas así, los proyectos no paran. Este mes finalizan las obras para abrir por completo la ruta Estella-Vitoria. Es un año de efemérides en la zona. En diciembre se cumple medio siglo del cierre de la línea. Y también una década desde que se juntaron todos los organismos públicos implicados para aunar esfuerzos. «Sin un ente gestor, los proyectos para darles vida a estas líneas pierden fuerza», insiste Hernández.

Precisamente, hasta Girona se han desplazado sus incipientes gestores. «Fuimos allí para aprender a sacarle el máximo partido: cómo preparar servicios y áreas de descanso. Nuestro siguiente paso es la recuperación del máximo de infraestructuras», explica desde Tierra de Estella Desarrollo Rural (TEDER), Eva Ruiz, integrante del ente gestor global.

En todas estas líneas hay más de 100 viejas estaciones arregladas como centros de interpretación, pequeños restaurantes o chiquiparques. Escenarios como la coqueta estación de Lekunberri (Navarra), donde comienza la vía verde del tren de Plazaola (que unía San Sebastián con Pamplona) son desde hace más de una década, modelos de gestión ambiental y sostenible.

No todo son éxitos. Como los trenes de hoy, las vías verdes «van a distintas velocidades». El tren de la Sierra de la Demanda (Burgos) nunca funcionó. Pero al derrumbarse su trocha se abrió el mayor libro natural de la humanidad: los yacimientos de Atapuerca. Ahora ofrece 54 kilómetros que languidecen con problemas de deterioro y escasa gestión. «Somos seis pueblos con poquísima población y no tenemos fondos para mantenerlo y dinamizarlo», reconoce el presidente de la Mancomunidad de la Demanda y alcalde de Barbadillo de Herreros, Roberto Neila.

En el país de la despoblación y el abandono de amplias zonas, la red de vías verdes cubre el mapa como una tela de araña. No hay 'sorias' ni 'terueles'. El gran objetivo futuro es conectarlas con todos los parques naturales, caminos y cañadas o Camino de Santiago posibles. «Queremos ser el eje de una nueva forma de relacionarnos con la naturaleza», concluye Arantxa Hernández.

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