La concejal espadachín que es oro en esgrima

Su combate. Francisca sufre el síndrome postpolio, que va mermando su capacidad funcional y le ha obligado a dejar su cargo de edil en el Ayuntamiento malagueño./ F. B.
Su combate. Francisca sufre el síndrome postpolio, que va mermando su capacidad funcional y le ha obligado a dejar su cargo de edil en el Ayuntamiento malagueño. / F. B.

Francisca Bazalo, única medalla de oro española de esta disciplina en unos juegos paralímpicos, ha dirigido durante tres años el área de Accesibilidad en Málaga. «Rendirse no es una opción»

SUSANA ZAMORA

La mayor de once hermanos, Francisca Bazalo Gallego (Málaga, 1962) aprendió desde muy niña que si quería algo tenía que esforzarse el doble para conseguirlo. Sus padres nunca hicieron diferencias con ella, pese a sufrir con seis meses la polio, que le afectó a la movilidad de una pierna. No fue un obstáculo. Logró un hito para el deporte español y después se adentró en la política municipal para «devolverle a la sociedad parte de lo recibido». Ahora, su lucha es contra el síndrome postpolio, que va mermando poco a poco su capacidad funcional.

- ¿Recuerda la primera vez que cogió la espada?

- Perfectamente. Tenía 28 años cuando di la primera clase y supe que aquello era lo mío. La oportunidad llegó tras salir de una operación. No quería engordar y vi en un periódico local unos cursos de natación para discapacitados que organizaba la federación. Llamé y me ofrecieron la alternativa de la esgrima. En 1991, se estaba formando un equipo para nutrir a la selección nacional para los Juegos de Barcelona. Ocho meses después lograba el único oro que ha conseguido la esgrima española en unas Olimpiadas. Fue increíble.

- ¿Aquella medalla en esgrima adaptada le cambió la vida?

- Imagínese, estar en unos Juegos Olímpicos ya me parecía un sueño. Pasé de ser una simple aficionada a la esgrima a ser una deportista de prestigio, reconocida a nivel internacional. Sin embargo, aquella medalla me hizo ser más humilde y más consciente de la responsabilidad que tenía, porque representaba a todo un colectivo. Aunque los entrenamientos los seguía compaginando con mi trabajo en un estudio de publicidad en Madrid, tenía claro que quería vivir ese momento.

- ¿Se ha sentido alguna vez una deportista 'de segunda' por su condición de paralímpica?

- No. Nunca me he sentido diferente a los deportistas olímpicos; al contrario, ya quisieran ellos tener el valor de los paralímpicos de salir adelante sin recursos y con tantas dificultades como tenemos. No somos ni más, ni menos.

- ¿Qué le llevó a meterse en la política municipal?

- Fue casual. Durante años estuve dedicada a la gestión deportiva en la Fundación Andalucía Olímpica y nunca imaginé que el alcalde de Málaga, mi ciudad, pudiera llamarme para participar en su proyecto. Entendí que era una oportunidad de devolver a los ciudadanos una parte de lo que yo había recibido.

- ¿Cuánto de esgrima ha tenido que utilizar para sobrevivir en el mundo de la política?

- Jamás imaginé que la esgrima pudiera ser tan útil en la vida. En política, concretamente, he hecho más esgrima que nunca. Aprendes a respetar al contrario y a saber dónde está cada uno.

- ¿La concejalía le ha obligado a estar mucho en guardia?

- Más que en guardia, he tenido que estar atenta, porque tenía mucho que aprender.

Saber dar un paso al lado

- Hace dos meses tuvo que dejar su cargo al frente del área de Accesibilidad del Ayuntamiento malacitano para seguir adecuadamente el tratamiento. ¿Una retirada a tiempo es una victoria?

- Hay que ser honesto en la vida. Cuando entré en la Corporación avisé de mis limitaciones, pero esta retirada ha sido necesaria porque los médicos no me dieron opción. Era elegir entre estar y no estar y hay que saber cuándo dar un paso al lado. Pero rendirse no es una opción, nadie me reconocería si lo hiciera. Tengo la misma sensación que cuando volvía de un campeonato del mundo, reventada de tantos meses de 'guerra'. Han sido tres años intensísimos, pero ahora tengo que pelear cada día para recuperar esa parte de energía vital que no tengo.

- ¿La memoria de la gloria conquistada le ayuda a sobreponerse en las horas bajas?

- Creo que he dado el cien por cien en todo lo que he hecho. Y aquellos momentos los recuerdo siempre con felicidad, con cariño y mucha alegría.

- En Twitter se la conoce como 'la reina de espadas'. ¿Se siente poderosa en las redes sociales?

- Nunca he reparado en ello. El sobrenombre me lo puso hace unos años un fotógrafo belga cuando me pidió colaborar en un un calendario con varios campeones olímpicos . Junto a la foto que utilizó, me bautizó como 'la reina de espadas'. Creo que fue acertado, porque durante muchos años fui la número uno en el 'ranking' mundial de esgrima adaptada.

- Hace años nadie hablaba del 'coach' deportivo. Usted lo ha sido y ahora parece indispensable para lograr un título...

- En mi época no teníamos 'coach', pero es un figura primordial porque ayuda y acompaña al deportista a salvar los peores obstáculos, que son sus propios miedos.

- ¿Echa de menos su vida de deportista de alto nivel?

- No, eso ya es imposible de recuperar. Daría lo que fuese por tener salud, pero aquella vida ya forma parte del pasado. Hay otros muchos proyectos por venir.

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