Un escudo de algodón para la Tierra

Un escudo de algodón para la Tierra

Los científicos se afanan en enfriar el planeta de modo artificial. Los proyectos van desde blanquear las nubes a inyectar dióxido de azufre en la estratosfera

ANTONIO PANIAGUA

Dotar al cielo de una cubierta protectora, ya sea de nubes u otros elementos, no es un disparate de mentes alucinadas por la ciencia ficción. Puede ser la solución al cambio climático. Mientras sigan creciendo las emisiones de CO2 a la atmósfera, algunos científicos se preguntan si no habría que imitar a la naturaleza. ¿Por qué no ensombrecer el Sol para enfriar la Tierra? Investigadores de distintas universidades, inquietos por la lentitud de los políticos para ofrecer soluciones al calentamiento global, planean ofrecer respuestas sin más dilación. Una de ellas es la geoingeniería y pasa por crear un escudo de partículas que hagan rebotar las radiaciones solares hacia el espacio.

Hace 28 años, el volcán Pinatubo, en Filipinas, entró en erupción. En una formidable explosión, arrojó a la estratosfera más de cuatro kilómetros cúbicos de roca y ceniza, amén de veinte millones de toneladas de dióxido de azufre. El resultado de este pavoroso estallido se dejó notar en el clima, de manera que una parte del planeta quedó envuelta en una neblina de partículas de sulfatos que rebajó la temperatura en 0,5 grados. Durante 18 meses, la temperatura media de la Tierra volvió a ser la misma que poco antes de la Revolución Industrial.

Sobre el papel, la idea es asombrosamente sencilla. Bastaría con inyectar dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera para aumentar la refracción de las nubes. Y no harían falta grandes despliegues tecnológicos. Con aviones de pequeño tamaño se podrían insuflar en la estratosfera los agentes químicos expulsados por el volcán.

Si nada se tuerce, este año se desarrollarán los primeros experimentos diseñados específicamente para comprender cómo se podría enfriar artificialmente la Tierra por medio de técnicas de geoingeniería solar. Una de esas pruebas ha sido bautizada como Experimento de Perturbación Controlada Estratosférica (SCoPEx) y está patrocinada por la Universidad de Harvard.

Sin embargo, no todos están convencidos de las virtudes de SCoPEx. Pronto surgen las dudas de si el hombre no estará haciendo de aprendiz de brujo. En el fondo, late la preocupación de que el oscurecimiento del Sol acabe siendo un desaguisado que deje en la penumbra miles de cultivos y altere el régimen de precipitaciones. No son pocos quienes se preguntan si la comunidad científica sabrá controlar los cambios producidos en el clima. No en balde, se ha demostrado que el dióxido de azufre no es inocuo para la capa de ozono. Curiosamente, uno de los hombres más entusiasmados con el plan es un negacionista del cambio climático como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En una primera fase, el ensayo, que cuesta 2,6 millones de euros, consistirá en llevar a cabo dos vuelos de un globo dirigible que alcanzará una altura de veinte kilómetros sobre el sudoeste de EE UU. Cuando alcance su ubicación idónea, se liberarán cargas de carbonato cálcico, cada una de unos cien gramos. El carbonato cálcico es un mineral muy frecuente en la fabricación de cemento, dentífricos o antiácidos para apaciguar la indigestión. Una vez hecho esto, el globo desandaría el camino para observar cómo se dispersan las partículas.

Blanquear las nubes

Es una forma modesta de recubrir el planeta de una capa que la salvaguarde. Hay otras propuestas más audaces. Stephen Salter, profesor emérito de la Universidad de Edimburgo, lleva décadas proponiendo poner en marcha una flota de barcos que rocíen con espray de agua de mar las nubes sobre los océanos. Con ello se conseguiría aumentar el tamaño y blancura de la nubosidad, lo que su vez permitiría repeler los rayos del Sol. El resplandor de las nubes marinas podría enfriar el planeta en grado suficiente para compensar el calentamiento causado por el efecto invernadero. Con 300 embarcaciones, se podría reducir la temperatura global en 1,5 grados.

En el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC), se recalca que «la efectividad de estas técnicas no está probada a gran escala y algunas de ellas pueden comportar riesgos para el desarrollo sostenible». Lo cierto es que, de seguir el ritmo actual de emisiones, el planeta superará el peligroso umbral de aumento de los 1,5ºC entre los años 2030 y 2052.