La «epidemia» llega a España

Una joven prepara su dosis inyectable de fentanilo. /R. C.
Una joven prepara su dosis inyectable de fentanilo. / R. C.

Especialistas alertan de los riesgos del consumo de fentanilo, «el fármaco con mayor nivel de mortalidad»

I. OCHOA DE OLANO

Los opiáceos para el tratamiento del dolor han fabricado una generación de adictos en Estados Unidos a base de una prescripción masiva por parte del sistema de salud del país. Se estima que más de 20.000 personas han fallecido allí desde 1995 a causa del abuso de estos analgésicos narcóticos, en un dramático goteo que ha redoblado su caudal en los últimos años. Agotado ya el mercado al otro lado del Atlántico de los llamados 'painkillers', las farmacéuticas que los comercializan se concentran ahora en la conquista europea. El objetivo es extender esta epidemia lucrativa, silenciosa y letal.

Congresistas norteamericanos ya se lo advirtieron hace dieciocho meses a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de una misiva en la que le instaban a «hacer cuanto esté en su poder» para evitar que el fabricante de Oxycontin «ponga en marcha una epidemia de opioides a escala global». La carta acusaba a Purdue Pharma, el laboratorio que creó este opiáceo de enorme poder adictivo y que opera en España desde 2003 bajo la marca Mundipharma, de haber contribuido con sus «prácticas temerarias y engañosas» a poner en marcha la «crisis de salud pública» que azota al gigante norteamericano. «Por favor, aprendan de nuestra experiencia y no permitan que esa farmacéutica prosiga con el legado letal en la escena internacional» , rogaba.

Expertos nacionales han constatado que el desembarco en España se ha producido, y con consecuencias funestas. Hace apenas cuatro meses, durante los Cursos de Verano de la Universidad Católica de Valencia (UCV), el responsable de Inspección Farmacéutica de la Conselleria de Sanitat de la Generalitat Valenciana reconocía que el consumo en nuestro país de fentanilo -«el fármaco con mayor nivel de mortalidad de todos los existentes por los efectos secundarios o las sobredosis»- «nos puede hacer hablar, por sus dimensiones, de epidemia». «Estamos viendo una incidencia muy alta con respecto a las adicciones, sobredosis y muertes que provoca este medicamento», admitió Manuel Escolano Puig.

«Estamos viendo una incidencia alta a través de adicciones, sobredosis y fallecimientos»

La razón de su rápida expansión estriba, según el especialista, en un uso indebido de este analgésico narcótico, que desde 2011 cuenta con una nueva forma farmacéutica en las formas de liberación rápida. «El problema es que este opiáceo, que inicialmente estaba indicado para pacientes oncológicos, se está tratando de forma inadecuada -sostiene Escolano Puig-. El fentanilo puede estar bien empleado, siempre y cuando se observen las pautas correctas de uso. Pero, fuera de esas indicaciones, su mala utilización puede generar unas consecuencias nefastas para el paciente. Y es que resulta cuarenta veces más adictivo que la heroína».

Por ello, el experto farmacéutico aboga por que se alerte de los peligros de este compuesto desde los propios despachos médicos. «A diferencia de otro tipo de drogas, el fentanilo se obtiene fundamentalmente en el ámbito sanitario. Esto le confiere una peculiaridad muy importante, ya que puede convertirse en un nuevo canal para llegar a la adicción», razona.

Formar a los facultativos

Pero antes de que eso ocurra, Escolano juzga imprescindible «hacer un dimensionamiento epidemiológico suficiente en términos de adicción y mortalidad, que es lo que estamos intentando trabajar desde de la Conselleria de Sanitat». Mientras ese estudio se ejecuta, el alto funcionario llama a implementar medidas que intenten sofocar el avance en España de este opiáceo, como «la formación a facultativos, la puesta en marcha de protocolos de tratamiento del dolor crónico en los centros de atención primaria o la mejora de los sistemas de información». También resultaría eficaz «generar alertas y propiciar una mayor coordinación de los niveles asistenciales de los pacientes que requieren atención multidisciplinar». El camino está señalizado.

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