Los dos entierros del general golpista Sanjurjo

Los dos entierros del general golpista Sanjurjo

El militar golpista se queda en el cementerio de los Regulares de Melilla. La justicia de Navarra revoca la orden de un juez que ordenó su regreso al Mausoleo de Pamplona

ANTONIO CORBILLÓN

Fue el general de los dos golpes de Estado. Ochenta años después también se convirtió en el militar de los dos entierros. La azarosa historia, también 'postmortem', del general navarro José Sanjurjo (1872-1936) parece haberse calmado. Sus restos seguirán en el Pabellón de los Héroes Regulares del cementerio de Melilla y no volverán al Monumento a los Caídos de Pamplona, situado en pleno centro de la capital foral.

El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Navarra ha revocado la sentencia de un tribunal pamplonés que daba la razón a la hija y los nietos del general, que reclamaban su derecho a regresar al descanso eterno en su ciudad natal. La urna con sus escasos restos (falleció en el accidente del avión que le trasladaba desde Portugal el 20 de julio de 1936) permaneció en el túmulo de exaltación franquista en Navarra hasta la madrugada del 19 de noviembre de 2016. Había llegado allí en 1961.

Clausurada
Honores militares

Un decreto del Ayuntamiento de Pamplona, con el acuerdo tácito del Arzobispado local, había decidido clausurar la cripta y exhumar los cuerpos allí enterrados. Junto a Sanjurjo estaba Emilio Mola (con Francisco Franco formaron el 'tridente' que activó el golpe del 18 de julio), así como otros cinco 'mártires' menores de la 'cruzada nacional'.

Frente al derecho de restitución del primer fallo judicial, el TSJ lo enmienda y concluye que el Ayuntamiento es «el órgano competente y propietario del edificio» y recuerda el «consentimiento expreso del titular del usufructo» (el Arzobispado de Pamplona-Tudela). También aclara que la exhumación no vulnera la Ley de Memoria Histórica ya que el Mausoleo «no conserva en la actualidad ninguno de los elementos de exaltación que originariamente presentaba».

A los herederos de Sanjurjo les queda un recurso, pero ante el propio tribunal que les ha quitado la razón, con lo que tienen nulas opciones de que prospere. En su día, su hija Carlota Sanjurjo y sus nietos se opusieron a que movieran sus restos «asentados en la defensa de la reconciliación, el diálogo y el respeto» y para exigir que se mantuviera «el lugar sagrado que le fue asignado por el pueblo de Navarra», explicó su letrado y doctor en Humanidades y Ciencias Sociales, Enrique Garza Grau.

Tras recibir la sentencia el lunes, este letrado ha dejado entrever que la decisión de los magistrados está «contaminada» por la polémica sobre el futuro de los restos del general Franco. De hecho, Enrique Garza asesora al equipo jurídico de la Fundación Francisco Franco.

Aunque hay una gran diferencia: mientras el Valle de los Caídos todavía es lugar de peregrinación, solo los vecinos de Pamplona de cierta edad han tenido opción de visitar el Mausoleo local, que la autoridad eclesiástica donó hace años al Ayuntamiento y que fue reconvertido en sala de exposiciones después de cubrir y cerrar (que no eliminar) a cal y canto la simbología y el acceso a los túmulos.

Misas de exaltación

Un acceso solo abierto a la Hermandad de los Caballeros Voluntarios de la Cruz, asociación católica que el 18 de cada mes realiza una misa en honor a los caídos del bando franquista. Esta organización, surgida tras el fin de la contienda, nació porque «el espíritu de Cruzada corría peligro, desaparecidas sus causas generatrices».

En 2016 'blanquearon' sus estatutos con una renovación e hicieron público un comunicado en el que defendían que «nuestra Hermandad no hace homenajes a ningún régimen y en la cripta se celebra el culto puramente religioso, rezando por los muertos habidos en aquella contienda».

Hace un mes quedó visto para sentencia un juicio contra los documentalistas Clemente Bernard y Carolina Martínez, que introdujeron una cámara y un micrófono para grabar estas liturgias para su película 'A sus muertos'. La fiscalía de Pamplona les pide dos años de prisión por revelación de secretos. La acusación particular reclama el doble de pena.

Todo esto le es ajeno a Sanjurjo. Sus restos descansan a mil kilómetros y un 'brazo' de mar de distancia. El 23 de marzo de 2017 un helicóptero del Ejército trasladó su urna hasta el Pabellón de Héroes Regulares de Melilla. Fue una ceremonia discreta, casi secreta, pero a la que asistieron militares de alta graduación y el presidente de la ciudad autónoma y senador del PP, Juan José Imbroda. Ese secretismo lo rompió meses después el boletín del tradicionalismo católico navarro 'Siempre p'alante'.

El periodista y experto militar melillense Enrique Delgado contrastó los datos en el camposanto. «Está en un discreto panteón, en la parte más baja del pabellón», explica. La última peripecia judicial ha pasado tan desapercibida como el día que trajeron sus cenizas. Pero también aquí, la memoria de Sanjurjo recibe los mismos homenajes anuales que los Regulares dedican a sus muertos. Fue un destino importante en la vida del militar navarro, considerado el salvador de Melilla tas el desastre de Annual de 1921. Un barrio de la ciudad aún lleva su nombre.

Delgado cree que la última sentencia debería cerrar el caso. «Está bien así porque deja las cosas en su sitio. Devolverlo a Navarra solo crearía problemas. En el fondo es lo que buscaba su hija», concluye el periodista, que valora la discreción de la familia Mola. «Se llevaron el féretro sin polemizar. Y punto».