La mujer que ha roto el tabú: «Hay que contar los abortos, no son 'cosas de mujeres'»

Paula Bonet, en la presentación de su último libro. A la izquierda, dos de sus ilustraciones. /PABLO MARTINEZ / EFE
Paula Bonet, en la presentación de su último libro. A la izquierda, dos de sus ilustraciones. / PABLO MARTINEZ / EFE

En 'Cuerpo de embarazada sin embrión', la ilustradora Paula Bonet habla del dolor por sus dos abortos

ISABEL IBÁÑEZ

En enero se sacó un 'selfie' donde se le notaba una incipiente barriga y lo compartió en Twitter. Hubo quien la felicitó, sin haber llegado a leer el texto que lo acompañaba: 'Autorretrato en ascensor con embrión con corazón parado'. Era la segunda vez que la ilustradora Paula Bonet (Villareal, Castellón, 1980) sufría un aborto espontáneo y decidió compartir esta información que tantas veces se esconde. La mayoría se dio cuenta de que aquello no iba de felicidad maternal sino de duelo que no se alcanza a explicar con palabras, y la respuesta llegó en forma de avalancha, mensajes encabezados por eso de 'A mí también me ha pasado', una especie de MeToo que se concreta en el libro que presenta por toda España.

«No tengo una cifra, pero está siendo un aluvión de correos electrónicos, de mensajes por las redes sociales. Mujeres y también hombres que agradecen que haya compartido mi experiencia porque les ha ayudado a reconciliarse con lo que también vivieron». 'Cuerpo de embarazada sin embrión' es un diario personal de estos dos episodios vitales de Bonet, acompañado de un desplegable con ilustraciones titulado 'Roedores', dibujos de animalillos que la artista imaginó dedicados a esa hija que aún no ha llegado y a la que llamaba 'ratona', y que por razones obvias le salieron más oscuros de lo esperado. «Muchas mujeres sufren abortos espontáneos con dolores terribles, algunas pierden muchísima sangre. Yo no tuve dolores ni hemorragias. Mi ratoncita estaba allí quieta, como una osa silenciosa en hibernación», dice en el libro. Y en la página siguiente, solo esta frase: «Tuvieron que sacármela».

La ausencia de detalles y los vacíos reflejan la crudeza de un dolor que tantas mujeres callan -«No tiene ni puta idea de que la huérfana de hija soy yo»-, escribe. El miedo a la pérdida primero, la mirada temerosa al retrete cada vez que se ha orinado, el caminar pausado para evitar un daño que no se puede evitar -«El estado de alerta era aterrador»-... Y cuando se ha perdido ya: «Ha pasado más de año y medio y sigo echándola de menos». «La obsesión de volver a quedarme preñada me inmoviliza». Cualquiera que haya pasado por ello podría firmar estas frases.

«Tengo un aluvión de mensajes dándome las gracias por contarlo»

Bonet temía esta promoción porque, a diferencia de las anteriores, aquí no había teoría ni bibliografía previa, pero la experiencia está siendo satisfactoria: «Estoy contenta, pensé que iba a ser doloroso, y lo es, pero no tanto porque lo estoy viviendo como un compromiso con mi género. Nos estamos dando cuenta de que estas no son solo cosas de mujeres que hay que callar. No hay mucha literatura sobre el tema, pero cuando supe que Mary Shelley había escrito 'Frankenstein' después de cuatro abortos y de haber perdido a su madre, y que luego tuvo un hijo que murió al poco tiempo, tienes conciencia de lo que trata en realidad, de la pérdida, del abandono. El contexto explica esta historia que se cuenta desde el punto de vista masculino».

Carteles robados

Lejos queda la Bonet que pintaba chicas guapas y cuyos carteles eran arrancados de las marquesinas. «Solo las hice durante tres años y conecté con un público, pero al final mi trabajo se redujo a aquello, así que les tengo amor y odio. Me dieron altavoz y bofetón. Me trataban con paternalismo -cómo me hablaban los moderadores en los debates, incluso se permitían tocarme- y me di cuenta de que no era nada personal, sino por ser mujer». Hubo algo que le afectó mucho, una entrevista que titularon 'Todos quieren el conejo blanco de Paula Bonet' (por los carteles robados). «Pedí que eliminaran ese doble sentido, pero salió tal cual. Sufrí muchísimo. Con tiempo me pidieron perdón y el titular cambió en la versión digital».

Buscó referentes femeninos, se empapó de feminismo. Sus mujeres son más sobrias, como en su libro 'La sed' (2016), sobre desamor, soledad, libertad... Haber sufrido dos abortos la ha colocado, dice, en una situación «más interesante». «Ahora sé que el deseo de ser madre depende del contexto, que maternidad y femineidad no son lo mismo, que con 2 años te colocan una muñeca en los brazos y que te preguntan cuándo vas a ser madre en vez de si quieres. Ahora tengo respuestas que no tenía. Llevamos mucho tiempo calladas, se nos ha dirigido, educado con miedos. Te violan y tienes la culpa. Pero están pasando cosas, las mujeres estamos dialogando entre nosotras, hay una sororidad que al fin es real».

La gente ha compartido con ella testimonios impactantes, madres que tuvieron que parir a su hijo muerto o una embarazada que en el tercer trimestre estaba experimentando un rechazo a su niño. «Me dijo que al leerme se había reconciliado con él».

 

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