El decálogo que los padres deben seguir para la vuelta al 'cole', según una psicóloga

El decálogo que los padres deben seguir para la vuelta al 'cole', según una psicóloga

Una aclimatación previa a los hábitos de la rutina y la empatía paternal son fundamentales para que el regreso no sea tan difícil

J. I. C.

El mes de septiembre se encuentra cada día más próximo y con él la vuelta al colegio, tan temida y deseada a partes iguales por niños y padres. Se ignoran, sin embargo, determinadas pautas que pueden ayudar a que este regreso a la rutina no sea tan complicado para los pequeños. La psicóloga cognitiva Laura Colomar ha elaborado para IDEAL un decálogo de recomendaciones que los padres deberían tener en cuenta con sus hijos en estas semanas previas al inicio del curso escolar.

1.

Cambios en la rutina

«Durante las vacaciones, aunque depende de cada familia, suelen variar los horarios de sueño y comidas de los niños, incluso sus compañías y planes. Esto puede afectar a los niños, mucho más que a los adultos debido a que su mundo tiende a ser más caótico. Para ellos, volver a la rutina puede suponer una razón de estrés. Unirlo con la vuelta a clase puede ser un error al juntar dos fuentes de ansiedad potencialmente fuertes. Por ello lo recomendable es adelantar dos semanas el periodo de adaptación con cambios graduales, por ejemplo a la hora de acostarse para volver a la rutina».

2.

Recuperación del hábito de trabajar o repasar

«También en cuanto al trabajo se debe retomar una rutina, aunque depende del niño ya que algunos sí que mantienen ciertos hábitos durante el verano. En caso contrario, lo conveniente sería recuperar el hábito un par de semanas antes del inicio del curso, según la edad. Podría ser un buen momento para fijar el horario, el lugar y las condiciones que el niño va a tener durante el curso en cuanto al trabajo en casa para que siempre sean los mismos, por ejemplo después de merendar, en la habitación y a solas. Así se crea el hábito y se refrescan conceptos de cara al curso».

3.

Explicar y anticipar la vuelta al colegio

«Esto es importante sobre todo en niños pequeños, por debajo de los seis años. Se les olvida que tienen que regresar al colegio y hacerlo les puede generar ansiedad y desorientación. Por eso habría que ir explicándoles poco a poco lo que solían hacer cuando iban al colegio, familiarizarlo con lo que se va a volver a encontrar en ese ambiente para que sientan que tienen información sobre lo que va a ocurrir y que dominan la situación. Tampoco hay que excederse con la información a procesar porque puede generar agobio. Es importante que sepan a qué hora se les recogerá y en clase convivirán con amigos, para tranquilizarlos».

4.

Mostrar que otros miembros de la familia también recuperan la rutina

«Los niños aprenden por aprendizaje vicario, es decir, por la observación de otras personas de su entorno como los padres o los hermanos. Está bien que vean cómo otros miembros de la familia asumen sus responsabilidades y vuelven a la rutina. Así pueden comprender que no puede vivir en un verano perpetuo».

5.

Reforzar los aspectos positivos del retorno

«Es importante trabajar en el niño, con naturalidad, que no todo en el colegio puede ser malo. Se le deben enviar mensajes positivos ya que el niño puede sentir ansiedad y nervios por el mero hecho de volver a clase. Para ello, se pueden evocar momentos divertidos como actividades con amigos o excursiones».

6.

No usar nunca el colegio ni los deberes como castigo

«Esto no hay que hacerlo bajo ningún concepto, es bastante evidente. No hay que contemplar lo educativo como un castigo por un mal comportamiento o como una amenaza. El estímulo de la educación no debe asociarse nunca con algo negativo. Hay que hacerle ver lo bueno del colegio, incluso hacerle sentir en una situación privilegiada que queremos compartir con ellos y hacerlo algo agradable, como un regalo».

7.

Aprovechar para trabajar la gestión emocional

«Sobre todo los niños más pequeños suelen tener muchas rabietas. Esta etapa es especialmente buena para, en lugar de reñirles o castigarles, esperar a que se calmen y explicarles a qué se puede deber esa irritación y empatizar con ellos. Tranquilizarlos y enseñarles a etiquetar las emociones en 'nervios', 'enfado' o 'preocupación' para que puedan comprenderlas, ya que a veces pueden expresar su miedo mediante gritos, llantos o incluso escondiéndose. Este aprendizaje de las emociones conlleva toda una vida. Podemos convencerlos en esta etapa más caótica, de un modo dulce, de que en ese momento de rabieta lo que realmente necesitan es un abrazo, un paseo o jugar, para ayudarles a comprender la emoción. Debemos darles el espacio para que comprendan cómo se sienten».

8.

Ser pacientes y comprensivos

«Aunque no es fácil, los padres necesitan armarse de paciencia a la hora de tratar con sus hijos y esforzarse por ser comprensivos. Si a los adultos nos puede costar seguir ciertas rutinas, en los niños esto se multiplica. Agobiarse o ponerse a la defensiva con los niños no es un buen camino. De ahí que una buena herramienta pueda ser la anticipación de los acontecimientos en los hábitos, por ejemplo, asociando una posición de las agujas del reloj con el momento de la ducha, para que ellos estén ya prevenidos».

9.

Fobia escolar

«Dentro de lo general de este tipo de pautas y de que cada niño es un mundo, los padres tienen que saber diferenciar cuándo algo es realmente patológico. Existe un diagnóstico de fobia escolar bajo un criterio temporal de ciertos meses durante los que se deben presentar estos síntomas. Si ya se ha observado en ocasiones previas, como en el curso escolar anterior, se debe atender. Un caso diagnosticado se traduce en un miedo y una ansiedad de mucha intensidad, una evitación y resistencia fuera de lo normal, desproporcionadas y mantenidas en el tiempo. Si estos síntomas se alargan en el tiempo o son demasiado intensos, suponen una señal de alarma. Ante la duda, lo mejor es consultar al orientador del centro y él derivará al especialista más adecuado».

10.

Necesidades educativas especiales o bullying

«Si el niño ha sufrido algún episodio de bullying en el pasado u observamos que no termina de encontrarse cómodo en su centro, así como si tiene necesidades educativas especiales como un trastorno de hiperactividad, autismo o dislexia, lo más recomendable es hablar con el tutor y con el psicopedagogo para seguir una estrategia especial según el caso».

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