El misterioso origen de las tormentas oscuras que presenta Neptuno

El misterioso origen de las tormentas oscuras que presenta Neptuno
HUBBLE

El Telescopio Espacial Hubble revela en su último parte el descubrimiento de un nuevo vórtice oscuro en su atmósfera

JOSÉ I. CEJUDO

El Telescopio Espacial Hubble, ocupado desde 1990 de la observación anual de las atmósferas de Neptuno y Urano, ha revelado en su último parte un nuevo vórtice oscuro en la atmósfera del primero. Se trata del cuarto episodio detectado desde 1993, un fenómeno que también se ha catalogado como 'tormenta oscura' y cuyo origen todavía desconocen los científicos pese a tratarse de algo ya relativamente común en el planeta. Esta última información también detalla las brillantes y enormes nubes que cubren todo el casquete norte de Urano.

El divulgador astronómico Tomás Ruiz Lara concreta a IDEAL que «imágenes como las capturadas recientemente por Hubble permiten pensar que se trata de zonas de material ascendente de las capas más internas que, al llegar a las capas más altas, se congela formando los cristales de metano congelado en forma de nubes blancas al lado de la zona oscura». Alcanzan un diámetro de unos 11.000 kilómetros. Con respecto a las nubes de Urano, el investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias explica cómo «los científicos creen que la presencia del casquete blanco en el hemisferio norte del planeta se debe a que en verano, que es la época en la que se encuentra ese hemisferio de Urano ahora mismo, la radiación solar incide directamente sobre la zona provocando vientos que favorecen la formación del fenómeno».

Tanto Neptuno como Urano comparten la curiosidad de ser los dos únicos planetas del Sistema Solar descubiertos por el ser humano, ya que Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, sin contar la Tierra, carecen de 'fecha de descubrimiento' al haber sido conocidos desde la antigüedad al ser fácilmente observables a simple vista. Neptuno y Urano, por el contrario, son los planetas más externos al Sistema Solar a 4.500 y 3.000 millones de kilómetros de distancia del Sol, en órbita a su alrededor. «Ambos son gigantes gaseosos que albergan en sus centros núcleos rocosos de los que sólo podemos obtener información por medio de modelos numéricos», añade Tomás Ruiz Lara.

La investigación respecto a ambos planetas encuentra mayor accesibilidad respecto a sus atmósferas. «Diversos estudios desde la Tierra y también desde el espacio señalan que sus atmósferas son ricas en hidrógeno, helio y metano, y que poseen amoniaco y agua en forma de hielo», aporta el investigador y divulgador, quien añade que «sólo la sonda Voyager 2 de la NASA los ha estudiado desde la cercanía en 1986 (Urano) y 1989 (Neptuno)». Tomás Ruiz Lara califica la atmósfera de ambos gigantes gaseosos, al igual que la de la Tierra, como una «estructura viva sometida a las leyes de la física y, por tanto, propensa a tormentas, vientos y variaciones estacionales».

«Aunque desde la Tierra y con pequeños telescopios podemos distinguir el marcado color azulado de ambos planetas, un estudio pormenorizado de la climatología de estos planetas requiere los mayores telescopios», remarca el investigador del IAC. «De ahí que nuestro presentador del tiempo particular en lo que a Urano y Neptuno respecta sea el Telescopio Espacial Hubble, que observa anualmente el estado de sus atmósferas desde 1990», concluye Tomás Ruiz Lara. «Mientras que en la Tierra las estaciones, y por lo tanto los cambios a largo plazo en la meteorología, duran del orden de meses, en los gigantes gaseosos, enormes y alejados del Sol las 'estaciones' duran décadas», puntualiza.