Las mutaciones en el ADN mitocondrial condicionan el envejecimiento

Doble cadena helicoidal de ADN./
Doble cadena helicoidal de ADN.

Un grupo de investigadores demuestra que las diferencias no patológicas en las mitocondrias inciden en el ritmo del declive

ANTONIO PANIAGUAMadrid

La manera como el ser humano envejece puede estar determinada mucho antes de que comience tal proceso y surjan las primeras señales de deterioro. Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), en colaboración con las Universidades de Zaragoza y Santiago de Compostela, así como el Medical Research Council de Reino Unido, han demostrado cómo la combinación e interacción de los dos genomas, nuclear y mitocondrial, originan una adaptación celular que tendrá repercusiones a lo largo de toda nuestra vida y que determinará la calidad del envejecimiento.

El estudio, dirigido por José Antonio Enríquez, permite comprender las diferencias fisiológicas entre individuos y amplía los horizontes en el estudio de enfermedades comunes relacionadas con el proceso del envejecimiento, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o el cáncer. Además el trabajo, publicado en 'Nature', aporta valiosa información para entender cómo se deben aplicar las técnicas de reemplazamiento mitocondrial, una aproximación terapéutica destinada a evitar la transmisión de mutaciones patológicas a la descendencia, popularmente conocida como 'hijos de tres padres genéticos', y que ya ha sido aprobada en Reino Unido. Esta técnica consiste en una suerte de trasplante de órganos a escala microscópica. Las células están formadas por el núcleo y el citoplasma. El primero contiene el ADN. Y en el citoplasma se encuentran los pequeños órganos u orgánulos que contienen las instrucciones del ADN. Uno de ellos son las mitocondrias, que transforman el alimento en energía para la célula y son portadoras de una pequeña porción de ADN extranuclear importante para el desarrollo de esa labor.

El procedimiento terapéutico combina el ADN de los dos progenitores con la mitocondria sana de una mujer donante. De ahí el nombre popular de los 'tres padres'. De los más de 20.000 genes humanos, unos 37 no se hallan en el núcleo de las células, sino en las mitocondrias, unos pequeños órganos extranucleares (orgánulos, en la jerga científica) que desempeñan el papel de factorías energéticas. Las mitocondrias provienen de antiguas bacterias, y sus genes son una reminiscencia de su origen bacteriano, un lejano pero fundamental vestigio de su existencia. Este pequeño genoma, que heredamos de nuestras madres, es lo que conocemos como ADN mitocondrial. Al igual que su equivalente nuclear, el genoma mitocondrial presenta una variabilidad genética normal en las poblaciones, tanto de ratones como de humanos.

Lo que ahora han demostrado los investigadores del CNIC es que algunas variantes no patológicas del ADN mitocondrial tienen una incidencia en el metabolismo y calidad del envejecimiento de los individuos. El estudio desvela cómo la «variación genética poblacional de sólo unos pocos genes puede repercutir en la calidad con la que envejecemos». Ello supone un gran avance para entender mejor el proceso de envejecimiento al descubrir que las «diferencias no patológicas en la función mitocondrial tienen repercusiones directas en el ritmo de envejecimiento de un individuo», señala Enríquez. La combinación de los dos genomas desencadena una adaptación celular que tendrá repercusiones durante nuestra vida. Las pruebas sobre ratones han demostrado que el cambio de ADN mitocondrial provoca una serie de mecanismos adaptativos que favorecieron el envejecimiento saludable. Latorre-Pellicer ha afirmado que el objetivo es buscar la forma de envejecer evitando patologias.