Estudiantes que pelan el marisco para que los comensales no se manchen y sigan usando el móvil

Una estudiante pela cangrejos para un cliente atento al móvil en uno de los vídeos de promoción del restaurante./
Una estudiante pela cangrejos para un cliente atento al móvil en uno de los vídeos de promoción del restaurante.

Un restaurante en Shanghái contrata a varias personas para que pelen el marisco de los comensales, que se pueden dedicar así a otros menesteres y disfrutar del placer de degustarlo sin ponerse perdidos

ZIGOR ALDAMA

Hay pocos manjares más suculentos que el marisco. Pero también hay pocos incordios mayores que tener que pelarlo. Esas pinzas de cangrejo que saltan por los aires cuando se cascan y cuya carne los menos habilidosos tienen que degustar en pequeños trozos; esas cigalas que cortan la piel al pelarlas; o esas gambas que lanzan un chorro de líquido pringoso para vengarse de quien les arranca la cabeza. Los crustáceos son una delicia, sí, pero una delicia que hay que ganársela a pulso. Y, además, cuando uno lo pela no puede utilizar el móvil.

Por eso, el restaurante de Shanghái Beer One ha encontrado una solución que sorprende por lo obvia: contratar a varias personas para que pelen el marisco de los comensales, que se pueden dedicar así a otros menesteres y disfrutar del placer de degustarlo sin ponerse perdidos. «Hemos visto que muchos de nuestros clientes, sobre todo hombres que vienen en grupo, quieren jugar con el móvil mientras comen. Y que las mujeres se preocupan de que pelar el marisco, especialmente los cangrejos de río aquí tan populares, no les destroce la manicura -explica Huang Meng, responsable del local-. Así que decidimos que esta era una buena fórmula para agradar a la clientela».

Eso sí, los peladores profesionales, que en su mayoría son mujeres estudiantes, no salen baratos. Hay que añadir un extra del 15% a la factura final para disfrutar de sus servicios, y Meng asegura que todo el dinero va a parar a sus bolsillos. No es un mal sueldo, reconoce He Nanxin, una universitaria de Shanghái, en una entrevista con Pear Video: «La mayoría de quienes pagan por el servicio son hombres. Si trabajas duro y vienes todos los días -de seis a once de la noche-, puedes ingresar una cifra de cinco números». Eso supone que el salario supera los 10.000 yuanes (1.300 euros), un importe más generoso que el ofrecido en muchos de los trabajos de la capital económica de China, donde el salario mínimo es de 2.400 yuanes y el medio, de 9.802.

«Estoy tan concentrada que apenas puedo hablar con el cliente», dice una peladora

He pela más de cien cangrejos al día. Eso vienen a ser unos seis kilos. «No hace falta conocer ninguna técnica especial, pero al final del día me duelen los dedos», admite. No considera que su trabajo sea denigrante. «Al menos, no más que el de una camarera. Estoy tan concentrada que apenas puedo hablar con el comensal. Me pagan por lo que hago, el trabajo no interfiere en mis estudios y, además, tengo la oportunidad de conocer a todo tipo de gente», añade la joven, que describe como «significativo» su modo de ganarse la vida.

Claro que, dada la predominancia de los comensales varones y que He es una chica atractiva, es fácil pensar que la actividad de pelar cangrejos puede esconder algo más turbio. De hecho, en internet muchos opinan que «los clientes solo contratan el servicio por las chicas». Pero Meng lo niega. «No solo contratamos a chicas guapas», dice. Y enseguida desvía la atención a otros temas. «Todos nuestros peladores tienen que pasar un control médico para certificar que están sanos. Y tienen que desempeñar su trabajo con guantes», explica el hostelero.

Clase media

«No puedo creer que la gente sea tan vaga como para necesitar que alguien les pele los cangrejos, pero habrá que alegrarse de que se creen nuevos puestos de trabajo y profesiones que antes no existían», comentó, irónico, un usuario de Weibo, el Twitter chino. Teniendo en cuenta que el país consume cada año unas 880.000 toneladas del cangrejo rojo 'xiaolongxia', es un empleo con potencial. Y parece que el apetito continuará aumentando, porque el Ministerio de Agricultura estima que en los próximos años el volumen de negocio de este crustáceo originario de América que hace las delicias de la población local alcanzará los 14.700 millones de yuanes: nada menos que 1.900 millones de euros.

Como apuntaron varios internautas en los comentarios a la noticia publicada en el diario local 'The Paper', lo sorprendente no es solo que se contrate a gente para pelar marisco, sino que se haga en un establecimiento para clase media. «A nadie le resultaría extraño en un restaurante con estrellas Michelin, pero parece que el lujo se va extendiendo a otras capas de la población», comentaba uno de ellos.

Sin duda, es un buen ejemplo de cómo crece el poder adquisitivo en China. Pero también refleja la dependencia imparable del móvil. De hecho, cada vez es más habitual encontrarse en bares y restaurantes con parejas que no apartan la mirada de la pantalla y apenas se dirigen la palabra, e incluso grupos de amigos que quedan para jugar con el terminal. «A mí no me parece que el trabajo que hacen los peladores tenga nada criticable. Lo que me apena es que exista para que los clientes puedan seguir con sus videojuegos», concluye otro lector.

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