La cara oculta del surf

La cara oculta del surf

Trent Mitchell se sumerge cuando la ola alcanza al surfista y capta fantasmagóricas fotos, alejadas de la playa y el sol

ISABEL IBÁÑEZ

Qué pasa bajo el agua cuando la ola alcanza al surfista y lo sumerge, revolcándolo, poniéndolo del revés, al límite de su capacidad, hasta que tras un milenio llega la ansiada bocanada de aire? Los recalentados bañistas observan las evoluciones de estos hombres con sus tablas, tomándose un trago en la arena, en medio del jolgorio de niños y vendedores de barquillos, con música de los Barracudas, en el mejor de los casos, sonando en algún chiringuito... Pero otro mundo está ahí cerca, a unos metros, bajo la superficie brillante y el bienestar que produce la brisa marina. Uno de los mayores miedos del surfista novato es sufrir uno de estos revolcones y tener que esperar esa eternidad, confiando en regresar a la arena de confort. Aguardando asustado a que la 'lavadora' le permita salir (se le llama así porque te sientes como un trapo en el centrifugado). Y se imagina una al pobre en inmersión con caras como las que capta el fotógrafo australiano Trent Mitchell, que utiliza el blanco y negro para añadir una atmósfera siniestra donde no hay atmósfera.

En el foro todosurf.com, los aficionados intercambian información... «Tengo una duda que me lleva tiempo comiendo el coco: con una ola de 1,5 la 'lavadora' se me hace interminable... ¿Cuánto duran las de una Maverick o Teahupoo?», pregunta un forero asustado citando alguna de las grandes. «Las de Teahupoo poco, unos 10 o 20 segundos como máximo. Las de Maverick, 30 segundos fácilmente y te llevan a 18 metros de profundidad. ¡Las de Jaws hasta un minuto y son una odisea bestial! Todas ellas con chalecos salvavidas», responde otro. Un tercero añade: «Sin duda nuestra capacidad de percibir el espacio tiempo en la 'lavadora' se ve distorsionada, la falta de aire nos hace entrar en un estado de pánico que no hace más que aumentar nuestras ganas por salir del barullo...».

Con todo esto, gusta ver las fotos de Mitchell, alejadas de mechas, bañadores de marca y todos esos prejuicios con los que cargan estos deportistas frente a los que poco saben de su particular universo. Y el resultado es... siniestro, como si Marilyn Manson se diera un baño en el océano al atardecer. Porque de forma simbólica reflejan ese momento de indefensión y temor del hombre ante el mar.

Así lo explica su autor: «Esta serie de retratos celebra el espíritu humano a través de los movimientos del mar en un espacio desconocido y olvidado. Me sentí intrigado y quise investigar la interconexión con la naturaleza a través de la forma más pura de montar una ola, el arte primitivo del bodysurfing. ¿Cómo se siente uno fluyendo a la velocidad perfecta, inmerso en la fluidez del mar? ¿Qué se revela cuando tu espíritu se expande en el espacio que lo rodea?». Para captar su serie 'Inner Atlas' (atlas interno), Mitchell espera a que la ola llegue y el surfista se sumerja; toma aire y le sigue en su líquido viaje. Tampoco es necesario que la masa de agua sea de proporciones desmesuradas ni que el protagonista pase por un mal trago que él también sufriría.

Se miden por el miedo

Pero esto es diversión, caramba. Para los que se han asustado, aquí va el consejo de Daniel Enrique Lorenzo, experto universitario en entrenamiento respiratorio para el rendimiento deportivo y con 20 años practicando 'bodyboard': «Relájate y disfruta. Estamos más seguros de lo que creemos. Si te caes de la ola, no te resistas a su poder intentando nadar hacia arriba enseguida, porque perderás energía y oxígeno luchando en vano. Déjate revolcar por las turbulencias lo más relajado mentalmente posible, en una posición fetal para evitar lesiones articulares, y protege tu cabeza con los brazos. En cuanto pase lo peor, abre los ojos para saber dónde está la superficie, ya que no tendrás ni idea de dónde es abajo y arriba después de tanto meneo. No pierdas energía dando patadas, es luchar contra un titán. Ni tus piernas ni tus brazos se están apoyando en agua 'normal', sino llena de aire, burbujas y turbulencias que no ofrecen apoyo eficaz. Cuanto más sientas que necesitas aire, más lento tienes que ir». Vamos, que como dijo Buzzy Trent, pionero del surf de olas gigantes, éstas «no se miden en metros ni en pies, sino en el miedo que provocan».

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