El problema de Gibraltar: un 'Brexit' mal hecho sería devastador en los dos lados

Gibraltar. Un mono del Peñón, todo un símbolo para los llanitos, como se conoce a sus habitantes./ VIRGINIA CARRASCO
Gibraltar. Un mono del Peñón, todo un símbolo para los llanitos, como se conoce a sus habitantes. / VIRGINIA CARRASCO

El Peñón es uno de los últimos vestigios del Imperio Británico. Su prosperidad es fruto de una parca fiscalidad, el juego 'online' y las finanzasLos gibraltareños están embargados por la incertidumbre. Temen que empeore su vida cuando acabe la transición al 'Brexit'. Se sienten británicos, aunque la colonia es una tierra de aluvión

ANTONIO PANIAGUA

En uno de los últimos vestigios del Imperio Británico ondean pocas banderas de la Union Jack. Gibraltar es inmune por ahora al contagio y no necesita exhibir su patriotismo entelando sus balcones con la enseña del Reino Unido. Y eso que los nativos abominan de las invocaciones sobre la españolidad del Peñón. Ellos se sienten hijos del Reino Unido, país al que pertenecen desde hace tres siglos. Eso sí, proclaman su identidad a su manera. Por medio de autobuses rojos de dos pisos, cabinas telefónicas, papeleras negras, rótulos en inglés, y retratos de Isabel II reafirman el más puro sentimiento 'british'. Y por si había alguna duda los llanitos lo proclaman en sus 'souvenirs'. Una taza presente en muchas tiendas de recuerdos lo lleva impreso: 'I'd rather be british' (Prefiero ser británico).

Pese a estar dotados de su propia Constitución y Parlamento, lo que hace de la ciudad un enclave con un alto grado de soberanía, los gibraltareños adoran las reminiscencias imperiales de corte militar. Donde pueden, plantan unos cañones. Los hay a la entrada del gobierno de Gibraltar pero también en lo alto del Peñón, donde campan a sus anchas los macacos. Es conveniente guardar la distancia con los monos: son agresivos y no dudan en asaltar al turista si huelen algo de comida.

Pese a su devoción anglosajona, la Roca es una tierra de aluvión. Durante la II Guerra Mundial aquí se asentaron malteses, genoveses, portugueses, corsos, menorquines, marselleses, chipriotas, griegos, indios, marroquíes y judíos de la Berbería, entre otros. Todas estas nacionalidades hacen de Gibraltar un alambique en el que se destilan razas y culturas diversas. Aún hoy la presencia de extranjeros es notable. De los 14.000 trabajadores transfronterizos 8.700 de ellos son españoles. El reciente acuerdo entre la UE y Gran Bretaña sobre el 'Brexit' pende, sin embargo, como una amenaza sobre los muchos currantes que cada día cruzan la Verja camino del laburo. Ahora la mano de obra llega de los municipios del Campo de Gibraltar, pero también de Rumanía, Portugal y China.

De los 14.000 trabajadores transfronterizos, 8.700 son españoles Un régimen fiscal muy benévolo funciona como un imán para atraer dinero El contrabando de tabaco, que cuesta la mitad que en España, es una formidable vía de ingresos

Cuidadores, cocineros...

Muchos vecinos de los pueblos limítrofes gaditanos están contratados en la construcción, cuidan a ancianos, ejercen de camareros y cocineros y limpian las calles y viviendas de un lugar donde se desconoce el significado de la palabra 'desempleo'. Salvador Fernández es pintor y está trabajando en la colonia desde hace dos meses. Vive en La Línea de la Concepción, pero salió huyendo de Algeciras al sufrir unas condiciones laborales infames. «El sueldo es el mismo que en España, pero aquí son legales con la nómina; si pone que cobras 1.500, te los pagan. En España en teoría yo salía por 1.500 euros al mes pero en realidad cobraba 800. Mi señora también ha estado trabajando en una tienda de comestibles y le ocurría lo mismo: malos tratos y un sueldo muy por debajo de lo que ponía en los papeles».

Los 33.573 pobladores de la colonia, que votaron en un 96% a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE, están embargados por la incertidumbre sobre su futuro. Ellos y los vecinos de La Línea, Algeciras, San Roque, Castellar, Jimena, San Martín de Tesorillo y Tarifa, municipios gaditanos que dependen en parte de la prosperidad de la colonia británica. Porque si los llanitos pierden con el 'Brexit', también saldrán trasquilados los españoles que viven de la economía del Peñón. Ya ocurrió cuando se desplomó la libra al triunfar el no a la UE en el referéndum, lo que produjo una devaluación de los salarios. Gente que cobraba en divisas británicas vio de repente cómo su remuneración caía estrepitosamente al traducirse en euros.

Si Pablo Casado se desgañita clamando por un «Gibraltar español» y considera un «fracaso histórico» el papel de España en las recientes negociaciones del 'Brexit', Pedro Sánchez se pone la medalla y dice que el Ejecutivo socialista se ha apuntado una victoria. Ahora se ha dado toda una paradoja. El ministro principal del Peñón, Fabian Picardo, coincide con la derecha española en la interpretación del asunto, que los memorandos no tienen validez legal.

Así lo cree también el director del diario local 'Gibraltar Chronicle', Brian Reyes, quien no oculta las dificultades que se avecinan: «Si el acuerdo de separación es aprobado en la Cámara de los Comunes, la caída se habrá evitado. Y cada vez noto a más parlamentarios dispuestos a apoyar a Theresa May. Pero una vez termine el periodo de transición de dos años, el futuro de Gibraltar es incierto. Ahí radica el desafío».

Reyes es el director de uno de los periódicos más antiguos del mundo. Fundado en 1801, el 'Gibraltar Chonicle' fue el primero que informó de la muerte del vicealmirante Horatio Nelson en Trafalgar en 1805, días antes de que el mundo se enterase.

Nada más traspasar la aduana, el visitante tiene que dirigir sus pasos por la avenida Winston Churchill, por donde cruza la pista del aeropuerto, tan pequeño que cuando tiene que aterrizar o despegar un avión se baja la barrera, de modo que a peatones y coches no les queda otra que guardar cola. La pista, enclavada a solo 500 metros del centro urbano, atraviesa el istmo que une la pequeña península gibraltareña con tierra firme. Parte de ella se encuentra en terrenos ganados al mar. El año que viene está previsto que terminen las obras de construcción de un túnel, si bien no todos se lo creen, dado que el proyecto lleva varios años de retraso.

Como Macao y Hong Kong

Hubo un tiempo en que los dirigentes gibraltareños se empeñaron en convertir la colonia en un centro de negocios internacional, al estilo de Macao o Hong Kong. Lo consiguieron parcialmente, porque en la Roca no hay espacio para rascacielos. En los apenas seis kilómetros de que consta la superficie de Gibraltar solo caben viviendas achaparradas y tirando a feas. En el suelo colonial apenas entra una maceta más, de ahí que el precio de la vivienda ande por las nubes. Con todo, las autoridades han sabido aprovechar el tirón de no pertenecer a la Unión Aduanera para montar un régimen fiscal que funciona como un imán para atraer dinero. No en vano, según cálculos conservadores, en el territorio se asientan 19.000 empresas, una cifra que el Gobierno de Madrid cree muy superior. En cualquier caso es un número exorbitante de sociedades mercantiles para una ciudad con 33.000 habitantes.

Durante casi 300 años, Gibraltar acogió la única comunidad judía de la Península Ibérica. Aún hoy existen unos mil sefardíes que gozan de una importante influencia y poder de maniobra en la economía y la política. Uno de sus miembros es Isaac Samuel Benzaquen, dueño de un establecimiento de cambio de divisas donde se aloja también una tienda de antigüedades. Sus ancestros, expulsados en 1492 por los Reyes Católicos, vinieron de Tánger para afincarse a principios del siglo XIX en Gibraltar, donde permanecen desde hace cinco generaciones. «Tengo seis hijos, uno en Londres, tres en Israel y dos aquí. Hay muchos abogados y contables judíos. Yo estoy aquí tan metido que no tengo motivos para marcharme», aduce el empresario.

Benzaquen confía en que el Reino Unido protegerá los intereses gibraltareños, aunque le inquieta lo que ocurra después de la salida efectiva. «Temo que España logre imponer unas condiciones muy duras para nosotros». «Con el cierre de la frontera, lo único que consiguió Franco es atraer una población musulmana que hoy integran dos mil personas y que hoy ya son inglesas. Por aquel entonces, con familias divididas a un lado y otro de la frontera y gente sin empleo, se necesitaban trabajadores de todo tipo, que vinieron sobre todo de Marruecos». Isaac muestra con orgullo la sinagoga. No es la única, hay otras dos. Pulsa una clave de una caja fuerte de la que extrae una llave grande con la que abre un portillo del templo. Descorre un tapiz y enseña con veneración los libros sagrados de los judíos, custodiados como si se trataran de joyas. «Un problema de Gibraltar es la vivienda; alquilar un apartamento no baja de las 1.500 libras (unos 1.700 euros). Por ese precio los gibraltareños van a Campamento, La Línea y otros sitios donde alquilan una villa con jardín».

Dos judíos dejaron su impronta en las primeras instituciones gibraltareñas: Joshua Hassan, quien durante 20 años rigió los destinos de la colonia, y Solomón Seruya, que desempeñó el cargo de ministro de Turismo y Puertos. Los herederos del segundo disponen de varias perfumerías repartidas por Main Street.

Entre los gibraltareños persiste el malestar por el hostigamiento y las reivindicaciones de soberanía que hace cada tanto la diplomacia española. Sienten que Londres les ha protegido mientras que España les ha maltratado, como se puso de manifiesto con el cierre de la Verja, el 9 de junio de 1969. Casi 6.000 trabajadores del Campo de Gibraltar se fueron a la calle, mientras que la colonia, aislada por vía marítima y terrestre, alimentaba un radical sentimiento antiespañol. «Tenemos el mismo sueldo que los británicos. Además, la sanidad y la educación nos salen de balde. Si tenemos que tirar para un lado, lo hacemos para Inglaterra. Luego están los típicos graciosos que ponen una bandera española arriba en el monte para provocar y hacerse fotos, cosa que nosotros no haríamos nunca. Muchísima gente del Campo de Gibraltar gana su dinero aquí para mantener a su familia y luego nos critican», asegura John, un electricista, hincha del Liverpool, que trabaja en una zanja mejorando el cableado de la ciudad.

El contrabando de tabaco sigue siendo una formidable vía de ingresos. En la Roca, una cajetilla cuesta casi la mitad que en La Línea. Quien más quien menos mete unos cuantos cartones de extranjis para sacarse un sobresueldo. Madrid y Londres han acordado que la diferencia de precios se reduzca hasta un 32%, una medida que entrará en vigor en junio de 2020. Los escasos impuestos que gravan el alcohol lo hacen también una mercancía atractiva para colarla de tapadillo.

Los dirigentes locales subrayan que la Roca ya ha dejado de ser considerado un paraíso fiscal. Pese a que la OCDE ha aplaudido los esfuerzos para controlar el flujo de capitales y la reducción de sociedades fantasma, España se muestra escéptica. El turismo, con diez millones de visitantes anuales, es una enorme fuente de ingresos, al lado de un pujante negocio de apuestas por internet, al que se une una potente actividad financiera. La colonia dispone, además, de una regulación que favorece el comercio con monedas virtuales.

Con una renta per cápita de 73.300 euros, Gibraltar es el cuarto lugar más rico del planeta, por delante incluso de la metrópoli londinense. ¿Quién quiere un traspaso de soberanía que supondría tener por vecina a una comarca andaluza con un paro desmedido que supera el 30%, uno de los más altos de Europa? «Aquí vivimos muy bien; es un lugar tranquilo y seguro, tenemos de todo y para nada nos sentimos aislados, porque viajamos mucho. El Gobierno de Gibraltar da becas muy buenas para que los jóvenes puedan estudiar en las mejores universidades británicas», aseguran Patricia y Susana.

«¿Where're you going, quillo?»

Ambas hablan en un castellano correcto, aunque es muy frecuente que los llanitos recurran al 'spanglish', de modo que alternan español y el inglés como si fuera un único idioma. Así, se puede escuchar expresiones como '¿Where are you going, quillo, con este tiempo?'. El dialecto local, el llanito, mezcla de inglés y español trufado de términos del genovés, el hebreo, el árabe y portugués, está en franco retroceso, dado que el inglés tiende a imponerse como la lengua dominante. De hecho, el español se estudia como una asignatura más y arrastra el estigma de ser una 'maría' del currículum, idéntico al que se estudia en Gran Bretaña. Eso ha supuesto que el dominio de la lengua castellana sea bastante pobre entre la población autóctona.

No todos coinciden con ese supuesto espíritu cosmopolita de los habitantes del Peñón. «No veo a la gente muy abierta a las novedades. Esto es otro mundo. Hay personas que no han visitado España en veinte años. Es verdad que la gente con pasta viaja mucho. En Gibraltar se mueve mucho dinero. El alcohol, el tabaco y las joyas están libres de impuestos», alega el polaco Patryk Fruzynski, que vende figuras de artesanías talladas en corcho. Es cierto, como dice Patryk, que Gibraltar es otro mundo. Su arquitectura no se parece ni a las casas encaladas andaluzas ni a las viviendas victorianas inglesas. Los tonos pastel y las ventanas con persianas verdes evocan la estampa de un pueblo genovés.

Un eventual cierre de fronteras traería consecuencias funestas para la colonia británica, pero también tendría efectos demoledores en España y en concreto en la comarca del Campo de Gibraltar, una de las más castigadas por el paro. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Algeciras y La Línea se encuentran a la cabeza en la clasificación de ciudades con más desempleo del país. Traspasar la verja a diario no es un capricho. Salvada la burocracia de la aduana, se llega a una tierra que procura salarios más elevados que los españoles y que siempre está ávida de mano de obra extranjera.

Después de 300 años de trifulcas entre vecinos, todos coinciden en que si la desconexión de la UE se hace mal, las consecuencias pueden ser nefastas en los dos lados. Aún sobrevuela el fantasma del cierre de la Verja en 1969 por orden de Franco, a pesar de que casi han transcurrido 50 años. No se cumplió el pronóstico del entonces ministro de Exteriores, Fernando María Castiella, quien predijo que la colonia «caería como fruta madura». Gibraltar resistió como Numancia el cerrojazo, mientras miles de españoles engrosaron las cifras del paro.

Los trabajadores españoles que a diario cruzan la frontera ya han sufrido en carne propia las consecuencias del 'Brexit'. «A raíz de la celebración del referéndum que apostó por la salida de la UE, se derrumbó la cotización de la libra, que prácticamente se equiparó con el euro. De repente se les vino abajo el salario», asegura el escritor y periodista Juan José Téllez, autor de 'Yanitos. Viaje al corazón de Gibraltar. «Se ha enconado tanto el proceso entre Londres y Madrid que los gibraltareños se han vuelto muy desconfiados. Es una pena que 300.000 personas tengan su vida cotidiana secuestrada desde hace tres siglos por culpa de un contencioso histórico que enfrenta a dos estados», continúa Téllez.

Dejadez administrativa

El Campo de Gibraltar está dejado de la mano de las autoridades. Prueba de ello es la degradación de los barrios de numerosos municipios. No son pocos quienes ven en el tráfico de hachís una salida a sus penurias. No en balde, la droga les procura unos ingresos en un día equivalentes a los que obtendrían en un mes trabajando. Es tanto el hartazgo que el alcalde de La Línea, Juan Franco, (se presentó bajo una agrupación de vecinos) ha solicitado la independencia del municipio con el fin de que se convierta en una ciudad autónoma. La iniciativa no tiene muchos visos de prosperar porque el socio de gobierno de Franco, el PP, no está por la labor. Con todo, la singular iniciativa del regidor le ha hecho merecedor de un apodo: 'El Puigdemont del sur'.

Mario Manfredo es un cocinero linense que trabaja en Gibraltar desde hace diez años. «El Campo de Gibraltar está olvidado. Solo nos queda la salida de ir al extranjero o entrar aquí. Unos y otros estamos preocupados, entre otras cosas porque estamos hermanados, yo tengo familia en Gibraltar. España mira al pasado, pero no al presente. He estado parado tres años y mí país no me ha dado trabajo», aduce Manfredo.

El cocinero paga impuestos en La Línea y Gibraltar, y se queja de que la Agencia Tributaria española siga conceptuando a la colonia como un paraíso fiscal. «Puede que lo sea para las grandes fortunas, pero no para los trabajadores mileuristas», sentencia Mario, que subraya que el gibraltareño recibe muchas ayudas de su gobierno en materia de vivienda y becas.

 

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