No a las barras bravas

No a las barras bravas

Las peñas españolas de los clubes que disputarán la Copa Libertadores en Madrid marcan distancias con la violencia de las barras bonaerenses

FERNANDO MIÑANA

Hace unos años, cinco españoles estuvieron en un River-Boca de un torneo de verano. No lograron entradas en la misma grada del estadio Monumental y tuvieron que separarse. Dos en un sector y tres en otro. Unos tenían al lado a la hinchada millonaria y los otros, la xeneize. Al acabar el choque, unos les comentaron a los otros que solo se escuchaba a la afición del Boca Juniors. Y los otros, extrañados, respondieron que no, que solo se escuchaba a la del River Plate. No estaban locos; solo vivieron de cerca el volumen descomunal con el que animan los seguidores de los dos grandes clubes del fútbol argentino que, el próximo domingo, disputarán el partido de vuelta de la Copa Libertadores, la competición más importante de Sudamérica.

El súper clásico no se celebrará en el Monumental. El partido se jugará en España, en el Bernabéu, después de que fuera suspendido dos veces por incidentes fuera del estadio. El traslado a Europa, insólito, ha supuesto una decepción para los que ya tenían una de las preciadas entradas para este duelo, pero, a cambio, ha brindado una oportunidad única a los argentinos que residen en España, que están pagando un mínimo de 80 euros por lo que ya ha venido a denominarse como 'el partido del siglo'.

Diego Pérez es uno de los que ya tiene la entrada más preciada. Ha pagado 160 euros y estuvo cerca de dos horas peleando por ella en internet junto a sus compañeros de la Filial Valencia River Plate. Este partido le provoca dos sensaciones muy diferentes: «Una felicidad enorme por tenerlos acá, pero también vergüenza y rabia después de que la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), violando sus propias reglas, le arrebatara la 'localía' a River».

Los argentinos que viven en España mantienen inalterable la devoción por sus equipos, pero sin el fervor violento de las barras bravas, los grupos radicales que han manchado la fama de los hinchas argentinos. «Sí, hay demasiada violencia», se lamenta Diego, que tiene 34 años y que se mudó a Valencia hace tres porque necesitaba «un cambio de aires».

Para este seguidor del River Plate desde la ciudad donde también jugaron exmillonarios como Mario Kempes, Pablo Aimar y el 'Burrito' Ortega, lo que más le duele es que, «por culpa de diez inadaptados, se vayan a perder el partido más importante de la historia 60.000 personas que no lo merecen. Me encanta poder ver la final, pero preferiría que se jugara donde toca, en la cancha de River».

«Va a ser increíble»

No teme una jornada áspera en Madrid. «Será un partido tenso, pero para nada violento. Las filiales de España tenemos un pensamiento diferente a cómo se maneja la cosa en el Monumental». Aunque Diego Pérez señala como gran culpable de esta situación a la Conmebol. «Hay unos intereses detrás. A mí me ha costado la entrada más cara de lo que vale en ese sector el día de un Madrid-Barcelona. Y la primera remesa es para hinchas del Real Madrid que no pintan nada en esto y que no saben ni quién es el arquero de River... No olvidemos que el local era el River y que, del mismo modo que no hubo hinchas de River en la cancha de Boca, no debería haber ninguno de Boca en el Bernabéu, y habrá 22.000».

Las primeras 9.000 fueron para los socios madridistas. Muchas de esas ya están en la reventa a precios disparatados. Luego se venden 5.000 por equipo para residentes en Argentina y 25.000 para el resto. La Conmebol también se reserva una parte para sus patrocinadores y compromisos.

Pablo Vignati ha comprado una de esas 25.000 para acudir al Bernabéu de azul y oro junto a sus compañeros de la Peña Valencia Xeneize. «Va a ser increíble, aunque es una sensación doble: contento porque lo tenemos a tiro de piedra, pero también me da un poco de bronca porque se tendría que haber hecho en Argentina».

Este hombre de 45 años, que salió de Argentina en 2005, y que trabaja con una asesoría específica para argentinos, cree que no se hizo lo necesario para mantener la seguridad. «No se tomó a recaudo el autobús y eso no es lógico. Es una pena porque el 99% de la gente se porta bien y se van a perder la final de la Copa Libertadores, que es lo máximo. No entiendo que blinden a los presidentes del G-20 y no sean capaces de hacer lo mismo con un partido de fútbol. Luego está la parte de que es muy sospechoso que se lleven el partido a Europa, donde van a recaudar diez veces lo que ya tenían». Quien no estará en el Bernabéu será su hija, quien nació, para colmo de la satisfacción de un hincha de Boca -conocidos como 'jugador número doce'-, un 12 del 12. «No me la llevo porque a mi mujer no le gusta el fútbol», aclara Pablo Vignati.

Otra de las cuatro peñas del River Plate está en Málaga. Uno de sus miembros es Lucas Brítez, quien pide que no se compare los casos de los ultras españoles con las barras bravas argentinas. «Acá se controla a los ultras, que solo son fanáticos (hinchas de un equipo). Solo aparecen en el fútbol. Allá no es solo el que le pega más duro al bombo y grita fuerte; allá están en las mafias y controlan las armas y las drogas». Aunque este penoso suceso que ha acabado con el super clásico en Europa puede marcar un punto de inflexión. «El domingo por la noche, en el partido de River contra Gimnasia, todas las banderas y pancartas estaban del revés y se escucharon cánticos en contra de las barras bravas, la Conmebol y el Gobierno».

Todos insisten en que son una minoría, pero hace años el actor Ricardo Darín declaró que dejó de ir a los campos de fútbol por miedo a la violencia. «Darín salió a decir eso y le metieron fuego al coche. Es normal que se aleje porque saben dónde vive y le iban a buscar».

Lucas lleva 13 años fuera de Argentina pero dice que hay dos cosas de su país a las que no renunciará jamás: el fútbol y el rock. «Me marché por la inseguridad, pero soy de River a muerte. Eso es innegociable». Por eso le tocó la fibra, a él y al resto de la Filial River Plate Málaga, la noticia que mostraba a un pibe en la calle anunciando que vendía sus juguetes para poder ir al Monumental. «Nosotros pusimos diez euros cada uno para que pudiera estar, pero de eso ya se olvidaron, ahora somo todos delincuentes».

Este hincha no cree que los altercados fueran una acción aislada de unos energúmenos. «Es algo más profundo. Es más fácil decir que tiraron unas piedras que contar la verdad. Al día siguiente renunció el ministro de Seguridad, una muestra de que el Gobierno había fallado. Es igual que el número que están montando en Ezeiza (el aeropuerto de Buenos Aires), poniéndose con policías armados en la puerta, cuando todos sabemos que las barras bravas, con irse a Brasil o Paraguay, pueden coger un avión y plantarse en Madrid».

Más crítico es Daniel Rubén Elordi: «No soy de ningún equipo, pero como argentino me indigna ver la desesperación por comprar entradas en la reventa para el partido robado, o ver en la tele que están todos los vuelos completos para venir a verlo. Habría que boicotearlo, no ir nadie a la cancha». Un deseo imposible: el Bernabéu estará a reventar. ¿Con barras bravas? Es una incógnita. Como la pregunta que hace Marcelo Gantman en 'La Nación': «¿Qué pasará en esos vuelos?».

 

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