Ahora no hay bastantes chinos

Ahora no hay bastantes chinos

La caída de la natalidad y el envejecimiento de la población fuerzan al Gobierno a plantearse eliminar la limitación del número de hijos, vigente durante 40 años, y promover la procreación

ZIGOR ALDAMA

Liang Jianzhang lleva ya tiempo recomendando al Gobierno chino que elimine por completo las restricciones a la natalidad. Este demógrafo, uno de los más reconocidos del país, asegura a 'V' que la continua caída de la natalidad, sumada al progresivo envejecimiento de los 1.400 millones de ciudadanos, es una bomba demográfica a punto de estallar. No solo por el impacto económico y la losa que puede suponer para los cien millones de hijos únicos que tendrán que cuidar de padres y abuelos, sino también por un efecto colateral que él ha estudiado a fondo: la capacidad del país para innovar y dar así continuidad al milagro económico que ha protagonizado.

«Ese rápido crecimiento ha estado propiciado en las últimas cuatro décadas por una numerosa generación de jóvenes empresarios innovadores. Durante los próximos diez o veinte años, los parámetros demográficos chinos seguirán siendo benignos. Pero, a partir de ahí y debido a la política del hijo único, hacia 2030 China se enfrentará a un brusco frenazo que puede tener consecuencias muy graves», avanza Liang, que también es presidente de la mayor agencia de viajes 'online' de China, Ctrip.

Los dirigentes comunistas siempre han subrayado que la política de natalidad, aprobada ahora hace 40 años, ha sido un gran éxito porque ha evitado el nacimiento de unos 400 millones de personas. Eso ha permitido controlar el crecimiento de la mayor población mundial y ha sido clave en la erradicación de la pobreza extrema. No obstante, la pirámide de población va perdiendo su forma característica y amenaza con convertirse en un peligroso rombo.

No en vano, la Asociación China de Seguridad Social estima que, en 2035, la población de más de 60 años se disparará de los 240 millones actuales a 400 millones. De forma paralela, la esperanza de vida también crece: en los últimos ocho años ha pasado de 74,83 años a 76,5. Lo único que se reduce es la población en edad de trabajar. Después de alcanzar un máximo en 2010, cuando el 70% pertenecía a esta variable, en esta década se ha desplomado hasta caer por debajo del 65%. Y las perspectivas no son halagüeñas.

«No me veo capaz»

Por todo eso, el borrador del nuevo Código Civil, que se presentó a finales del mes pasado y que está previsto que entre en vigor en 2020, elimina todas las referencias a la planificación familiar. Eso supone que, en esa fecha, China podría eliminar por completo las restricciones. La pregunta, ahora, es si la medida no llegará demasiado tarde. Porque, de momento, la relajación de la política de natalidad, que desde 2016 permite tener dos hijos a todas las parejas, no ha dado los resultados esperados.

Es más, después de un breve repunte, la natalidad ha continuado cayendo. En 2017, en China nacieron 17,23 millones de personas, un 3,5% menos que en 2016. Las razones, según la Comisión de Planificación Familiar, fueron la reducción del número de mujeres en edad fértil -que se espera que caiga un 40% adicional en la próxima década- y el aumento de los jóvenes que deciden posponer la procreación. Porque la sociedad china cada vez se parece más a la de otros países desarrollados, en los que la mujer se ha incorporado al mundo laboral y en los que una mayor preocupación por la calidad de vida ha incrementado el coste de tener hijos.

«En las ciudades los precios se han disparado. Incluso encontrar un buen colegio para los niños es una batalla encarnizada y muy cara. También es cierto que somos más exigentes con la vida que queremos llevar y que estamos dispuestos a hacer menos sacrificios que nuestros padres», comenta una treintañera de Shanghái, Long Fei. «No me veo capaz de sacar adelante un hijo con los ingresos que tenemos. ¡Imagínate dos o tres!», apostilla.

En esta coyuntura, se antoja difícil que provincias como Liaoning alcancen el objetivo de duplicar el número de nacimientos en 2030. Concretamente, en este territorio del noreste del país la tasa de fertilidad es de 0,9, una de las más bajas del mundo y muy inferior al 2,1 que garantiza el reemplazo generacional -la de España es de 1,34 hijos por mujer-. Otras provincias tienen indicadores algo superiores -la media es de 1,57-, pero el problema es nacional. Conscientes de la situación, diferentes gobiernos han comenzado a incentivar la natalidad. El 'Diario del Pueblo', medio de comunicación oficial del Partido Comunista, proclama que «tener hijos es un asunto familiar pero también un asunto de Estado», así que China se prepara para dar un giro de 180 grados a sus políticas.

Si antes se inmiscuían en las relaciones de pareja para restringir su número de descendientes a uno, algo que se hizo muchas veces por la fuerza, ahora las autoridades buscan convencer a la población de que tenga 'la parejita'. Liaoning ya ofrece incentivos fiscales, y otras provincias han propuesto sumar ayudas para quienes tengan el segundo hijo en áreas como la educación, la sanidad, o la vivienda. En un reciente viaje a la depauperada provincia de Guizhou, este corresponsal también pudo ver cómo los tradicionales eslóganes que advertían de las consecuencias de saltarse la ley del hijo único se han convertido ahora en carteles promocionales del segundo vástago. «Un niño es más feliz con hermanos», rezaba uno de ellos.

Hu Yen no ha necesitado campañas de publicidad para tener dos niñas. Esta joven de Liyang, en la provincia oriental de Jiangsu, tuvo claro desde el principio que no quería un hijo único. Incluso estaba dispuesta a pagar la multa correspondiente en caso de que no se relajase la política de natalidad, como hicieron sus padres hace dos décadas cuando nació su hermana menor. «Pero es verdad que muy pocos piensan como yo. Tradicionalmente, los chinos hemos tenido hijos con la vista puesta en la vejez y en que los necesitaremos para que nos cuiden cuando seamos mayores, pero eso ahora es una losa para la mayoría de los jóvenes. Y va a suponer un gran problema social», reconoce.

El ejemplo japonés

El Gobierno chino se enfrenta a un reto de dimensiones colosales. Por un lado, ha prometido incrementar las coberturas del sistema de salud público y aumentar las cuantías de las pensiones; por el otro, cabe la posibilidad de que se vea obligado a retrasar la edad de jubilación y a subir los impuestos para sufragar estas coberturas. Algunos analistas temen que la situación demográfica obligue a dejar estas reformas a medias y que el país caiga en lo que se conoce como la 'trampa de los ingresos medios', un parón en el desarrollo económico antes de alcanzar el estatus de 'país desarrollado'.

Liang compara la situación con la de Japón, donde asegura que el envejecimiento ha sido una de las principales razones por las que lleva tres décadas coqueteando con la recesión. «Sus principales empresas tecnológicas fueron creadas tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que en Silicon Valley han surgido en los últimos 20 años. Japón ha perdido la revolución de internet, y eso se debe, sobre todo, a su envejecimiento y a la falta de capacidad para innovar», afirma. No obstante, el país nipón cuenta con uno de los sistemas sociales más avanzados, algo de lo que China todavía está muy lejos.

A pesar de todo, Liang añade que «nunca es tarde para tomar estas medidas», y anima al Gobierno a que aumente el gasto social destinado a incentivar la natalidad. «Es algo muy costoso. Los países desarrollados destinan entre el 2% y el 5% de su PIB. Pero no hacerlo puede salir todavía más caro», advierte. Aunque parezca imposible, no hay suficientes chinos en China.

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