El inesperado hallazgo de una joya vikinga

El 'Oseberg', en el Museo de Oslo. Abajo, imagen del georradar que muestra el barco recién descubierto bajo tierra. :: r. c./
El 'Oseberg', en el Museo de Oslo. Abajo, imagen del georradar que muestra el barco recién descubierto bajo tierra. :: r. c.

Localizan en Noruega un drakkar de 20 metros de eslora enterrado en un túmulo funerario en medio de un campo. El hallazgo ha sido posible gracias al empleo de georradares

ISABEL IBÁÑEZ

Desde la carretera que pasa por la localidad de Viksletta se ve el famoso montículo de Jellhaugen, en el condado de Østfold, un sepulcro de 1.500 años de antigüedad, el segundo más grande de Noruega, con un diámetro de 85 metros y 9 metros de alto. Muy cerca de allí apareció la pasada primavera un equipo de arqueólogos armados con georradares y la sospecha de que podían encontrar algo grande en aquel terreno. Las autoridades de la zona les habían planteado rastrear un suelo cuyo interés había sido descartado por los expertos pensando que los trabajos agrícolas desempeñados allí durante el último siglo habrían arrasado con cualquier tipo de resto histórico, pero se equivocaban. El grupo del Instituto Noruego de Investigación del Patrimonio Cultural (NIKU) no dio crédito al estudiar las imágenes obtenidas con sus aparatos de precisión. Enterrado a solo 50 centímetros de la superficie, se percibía claramente la silueta de un típico barco vikingo, un drakkar de unos 20 metros de eslora, junto a lo que parecen ser los restos de diez túmulos funerarios.

«Lo más probable es que el barco fuera enterrado en el siglo IX o principios del siglo X, pero podría ser más antiguo, ya que el cementerio circundante ha producido hallazgos desde el siglo IV hasta el X», explica a este periódico el profesor Jan Bill, responsable de la Era Vikinga en el Museo de Historia Cultural de Oslo, que exhibe los otros tres barcos rescatados de tumbas similares hasta el momento: el 'Oseberg', el 'Gokstad' y el 'Tune'. «Primero intentaremos descubrir qué se conserva dentro. Luego deberemos determinar si es mejor excavar o preservar in situ».

Las primeras investigaciones apuntan a que parte de la madera parece intacta. En la mayoría de los casos, y solo se conoce una docena de este tipo de enterramientos, los barcos no se conservan, y de hecho Noruega solo guarda esos tres ejemplos citados. Si en este caso la madera está más o menos bien, habría otro barco vikingo para visitar, lo que supondría otro paso para arrojar luz sobre el proceso de formación del estado de Noruega y la tecnología empleada en estas embarcaciones.

¿Qué puede haber dentro del nuevo barco? En el 'Oseberg', explica Jan Bill, se encontraron los cuerpos de dos mujeres, y en el 'Gokstad' y el 'Tune', un hombre en cada uno, «probablemente pequeños reyes y reinas enterrados en cámaras funerarias erigidas en el centro de la nave. El ritual del entierro en sí era un espectáculo que debía iluminar a los difuntos para abandonar el mundo de los vivos desde la nave. Sin embargo, su paso a la otra dimensión solo podía tener lugar una vez que el barco hubiera sido arrastrado desde el mar y cubierto por un gran montículo de tierra».

A juicio del arqueólogo, también será posible encontrar botes, trineos, tiendas de campaña y otros objetos en la zona delantera de la nave, aparte de la cámara funeraria del centro. «Y si no ha sido saqueado, encontraremos armas de metal, restos de esqueletos, y quizás textiles y obras de arte en madera. Por el contrario, si ha sido robado, la cámara funeraria estará muy perturbada, aunque podrían quedar algunos artefactos y huesos de personas y animales».

Hace un siglo...

Cien años atrás, un granjero del condado de Vestfold, Oskar Rom, visitó al arqueólogo Gabriel Gustafson para decirle que, excavando en sus tierras, se había topado con los restos de un barco. El estudioso empezó a investigar dos días después y vislumbró indicios del interés que podía tener aquel descubrimiento. Las excavaciones tuvieron que esperar al verano siguiente para no tener que lidiar con las adversidades climatológicas del invierno. Cuando se completó la excavación, que duró unos tres meses, empezó el duro trabajo de restauración de la nave y los objetos que incluía; concluyó 21 años después, insistiendo en emplear el mayor porcentaje de madera original que fuera posible.

Gracias a este empeño, hoy en día el 'Oseberg' es el más espectacular de los tres barcos del Museo de Oslo, conservando un 90% del roble con el que surcó los mares, e incluyendo delicados grabados de animales en proa y popa. Se supone construido hacia el año 820 y tenía capacidad para 30 remeros. Las dos mujeres halladas estaban acostadas en una cama con ropa. Una de ellas murió al parecer de cáncer cerca de sus 80 años, y de la otra, sobre los 50, se desconoce el motivo del fallecimiento. Tampoco se sabe quiénes eran, si estaban emparentadas y murieron juntas o si una de ellas fue sacrificada para acompañar a la otra en su 'viaje'. Los expertos siguen 'peleando' con sus enigmas y, con suerte, pronto tendrán entre sus manos otro pedazo de historia que, de momento, reposa bajo tierra.

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