Se mueren los árboles más viejos del mundo (y no sabemos por qué)

Los baobabs están considerados como árboles sagrados en África. /R. C.
Los baobabs están considerados como árboles sagrados en África. / R. C.

Los árboles más longevos del planeta han empezado a desaparecer. Nadie sabe el motivo

JAVIER GUILLENEA

Algo debe de funcionar mal en el planeta para que árboles de más de mil años de edad comiencen a morirse. Parece una señal, como cuando los perros aúllan justo antes del cataclismo o la mar se retira para dar paso al maremoto. Los baobabs más longevos, los árboles sagrados de la vida, se están muriendo masivamente, y no de viejos.

El inquietante descubrimiento ha sido realizado por un grupo de científicos de Sudáfrica, Rumanía y Estados Unidos que entre 2005 y 2017 dataron con carbono más de 60 de los mayores baobabs de África continental, algunos de entre mil y 2.500 años. Buscaban determinar su estructura y edad para descubrir el secreto de su longevidad, pero lo que hallaron fue el «hecho inesperado e intrigante» de que la mayoría de ellos murieron durante el período de análisis.

Los investigadores han plasmado sus conclusiones en un estudio publicado en la revista 'Nature plants' que deja más preguntas que respuestas. «Informamos de que nueve de los trece árboles más antiguos han muerto o al menos algunas de sus partes de más edad se han colapsado en los últimos doce años, lo que es un evento sin precedentes de gran magnitud», advierten los científicos. Eso es lo único que está claro. Lo que falta por saber es el motivo.

Los científicos hablan del cambio climático, pero no están seguros

Todos ellos estaban en el sur de África, en Zimbabue, Namibia, Sudáfrica, Botsuana y Zambia, las zonas del continente que más están sufriendo los efectos del cambio climático. Este hecho lleva a los investigadores a pensar que «la desaparición de los baobabs monumentales puede estar asociada, al menos en parte, con modificaciones significativas de las condiciones climáticas», pero es solo una hipótesis. De lo que sí están seguros es de que los árboles no han sido víctimas de ninguna epidemia. El resto es un auténtico misterio.

Entre los baobabs muertos o moribundos se hallan algunos de los más famosos del planeta. En Botsuana reposan los restos del Chapman, de 1.400 años de antigüedad y 22 metros de altura, en el que el explorador David Livingstone dejó grabadas sus iniciales. Los seis tallos que formaban su tronco se desplomaron el 7 de enero de 2016.

El sagrado baobab Panke, en Zimbabue, murió a los 2.450 años en 2010. Sus ramas comenzaron a romperse, sus tallos se separaron y en poco más de un año se vino abajo. En Sudáfrica aún se mantiene el pie el Sunland, en cuyo interior había un pequeño bar y del que dicen que tiene 6.000 años, pero ya ha comenzado a dar muestras de agotamiento.

El tronco de los baobabs crece a partir de múltiples tallos centrales que se fusionan entre sí o forman cavidades interiores si permanecen abiertos. La forma de sus ramas le da el aspecto extravagante de un árbol plantado cabeza abajo o, como dijo Livingstone, de «una zanahoria enorme puesta del revés». También se le ha llamado 'árbol del pan del mono' o 'árbol botella', no solo por su silueta sino también por la enorme cantidad de agua que es capaz de retener en su interior.

Depósito de agua

Durante la temporada de lluvias un baobab puede almacenar hasta 120.000 litros de agua en su tronco. En algunas zonas de Madagascar, donde llueve muy poco, sus habitantes perforan la corteza de los árboles más voluminosos y extraen de ellos el líquido para beber. De la misma corteza se obtienen fibras muy resistentes para elaborar cuerdas, su polen se usa como adhesivo, las semillas se tuestan como granos de café y de su fruto se obtiene el polvo de baobab, uno de esos superalimentos que de vez en cuando se ponen de moda y que la periodista Sara Carbonero ha dado a conocer en España.

Pero ante todo es un árbol sagrado. Durante siglos sus entrañas han dado cobijo a viajeros y sus troncos de hasta 25 metros de alto han servido a los caminantes como punto de referencia en la sabana. En sus cavidades se han escondido fugitivos, se han instalado comercios, paradas de autobús y hasta cárceles. Los bosquimanos dicen que las flores del baobab albergan espíritus y aseguran que quien arranque alguna de ellas será devorado por un león. Si es cierta esta leyenda y si es verdad que los árboles de la vida ya han comenzado a conocer lo que es la muerte, no habrá suficientes leones para tantos humanos en la Tierra.

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