La coronel al asalto de la igualdad

Ingeniera. Hija y nieta de militares, ha trabajado en la Dirección de Infraestructuras de Defensa construyendo edificios castrenses. En la foto, cuando accedió al rango de teniente coronel./EFE
Ingeniera. Hija y nieta de militares, ha trabajado en la Dirección de Infraestructuras de Defensa construyendo edificios castrenses. En la foto, cuando accedió al rango de teniente coronel. / EFE

La coronel Patricia Ortega, pionera en el Ejército español, optará al ascenso a general en 2019. Sería la primera mujer de la historia con la más alta graduación militar

INÉS GALLASTEGUI

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que 'generala' es un «toque de tambor, corneta o clarín para que las fuerzas de una guarnición o campo se pongan sobre las armas» o «la mujer del general». También admite que, en Sudamérica, alguna Virgen condecorada lleve los máximos galones. Pero, a diferencia de las juezas o las médicas, si una mujer llega por méritos propios al más alto rango de la milicia deberá conformarse con el neutro 'general'. Quizá la Academia -con 8 señoras en sus 46 sillones- tenga que abrir hueco a una cuarta acepción, porque, por primera vez en la historia, una fémina ha sido convocada por el Ministerio de Defensa para el curso de ascenso al generalato y podría ostentar la estrella de cuatro puntas en julio de 2019. Es la coronel Patricia Ortega García y reconoce que, desde que se convirtió en la primera militar del país, en 1988, toda su carrera ha estado «bajo una lupa».

Madrileña de 55 años, es hija, nieta y hermana de militares. Se graduó como ingeniera agrónoma en la Universidad Politécnica y con 25 años ingresó en la Academia Militar de Zaragoza, de donde salió como alférez. Tras estudiar en la Escuela Politécnica del Ejército, en 1992 accedió al empleo de capitán del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Tierra como especialista en Construcción. En 2009 fue la primera teniente coronel y en 2015, la primera coronel.

Casada con un civil, tiene tres hijos, que ha criado, como muchas profesionales, haciendo juegos malabares. «No es que la idea de la conciliación no estuviera en las Fuerzas Armadas; es que no estaba en la sociedad», confesaba hace dos años en una entrevista con 'El País' en la que se mostraba contraria a las cuotas. «Me duele mucho que, cuando falla un hombre, se equivoca él solo, pero, si lo hace una mujer, fallamos todas», declaró en otra ocasión a 'Yo Donna'.

En 1988 las Fuerzas Armadas aún no estaban preparadas para acoger mujeres

El pasado 8 de marzo, con motivo del 30º aniversario de la incorporación de la mujer al Ejército -la suya-, admitió en un discurso que el camino «no fue fácil», porque algunos colegas recibieron a sus nuevas compañeras con recelo. «Si quieres igualdad, toma dos tazas», era su máxima. Eran otros tiempos: en los ochenta solo un tercio de los españoles veía con buenos ojos la presencia femenina en la institución. «Si la sociedad es machista, el Ejército también, porque somos su reflejo», reflexiona.

Al ser la primera vivió situaciones chuscas, desde los largos debates para establecer cómo debía ser el sujetador de campaña hasta el día en que, embarazada, le ordenaron no ponerse el uniforme mientras su estado físico no fuera «compatible con la dignidad del mismo». Sin olvidar escenas chocantes cuando, en las puertas, ella cedía el paso a un superior jerárquico, como manda el reglamento, y este se lo devolvía, caballeroso; nadie se movía. «Hubo mucha profesionalidad, pero no fue fácil porque no existían procedimientos, normas ni referentes. Iban surgiendo situaciones nuevas a diario, para ellos y para nosotras; ha sido un triunfo colectivo».

En el Ejército hay 15.000 mujeres, ninguna entre los 200 generales en activo. A la ministra de Defensa, Margarita Robles, el dato le sorprende. A la coronel Ortega, no: «La mujer está ascendiendo al mismo ritmo que el hombre. Los que ingresaron conmigo tienen el mismo nivel que yo».

La promoción en el Ejército combina distintos sistemas, incluidos la antigüedad, los exámenes, los concursos de méritos y el nombramiento directo. La publicación en el Boletín Oficial de la Defensa de un nombre femenino entre los 43 coroneles aspirantes es solo un primer paso. Una vez superado el curso, es preciso que haya una vacante de su especialidad y que el Consejo de Ministros proponga su ascenso. Lo logra uno de cada tres candidatos. El Ministerio está por la labor. «Este departamento valora muy positivamente la noticia que supone la constatación de la plena integración de las mujeres en las Fuerzas Armadas», declararon ayer fuentes de la Dirección de Comunicación Institucional de la Defensa.