Así se engrosa un currículo: artículos a la carta y granjas de citas

Hay empresas que ofrecen trabajos e investigadores que se citan entre ellos. :: r. c./
Hay empresas que ofrecen trabajos e investigadores que se citan entre ellos. :: r. c.

El mundo de la investigación está lleno de atajos para engrosar el currículo

El afán por publicar sin descanso ha hecho florecer una multitud de empresas que ofrecen sin disimulo trabajos de fin de grado, tesis doctorales y artículos para ser publicados en revistas, todo ello a la carta. «Hay muchísimas», dice María Francisca Abad García. Y no lo hacen mal, porque los encargados de participar en el fraude son verdaderos científicos duchos en el arte de las coautorías, plagios e invenciones no detectables por los programas antiplagio. Sus tarifas son elevadas pero merecen la pena si se tiene el dinero y la falta de escrúpulos necesarios. Según Abard García, una tesis de medicina de 30.000 palabras, disponible en un plazo de quince días, viene a costar cerca de 45.000 euros.

«Algunas de estas empresas escriben artículos que, una vez aceptados en una revista de prestigio, se ofrecen a investigadores que solo deben añadir su nombre a la lista de autores», explica la catedrática de la Universidad de Valencia, que pone como ejemplo la oferta en internet de una firma china. Incluir un primer autor en una revista del índice de citaciones 'Science Citation Index' cuesta 13.000 euros y si los autores son dos, el precio, con rebaja incluida, es de 23.000 euros. Como expresa gráficamente Abad García, «la mafia está sentada en la mesa, solo hace falta encontrarla».

También hay investigadores que caen en la tentación de formar camarillas para apoyarse en la pesada tarea de crear un artículo. «Como todos necesitan publicar, cada uno se encarga de una parte diferente y todos firman el trabajo. A veces ves que no hacen falta siete nombres y que las mismas identidades se van repitiendo de un artículo a otro cambiando el orden; es hoy por ti, mañana por mí», asegura Abad García.

«Pónganos tres»

Es una práctica de la que ha sido testigo Tomàs Baiget en la revista que dirige. «Cuando vemos que hay un excesivo número de autores en un artículo les pedimos que digan qué parte ha hecho cada uno y entonces suele surgir la sorpresa, porque si hay siete firmas nos contestan que bueno, que pongamos solo tres». Estas camarillas suelen formar además lo que Baiget califica de «granjas de citas», que no son sino grupos de investigadores que se mencionan mutuamente en los artículos para ampliar su factor de impacto.

No es de extrañar que algunos se salgan del mapa y muestren una productividad muy por encima de lo normal. Recurren para ello a todo tipo de atajos como el autoplagio o la presentación de trabajos duplicados con unas pocas diferencias entre ellos. Con un poco de imaginación y bastante atrevimiento se pueden hacer milagros. «Hay grandes productores de artículos que llegan a publicar unos veinte al año, lo que es imposible» explica Abad García, que se queja de que «la falta de ética de unos cuantos ensucie la imagen de otros». Algunos «listillos de turno con menos capacidad y criterio» pasan por encima de los demás al acceder a unas plazas que de otra manera nunca habrían logrado. El resultado, señala la investigadora valenciana, es que «los que han trabajado de forma honrada se desmotivan y se vuelven menos competitivos».

Un ejemplo extremo de lo que puede hacer la presión es lo que ocurre en China, donde la investigación se ha acelerado de forma impresionante, hasta el punto de que en 2008 superó a Estados Unidos y se convirtió en el segundo productor científico en número total de artículos, después de Europa.

El Gobierno del país asiático ofrece recompensas económicas a los investigadores con mayor número de artículos en revistas de impacto. Este estímulo ha provocado una avalancha de trabajos publicados, pero una cosa es la cantidad y otra la calidad. «En China hay muy buena ciencia pero el promedio es mediocre», afirma Francisco R. Villatoro.