Las trampas del supermercado

Las trampas del supermercado

La farmacéutica Marián García alerta en su libro 'El jamón de York no existe' de los trucos de la industria para vendernos por sano lo que en realidad no es tanto

FERMÍN APEZTEGUIA

Cuidado con el supermercado, que está lleno de trampas. En cuanto uno se descuida y mete al carro lo que no debe, ¡zas, ya ha caído! Lo explica muy bien la conocida farmacéutica Marián García en su nuevo libro 'El jamón de York' no existe'. Como se desgrana en el artículo de EL CORREO, las estanterías de la tienda suelen estar llenas de productos que cumplen con todas las normativas habidas y por haber en materia alimentaria, pero que aprovechan al máximo los recovecos y carencias de la ley –que no son pocos– para hacernos creer que nos llevamos oro cuando se trata en realidad de baratijas. ¡Aaay, cómo somos!

Imbuidos en esta moda de los superalimentos y la comida natural, la industria nos vende 'basurilla' envuelta en papel verde y presentada con los mensajes que más queremos leer. 'Ecológico', 'enriquecido con', 'libre de' o 'traído de Pernambuco'. Y, claro, nos vamos a casa tan contentos. «El problema –alerta la especialista– es que esas trampas son perfectamente legales pero pueden inducir a error».

Pocas galletas y menos surimi

Una de las más significativas es la que da título al libro. Jamón de York es un término utilizado por la industria para referirse a lo que la legislación vigente denomina 'fiambre', un preparado charcutero que contiene un 50%de carne y otro 50% de almidón, aditivos, azúcar y sal. «Eso que llamamos jamón de York es en realidad un alimento ultraprocesado que, como tal, deberíamos evitar en nuestra dieta. Lo sano sería adquirir 'jamón cocido extra', que éste sí contiene hasta un 80% de carne. Pero esto, claro, el consumidor lo ignora. Simplemente lee jamón de York y piensa que es bueno», reflexiona la nutricionista, conocida en el mundo digital como Boticaria García (boticariagarcia.com) y que esta semana ha acudido a Bilbao para participar en 'Naukas', el mayor foro científico que se celebra en España.

Hay mucho tongo en el supermercado, más de los que imaginamos. Por ejemplo, no hay galleta saludable, ni que la vendan como integral, ni que hayan dejado de elaborarla con aceite de palma. «Si alguien quiere consumirlas de manera puntual, adelante; pero que sepa lo que hace». Otro: los palitos de surimi tienen menos cangrejo que un plato de alubias y son, desde el punto de vista nutricional, lo peor. «El surimi es un gel de pescado, que la ley ni siquiera obliga a decir cómo se elabora; solo lleva un montón de aditivos para que sepa a algo». Hay más. Los que siguen son, a juicio de la autora, los cinco grandes secretos que oculta el 'súper' y que deberíamos conocer bien para evitar que nos den gato por liebre.

Cinco consejos

1. Las etiquetas son auténticos jeroglíficos. Hablan del aditivo 621 como si el consumidor llevara la lista en el bolsillo. Aún así, dedique tiempo a mirar los ingredientes. Por regla general, cuantos menos contenga, mejor.

2. Los alimentos son ya los nuevos medicamentos. Somos tan ilusos que nos dicen que hay galletas que ayudan a bajar el colesterol y nos lo creemos. Habría que comerse cada día 16 de las que se anuncian así para rebajarlo y, a cambio, nos meteríamos al cuerpo una carga brutal de azúcar.

3. Lo natural se ha convertido en una religión. Aditivo no es sinónimo de nocivo. No sólo la lechuga y el tomate son sanísimos. Unas lentejas de bote siempre serán mejores que una barrita de muesli, que es azúcar en más del 30% de su composición.

4. Los superalimentos los carga el diablo. Que un producto venga de la Cochinchina no lo hace mejor. Un chorizo con un 4% de chorizo no deja de ser eso:chorizo. Los mejores alimentos son los frescos y del mercado local.

5. La ley es a menudo «blandita» con la industria alimentaria. Sus mensajes son siempre ciertos. Pero las verdades a medias, en salud, pueden convertirse en una canallada.