Una ley para convertir cadáveres humanos en compost

Con el compostaje humano no hará falta llevar plantas al cementerio. Los difuntos serán sus propias flores. :: r.c./
Con el compostaje humano no hará falta llevar plantas al cementerio. Los difuntos serán sus propias flores. :: r.c.

Esa es al menos la idea de 'Recompose', una empresa de Estados Unidos que ofrece a sus clientes la posibilidad de transformar sus cuerpos en compost. Cuando fallezcan, obviamente

JAVIER GUILLENEA

Gracias a los nuevos adelantos ya es posible adentrarse en la eternidad hecho todo un geranio o, si se quiere algo más sofisticado, un seto de buganvillas o un olivo milenario. Eso que dice la Biblia de que 'polvo eres y al polvo volverás' puede tener los días contados, al menos en sentido estricto, porque a partir de ahora uno también puede convertirse en abono para dar de comer no a los gusanos sino a hermosas plantas que nuestros descendientes podrán regar con amor y devoción.

Si hay niños que nacen con un pan bajo el brazo, también habrá difuntos que estrenen su nueva condición con un vegetal bajo el suyo. Serán no polvo de estrellas sino semillero de enredaderas. Ya no hará falta acudir al cementerio a depositar rosas en la tumba por la sencilla razón de que los muertos serán sus propias flores. Esa es al menos la idea de 'Recompose', una empresa de Estados Unidos que ofrece a sus clientes la posibilidad de transformar sus cuerpos en compost. Cuando fallezcan, obviamente.

RECOMPOSICIÓN

El proceso

El proceso es sencillo. Basta con depositar el cadáver en una cámara de compostaje con material orgánico como astillas de madera o paja que se va llenando de aire de forma controlada para acelerar el proceso de descomposición. En cerca de un mes, un ejército de microbios y bacterias se encargará de que la carne y los huesos «se recompongan», como dice la empresa, y acaben convertidos en abono que los familiares de los finados podrán llevarse a sus jardines o macetas. Los elementos no orgánicos que pueda tener el cuerpo, como prótesis, marcapasos o empastes metálicos, son reciclados.

«Hay mucha gente entusiasmada con la posibilidad de ser un árbol»

La idea de convertirnos en suelo fértil no es totalmente nueva. Hace una década nació en Estados Unidos un movimiento que aboga por inhumar a los fallecidos directamente en la tierra con una simple mortaja o con su manta favorita de la infancia, por ejemplo, para que brote sobre ellos la naturaleza. En el país hay ya 125 cementerios que ofrecen la opción de estos entierros verdes, pero se hallan lejos de las grandes ciudades, donde no abunda la tierra libre. Con la idea de crear compost humano se quiere ofrecer una solución a esta escasez de territorio para los habitantes urbanos del más allá. Cada cuerpo proporciona cerca de 0,7 metros cúbicos de abono, una cantidad que no ocupa demasiado espacio y facilita la tarea de ver crecer a los antepasados en casa.

La artífice de esta iniciativa es Katrina Spade, una mujer que en 2014 fundó 'Urban death project' (Proyecto de muerte urbana) para llamar la atención sobre los problemas que genera la actual «industria funeraria tóxica» y tres años después creó 'Recompose'. Según la empresa, «al convertir los restos humanos en tierra minimizamos los desechos, evitamos la contaminación del agua subterránea con fluidos de embalsamamiento y evitamos las emisiones de CO2 procedentes de la cremación y la fabricación de ataúdes, lápidas y revestimientos».

El proyecto está muy avanzado pero todavía no es una realidad. El proceso de 'recomposición' que nos permite volver literalmente a la tierra aún no está legalizado en ningún estado de EE UU, pero es posible que pronto se abra esa posibilidad en Washington, donde el senador demócrata Jamie Pedersen ha presentado una propuesta de proyecto de ley para que se permita el compostaje de los cadáveres humanos. «Hay mucha gente entusiasmada con la posibilidad de convertirse en un árbol», sostiene el político.

Camino allanado

Hay unos cuantos obstáculos, como el de garantizar que el compost esté libre de parásitos dañinos, pero varias universidades se han puesto manos a la obra para solventar el problema. La de Western Carolina ha estudiado diferentes modelos de descomposición humana y la estatal de Washington ha hecho pruebas con cuerpos de donantes para obtener un compost libre de sospechas. Los resultados obtenidos han allanado el camino hacia la aprobación legal de esta práctica.

«Uno de nuestros principios fundamentales es que cada uno de nosotros tiene la capacidad de cuidar a un ser querido que ha fallecido», afirma Katrina Spade. Si Washington abre la puerta y el compostaje humano se extiende, bastará con tener una regadera y unas cuantas semillas a mano para que los difuntos den muestras de vida y se manifiesten en forma vegetal. No parece mala idea. Quizá un día, cuando un niño trepe a una enredadera, sus padres le digan algo así como «baja de ahí, que estás molestando al bisabuelo».

Los cadáveres se depositan en cámaras y se cubren con material orgánico como astillas de madera o paja para acelerar el proceso de descomposición. En cerca de treinta días la carne, huesos y dientes se han transformado en compost.

metros cúbicos es la cantidad de abono que se obtiene por cadáver. El compost es entregado a los familiares para que lo utilicen en sus jardines. Los promotores del proyecto calculan que la recomposición permite ahorrar una tonelada métrica de CO2 frente a la incineración o el entierro convencional.