La chica de las calaveras

Patricia posa rodeada de una buena colección de amigas./
Patricia posa rodeada de una buena colección de amigas.

Patricia Fornos es una artista mexicana que se gana la vida ‘calaverizando’ lo que ve. Sus Catrinas se venden hoy en todo el mundo

IRMA CUESTA

Cuando José Guadalupe Posada (México, 1852-1913) cayó en la cuenta de que no había mejor manera de representar a los indígenas que soñaban con ser europeos que con una guapa calavera tocada con un elegante sombrero, no imaginó que aquella imagen se convertiría en uno de los símbolos universales de su país. En la Calavera Garbancera, como decidió llamarla el grabador de Aguascalientes, se inspiraría después Diego Rivera. El señor del escándalo se permitiría el lujo de vestirla y bautizarla como Catrina. Pues bien, ella es, desde hace ya unos años, la imagen que una y otra vez viene a la cabeza de Patricia Fornos (México DF, 1980) cada vez que se pone ante un lienzo en blanco.

La historia de amor entre esta joven mexicana, hija y nieta de gallegos, y las calaveras comenzó casi sin darse cuenta. Corría el año 2012, trabajaba en Madrid en una agencia de publicidad, y de vuelta a casa, mientras buscaba reconectarse con su tierra y olvidar los malos ratos de la oficina, apareció su primera Catrina. «Siempre me llamó la atención, porque siempre me maravilló el Día de los Muertos. En mi casa, una casa de españoles, nunca se celebraba, y yo iba y venía de las de mis amigas entusiasmada con aquellos altares y suplicando a mis padres que, por favor, me dejaran montar uno».

Las catrinas

Las primeras. Los garbanceros eran los mexicanos que, a pesar de tener sangre indígena, aspiraban a ser europeos renegando de su propia cultura. Por eso, José Guadalupe los representó así: en puro hueso pero, eso sí, con un aparente sombrero.

Una larga historia. Después de que José Guadalupe creara la primera Calavera Garbancera, Diego Rivera la bautizó como Catrina y la llevó a sus cuadros. Desde entonces, muchos otros artistas, como Andrew Gallimore, también la han hecho suya.

Y es que, aunque el cráneo tocado y desnudo nació para burlarse de los muertos de hambre que querían dárselas de ricos, con el tiempo se convertiría en invitado de honor de la fiesta del 1 y 2 de noviembre, los días en los que los mexicanos decoran los altares con flor de cempasúchil y calaveras, llenan las maletas de comida y bebida, llaman a los mariachis, y se instalan en el cementerio para festejar la vida con sus muertos. «Esa dualidad, esa fusión de la muerte con la vida, ese contraste, siempre me fascinó. Por eso, quizá sin saberlo, primero comencé a pintar ojos, miles de ojos, hasta que conseguí darle forma a mis calaveras, que también son mi particular forma de festejar la vida con el símbolo de la muerte».

El primer diseño de Patricia fue un homenaje a Frida Kahlo. «No me gustan demasiados sus cuadros, pero sí lo que simboliza. Ella, su casa, sus vestidos, sus paredes, son la perfecta representación del arte. Frida es arte», admite. A la sufrida esposa de Rivera le seguirían Einstein, Salvador Dalí, los Beatles, Chavela Vargas, Marilyn Monroe e, incluso, los jugadores del Barça. «Siempre las hago de gente que por alguna razón me interesa. Sea quien sea. De hecho, voy por la calle y veo personas y caras e, irremediablemente, pienso en quiénes de ellas son susceptibles de ser calaverizadas. Algunas lo son, otras no».

Con Bonnie y Clyde

Este mes, Fornos regresa a Madrid tras unas breves vacaciones con su familia para llevar sus Catrinas a la fast expo Ser o no ser, una muestra colectiva en la que sus obras se colgarán junto a las de artistas como Maguma o Valeria Fraile. La joven dice que digiere con emoción y cierto desconcierto estar convirtiéndose en una persona famosa; que los periodistas la llamen y le pregunten por su obra. Pero también que está encantada porque desde hace meses no ha dejado de recibir encargos de exposiciones y alumbrar ideas.

Estos días también prepara una colección de trabajos que se mostrarán en México a la vuelta de unos meses y que estará dedicada a los grandes amores. Ya adelanta que allí estarán las calaveras de Marco Antonio y Cleopatra, de Bonnie y Clyde, y de Popocatépetl e Iztaccíhuatl, los protagonistas de la leyenda de los volcanes perdidos. La fábula cuenta la historia de un guerrero y una princesa que muere antes de que su amado regrese del frente, a los que los dioses convierten en cráteres para mantenerlos unidos por siempre.

Fornos habla de sus planes con el mismo entusiasmo con el que explica que ha dejado el trabajo en la agencia de publicidad y ya solo se dedica a pintar. La chica que comenzó exponiendo en los bares del madrileño barrio de Malasaña tiene incluso una línea de souvenirs y sus obritas se venden en aeropuertos y multitud de hoteles de todo el mundo. «Hace poco se han introducido también en Estados Unidos y en Canadá. Está muy bien poder vivir de lo que realmente te gusta». Dicho esto, si alguien tiene interés en ser calaverizado no tiene más que contactar con ella. Solo hay que mandar una foto a hola@patriciafornos.com y te cuentan como funciona.

 

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