El laboratorio de la 'mini España'

El laboratorio de la 'mini España'

Los niños de Aragón fueron los primeros en saborear los lacasitos de chocolate blanco y franquicias como Imaginarium se ponen allí a prueba antes de expandirse. ¿Y en las elecciones? Desde 1977, el partido que gana en esta región gobierna España

GUILLERMO ELEJABEITIA

Si funciona en Aragón es probable que tenga éxito en todo el país». Lo dicen los expertos en marketing, las empresas que prueban allí sus productos y hasta los resultados electorales. Los maños se han convertido en una especie de conejillos de indias por su capacidad para representar a la España media, esa que no es ni demasiado rural ni demasiado urbanita y que tiene unos niveles de renta, educación y desarrollo humano que le convierten en la fotografía a pequeña escala de la heterogénea realidad del país.

Pioneros

Telecomunicaciones

Los avances en el sector han tenido tradicionalmente a Aragón como campo de pruebas. Allí se estrenaron el prefijo obligatorio, la conexión ADSL, la TDT y recientemente los números de teléfono que empiezan por 8.

Servicios Públicos

Los primeros DNI electrónicos tenían domicilio en Aragón, donde también se han probado servicios sanitarios como la receta electrónica o la posibilidad de elegir especialista en la Seguridad Social.

Alimentación

Los niños maños probaron antes que nadie los lacasitos blancos y sus padres fueron de los primeros en comprar pescado en bandejas de plástico.

Betanzos tiene fama de oráculo electoral para Galicia desde los tiempos de Fraga. El Nou Barris, por su parte, sirve de termómetro para el área metropolitana de Barcelona. Almendralejo, Arteixo y hasta 81 pueblos replican los resultados de España, pero 34 de ellos están en Aragón.

La noche del 20 de diciembre las urnas arrojaron allí 6 escaños para el PP, 4 para el PSOE, 2 para Podemos y 1 para Ciudadanos. Desde 1977 quien gana Aragón manda en España, aunque en este caso el reparto lo que presagiaba eran grandes dificultades a la hora de formar gobierno, como así ha sucedido. El fenómeno, que se ha repetido en todas las convocatorias electorales con un margen de error escaso, ha llevado a los politólogos a frecuentes comparaciones con Ohio, el Estado norteamericano que lleva prediciendo quién será el inquilino de la Casa Blanca desde 1964.

La explicación es que la comunidad «funciona como una especie de mini España», en palabras del sociólogo José Fernández Albertos, uno de los autores del libro Aragón es nuestro Ohio (Malpaso, 2015). La región «encapsula la realidad del país a pequeña escala», explica. La urbanita Zaragoza podría ser el reflejo de Madrid y Barcelona, pero también de otras grandes ciudades como Bilbao, Sevilla o Valencia, que no tienen un mercado tan distorsionado como el de las grandes capitales europeas. Huesca hace el papel del Norte, desde Galicia a los Pirineos, con un paisaje a medio camino entre el pueblo de montaña y la pequeña ciudad industrial. Y a Teruel le tocaría representar a las dos Castillas, eminentemente rurales y agrícolas, y en cierta medida a Andalucía. Por tener, Aragón tiene hasta la diversidad lingüística que caracteriza a la periferia española, puesto que en la franja oriental se habla catalán y en amplias zonas de Huesca y el norte de Zaragoza se mantiene el aragonés.

Con estos ingredientes no es de extrañar que empresas e instituciones hayan visto un inmejorable banco de pruebas en el que testar el éxito de productos y servicios antes de decidirse a implantarlos en el resto del país. Muchos zaragozanos todavía recuerdan cuando tuvieron que empezar a marcar el 976 antes de hacer llamadas locales, meses antes de que el prefijo se hiciera obligatorio en todas las comunicaciones telefónicas. Hoy son los primeros en tener números que empiezan por 8. También estrenaron la conexión a internet por Adsl, aunque eso les jugó una mala pasada cuando algunos pueblos maños se convirtieron a su vez en pioneros a la hora de implantar la receta electrónica en la Seguridad Social. «Los servidores son tan antiguos que hacer una receta puede demorarse hasta una hora», se quejaban desde el centro de salud de Caspe. El DNI electrónico, la TDT o la posibilidad de elegir especialista en la Seguridad Social son otros de los servicios públicos que se han ensayado allí.

«El aragonés es muy franco»

Un puñado de niños aragoneses fueron los primeros en probar los lacasitos de chocolate blanco, un producto que la empresa zaragozana Lacasa estaba pensando en lanzar al mercado internacional. «Siempre se habían asociado a la variedad de colores y la compañía quería asegurarse de que funcionaría, así que reunimos a un grupo no muy grande pero de diferentes perfiles y les dimos a probar el producto a ciegas. Les encantó», explica la experta en investigaciones de mercado Tamar Buil. Junto a Juan Delgado dirige la empresa AC Consultores, que asesora a grandes marcas de consumo.

El que su sede esté en Zaragoza les coloca en una posición privilegiada a la hora de sondear el mercado. Aunque las grandes compañías también prueben suerte en Madrid o Barcelona, la capital aragonesa es un lugar ideal para hacer test de prelanzamiento o encuestas demoscópicas. «El aragonés es muy franco, si algo no le gusta te dirá lo que piensa», reconoce Buil. Es el caso de una conocida marca de cerveza que quiso lanzar una variedad con un nuevo ingrediente. «En la prueba no gustó, pero a pesar de todo la empresa se empeñó en lanzarla. No funcionó».

Esa exigencia de la clientela aragonesa hace que además sea «un territorio muy competido», como admite Dioscorides Casquero, de la Cámara de Comercio de Zaragoza. De hecho, muchas compañías que operan con diferentes tarifas en función de la ciudad aplican en la capital maña siempre la más barata. «Si algo consigue triunfar en un mercado tan feroz, tendrá muchas posibilidades de hacerlo en otras regiones», asegura Casquero. El resultado es que Zaragoza ha visto cómo en sus calles surgían las primeras tiendas de muchas franquicias que luego se han extendido por el resto de España y el extranjero. Una de las más conocidas es Imaginarium, que nació a orillas del Ebro y hoy cuenta con sucursales en todo el país. Usa las seis que tiene en la ciudad como una especie de laboratorio: «Contamos con psicopedagogos y expertos en educación que nos ayudan a saber cómo funcionan los productos con los niños antes de lanzarlos». Otras franquicias como Panishop, La mafia se sienta en la mesa o Martín Martín, levantaron allí la persiana.

Los maños también estuvieron entre los primeros en comprar pescado ya cortado y envasado en los mostradores de Mercadona, cuando las bandejas comenzaron a convivir con las pescaderías tradicionales al corte. La experiencia piloto se desarrolló simultáneamente en varias ciudades, pero Zaragoza contaba a su favor con su papel como gran centro logístico. Su posición, a tres horas de viaje de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao, la han convertido en un enclave estratégico para compañías como Inditex, que tiene allí su punto de distribución para todo el sur de Europa, y Amazon, que cuenta con un importante centro que funciona como regulador de flujos comerciales.

Sin embargo no conviene ver en Aragón un oráculo infalible. El sociólogo Fernández Albertos advierte que el envejecimiento de la población podría empezar a distorsionar las predicciones que lanza. Hace seis meses funcionó en las elecciones del 20-D, pero ¿qué dicen las encuestas respecto a la cita del próximo domingo? Pues que el PP obtendrá una victoria pírrica: bajará en votos pero seguirá siendo primero. PSOE y Unidos Podemos estarán en liza por la segunda plaza, pero la batalla por el sorpasso se jugará en Teruel, que representa la España rural. Ciudadanos mantendrá la representación obtenida en diciembre. Con la suma del PP y Ciudadanos, el centro derecha obtendrá un mayor número de votos, pero en caso de que los partidos de izquierda decidan aliarse les superarán en número de escaños. En defintiva, que si Aragón sigue siendo la clave, formar gobierno volverá a ser un galimatías.