Un lugar llamado Guarnón

El esquí de travesía es la mejor opción para presenciar el espectáculo del deshielo en Sierra Nevada

ALEJANDRO MOLINA

La primavera es uno de los mejores momentos para disfrutar del esquí de travesía en Sierra Nevada. El espectáculo del deshielo siempre merece la pena en esta montaña. Pero este año, tras un invierno en el que ha nevado como en pocas ocasiones, la oportunidad de recorrer el macizo más allá de las pistas de la estación es todo un privilegio. Estos días son muchos los montañeros que están realizando travesías a lo largo y ancho de Sierra Nevada, pero ojo, se debe recordar que son excursiones que entrañan riesgo y para las que hace falta un nivel de esquí adecuado y buena planificación. Si se cuenta con los servicios de un guía de montaña titulado es mucho mejor.

El pasado 3 de mayo IDEAL pudo participar en una de las rutas más emblemáticas del esquí de montaña en primavera, la del Valle del Guarnón. Hasta el día 6 de mayo es posible todavía realizar la aproximación usando los remontes de la estación de esquí. Con ellos es muy fácil llegar hasta el refugio de la Carihuela, muy cerca del Veleta. Dese allí se abandonan las pistas para saltar por una cornisa que se adentra en la vertiente alpujarreña de la sierra. Atrás queda el término municipal de Dílar y comienza un vertiginoso descenso ya en Capileira. Tras la bajada, que impresiona en su parte inicial por la terrorífica pendiente, toca caminar esquís al hombro usando crampones o con pieles de foca. La Laguna de Aguas Verdes, totalmente tapada por la nieve, es el lugar ideal para cambiar los esquís iniciar el la subida al Cerro de los Machos. Una vez arriba, la vista del Mulhacén y la Alcazaba es sobrecogedora. Al otro lado ha quedado el Veleta y al fondo se ve claramente el mar, los invernaderos de El Ejido y, un poco más lejos, las montañas marroquíes sobre la costa de Melilla.

En Los Machos comienza la gran bajada de esquí de la jornada. Es una pala interminable con una pendiente fuerte que discurre frente a las tremendas paredes del Corral del Veleta. A pesar de ser 3 de mayo, la pala está cargada de nieve polvo en perfectas condiciones. En poco tiempo se desciende un desnivel de más de trescientos metros. En los Corrales del Veleta todavía queda mucho terreno por delante para esquiar, pero es obligatorio pararse para contemplar la imponente figura de las paredes que forman el Corral.

Poco a poco la nieve va dejando de ser polvo para transformarse en la crema que es la nieve primavera de Sierra Nevada. A medida que se desciende el Valle del Guarnón va tomando forma, cada vez más estrecho. En las paredes laterales no cesan las cascadas de agua que caen abruptamente para contribuir al cauce del río. Se ven las primeras cuevas de nieve bajo las cuales el agua se va abriendo paso. De los primeros borreguiles surge con fuerza más agua que busca rápido el cauce del Guarnón como si de un cachorro que busca a su madre se tratase. Llega el momento de quitarse los esquís para iniciar la gran caminata hasta la Vereda de la Estrella. No faltan los esquiadores que contratan estos días los servicios de un arriero que transporte en su mulo los esquís y las botas hasta el coche.

Hay varias opciones para llegar hasta la Vereda de la Estrella. En esta ocasión se opta por caminar sobre la acequia de la Mata que data de la época árabe. Es un recorrido no apto para personas con vértigo. Algunos tramos discurren sobre cornisas en las que es necesario agarrarse a los pasamanos que hay instalados. El susto merece la pena, en cada rincón brota el agua y las vistas del valle son excepcionales. Un poco más abajo, el Cortijo del Hornillo es otra parada obligatoria. Algunas de las imágenes más famosas del Parque Nacional de Sierra Nevada corresponden a ese enclave. Desde allí, sólo queda bajar hasta comienzo de la Vereda de la Estrella, donde se pude dejar el coche. En ese punto se dan la mano el Guarnón el y San Juan para adentrarse en el Genil, pero esa, es otra historia.

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