«Aprender a esquiar es un soplo de aire fresco en nuestras vidas»

Un grupo de esquiadores del Proyecto Diverso aprovecha la fantástica jornada de ayer. /A. MOLINA
Un grupo de esquiadores del Proyecto Diverso aprovecha la fantástica jornada de ayer. / A. MOLINA

Un programa llevado a cabo por la Escuela Oficial de Esquí de Sierra Nevada, la Fundación Activa, las concejalías de deportes e igualdad del Ayuntamiento de Granada, Obra Social la Caixa y Fegradi intenta ayudar a víctimas de violencia de género a través del deporte

ALEJANDRO MOLINAGRANADA

María tiene 56 años y nunca imaginó que se pondría unos esquís. Es granadina y Sierra Nevada siempre ha estado ahí, pero hay deportes que no están al alcance de todos los bolsillos. En realidad ni María ni sus hijos han tenido muchas oportunidades para disfrutar en familia. Su situación ha sido de todo menos fácil. Es víctima de violencia de género y está luchando por reconducir su vida y la de sus hijos.

No es fácil, pero el deporte puede ayudar bastante. «Aprender a esquiar es un soplo de aire fresco en nuestras vidas, una forma de llevar nuestra mente a otra parte y olvidar lo que hemos sufrido y, por supuesto, la posibilidad de que nuestros hijos disfruten», comenta María, cuyo nombre real no se ofrece por cuestiones de seguridad como tampoco el del resto de integrantes del programa que han llevado a cabo la Escuela Oficial de Esquí de Sierra Nevada, la Fundación Activa, las concejalías de deportes e igualdad del Ayuntamiento de Granada, Obra Social la Caixa y Fegradi.

El bloque de nieve ha sido sólo el comienzo del denominado 'Proyecto Diverso para Víctimas de Violencia de Género'. Han sido dos fines de semana en los que un grupo de mujeres ha subido a la estación junto con sus hijos para iniciarse en el esquí. Una vez finalizada esta actividad darán comienzo una serie de sesiones en Granada que incluyen, entre otras cosas, clases de defensa personal y yoga.

Elena también ha participado en el programa y recuerda que los hijos necesitan mucho este tipo de actividades para normalizar sus vidas. «Suelen ser niños muy introvertidos a los que les cuesta relacionarse. Aquí, más allá de esquiar, encuentran a otros niños que han pasado por situaciones parecidas», explica Elena. «Mentalmente esto es muy bueno para nosotras porque el esquí requiere mucha concentración. Es una forma de llevar tu mente a otra cosa y desconectar por unas horas de una situación personal muy difícil», explica esta madre de familia que asegura que de una situación de malos tratos no te recuperas nunca.

«Psicológicamente estás destrozada, yo he tenido situaciones en las que me he subido en el coche y he ido hasta el colegio de mis hijos cuando no tenía que ir. No pensaba, me había convertido en una autómata. Hacer un deporte o volver a tener amigas se convierte en una odisea», relata Marta que también explica que uno de los efectos de la violencia de género es la sobreprotección de los hijos. «El primer día de esquí fue un shock dejarlos con el profesor e irnos nosotras con otro grupo, pero son pequeños retos que tenemos que ir superando», recuerda Marta.

Para la directora de la Asociación Activa de Mujeres Víctima de la Violencia de Género, Pilar Jiménez, este proyecto se enmarca dentro de las acciones de post intervención. «En ellos se persigue normalizar la vida de las personas que han sufrido estas situaciones», afirma. Según Pilar Jiménez, se trata de un doble abordaje en el que aporta mucho valor trabajar de manera conjunta con los hijos. «Son personas que llevan mucho tiempo sin hacer un tipo de actividad como esta en familia», recuerda Pilar, que también remarca el agradecimiento de esta personas a los responsables del proyecto tras su participación en el primer bloque.

 

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