Me quedo con los sentimientos

Miguel sintió a los Gitanos en la plaza Isabel la Católica./E. X. C.
Miguel sintió a los Gitanos en la plaza Isabel la Católica. / E. X. C.

ENCARNA XIMÉNEZ CISNEROS

Me quedo con María o con Pepe -imagino sus nombres- que estaban sentados en la iglesia de los Santos Justo y Pastor frente a los titulares de la hermandad de los Estudiantes. Eran parte de un nutrido grupo de una residencia de mayores que querían disfrutar a su manera de la Semana Santa. «A mí me gusta todo lo que tiene que ver con Dios», decía una señora muy emocionada.

Me quedo con Alejandro, que tiene diez años y es la primera vez que puede ver a la hermandad de los Gitanos en la calle. Antes solo era posible en el hospital y, por eso, su madre le puso delante del Cristo del Consuelo y el capataz le dedicó una 'llamá' que sobrecogía a los que allí estábamos. Emoción en Miguel, el músico ciego, que esperaba a esa misma cofradía en la plaza Isabel la Católica y que antes de que el paso llegara se descubría la cabeza para después alargar la mano y tocar a sus titulares.

Me quedo con Miguel Castillo, con años y años dedicados a la hermandad de las Penas y que se echó atrás en su decisión de no salir en filas porque, en esta ocasión, la mejor de las compañías, la de su amplia y querida familia, iba a acompañarle. Allí estaban su mujer, Pilar Martínez, su hijo Miguel Castillo, su nuera, Mari Carmen Ruiz, y su nieta, Carmencita; y también su hija, Pili, con su marido, Francisco Martínez, y los pequeños Alejandro y Francis.

Y si hablamos de familia, me dio mucha alegría encontrarme con el que fuera hermano mayor durante muchos años, José Luis Pérez Serrabona, con sus hermanos, Fernando y Javier, y con su madre Josefina González, que ha cumplido esos noventa años a los que nos encantaría llegar como ella los luce. Ahora se va a México, porque a José Luis, catedrático, le han nombrado doctor honoris causa por la Universidad de San Luis de Potosí.

Me quedo con Christian Castillo, al que vi el Lunes Santo echando una eterna 'petalá' a la salida de la Luz y el Trabajo, de cuyos titulares es vestidor. Tanto gritó a sus devociones que andaba afónico. Christian, que es también prioste de la hermandad de la Merced, pasó de la alegría a la tristeza ya que la lluvia impidió la salida de esta cofradía.

El agua que no impidió el traslado del Silencio hasta la iglesia de San Pedro y San Pablo. Y allí caras tradicionales como José Morenodávila y Margarita Angulo; y dos queridos compañeros, Justo Ruiz y Félix Rivadulla.

Y, por quedarme, me quedo con Celia y Sofía, dos jovencitas que no perdían detalle en su visita a los templos. En uno de ellos, Santo Domingo, rincón fundamental de nuestra Semana Santa, donde se preparaba la salida del Rosario, me enteraba del fallecimiento de Manuel Alcántara, toda una referencia para quienes amamos el periodismo y nos sentimos orgullo de ejercerlo.

Con tanto sentimiento como viven las calles abarrotadas donde es complicado andar y es precioso contemplar. Y saludar, como yo hice, a parte de la familia Cuerva, con Gerardo Cuerva, presidente de Cepyme, a la cabeza; al diputado de turismo, José Enrique Medina; a Jacinto Sánchez, de la Policía Local; y a la representación del colegio de abogados, con su decano, Leandro Cabrera, que estaba acompañado de José Miguel Zurita, Antonio Mir y Guillermo Padilla. Saludé a mi compañero Juanjo Ibáñez -le di abrazos para su familia y en especial a su padre Chico Barrales- y, un día más, al alcalde, Francisco Cuenca. Y vi también a la consejera Marifrán Carazo y a la directora del Patronato de la Alhambra, Rocío Díaz . Vi muchas cosas, sobre todo, sentimientos.