Un Martes Santo con siglos de historia

Un Martes Santo con siglos de historia
LUCÍA RIVAS

Las cuatro cofradías salieron a la calle en una jornada luminosa, pero la suspensión del cortejo de La Lanzada puso la nota triste al día

JORGE MARTÍNEZ

La Lanzada se queda en la Catedral

El sol brilló ayer para el santísimo Cristo de la Lanzada. La primera cruz de guía que se ponía en las calles lo hacía desde el Zaidín, partiendo por avenida de Fernando de los Ríos para adentrarse en el barrio por Aurelio López Azaústre hasta avenida de Barcelona. Anchas calles para un cortejo morado y blanco que, en buen número, acompañó ayer a sus titulares. Todo marchaba con normalidad hasta que en la calle Marqués de Gerona se produjo una rotura en el calvario del Crucificado. Se realizó la estación con las pertinentes precauciones hasta que el Cristo estaba en el interior de la Catedral. Allí el arzobispo ofreció todo tipo de facilidades para que se comprobara el grado de percance y la cofradía observó la necesidad de inmovilizar la imagen, suspendiéndose la estación de penitencia. María Santísima de la Caridad se quedó con él y hoy se podrá conocer cómo y cuándo regresarán a su sede canónica.

La imagen del Crucificado de la Lanzada, obra de Antonio Barbero, salió cuatro horas antes de la carpa  que la cofradía se ve obligada a levantar en la puerta de su templo. Fue el último año –ojalá– que así se hizo puesto que la intención de la junta de gobierno de la hermandad es iniciar las obras de construcción de una puerta para el templo en julio.

Allí estuvieron las bandas de Jesús Despojado y de María Inmaculada, de Linares (Jaén), para marchar tras los titulares que llegaron al Centro a las ocho menos cuarto para pedir venia en tribuna, después del saludo habitual a la Patrona de Granada.

Hubo un buen trabajo en las dos cuadrillas de costaleros y costaleras. Los primeros estuvieron a las órdenes de Luis Gallegos y el de palio con la mirada veterana de Francisco Carrasco y varias cuadrillas de costaleras que tiene la Virgen de la Caridad.

El Vía Crucis fue la primera hermandad

La primera cofradía en realizar estación penitencial en la Catedral fue la del Vía Crucis. La principal novedad en cuanto a horarios en esta Semana Santa era esta, la inauguración del Martes Santo por la hermandad de Jesús de la Amargura y Nuestra Señora de los Reyes, frente a lo tradicional de la Lanzada abriendo la jornada en Ganivet. Salió la cofradía a las cinco menos cinco de la tarde desde la capilla anexa a la iglesia de San Juan de los Reyes. Desde el interior del templo partió la comitiva religiosa con la música de capilla delante del primer paso, de la banda de las Tres Caídas, y la de los Ángeles detrás del palio de la Virgen de los Reyes con sus marchas de carácter serio y clásico. Sonaba ‘Mater Mea’, ‘Soledad dame la mano’ o ‘Ione’, entre otras, para este palio de cajón, perfectamente recogido en el diseño decimonónico de la Virgen, vestida por Enrique García. En la salida del palio se estrenó la marcha ‘Nuestra Señora de los Reyes’, de Cristóbal López Gándara.

El sol acariciaba el rostro del Señor de la Amargura por calle San Juan de los Reyes y el carisma de la hermandad era sorprendente por espacios tan granadinos como el Paseo de los Tristes o la Carrera del Darro.

Esperanza con su diadema

La Virgen de la Esperanza se presentó ayer de otra manera. Faltaba su corona que el taller de Villarreal realizó en el año 1991 y se sustituyó por una diadema que regalaron unos hermanos hace unos meses y con la que se le venera durante todo el año en el tabernáculo de San Gil y Santa Ana. Se va acercando la fecha de su coronación canónica el 13 de octubre y su junta de gobierno quiso significar así que era la última ocasión en la que la Virgen salía en Semana Santa sin este rango canónico. La rosa jade inundaba el paso de palio de la ‘Niña de Santa Ana’ mientras que el iris morado se tendía a los pies del Nazareno del Gran Poder.

La música en esta cofradía es también ya veterana y de categoría. Era su propia banda de cornetas y tambores la que marchaba tras el Gran Poder y que interpretó, nada más salir y detrás del himno nacional, ‘Soberano de Santa Ana’, ofreciendo una sinfonía de composiciones clásicas de este tipo de formación y otras actuales, propias de la banda. Tras el palio, la veterana banda de El Viso del Alcor (Sevilla).

Sobriedad de Humildad y Soledad

Alas siete y cuarto de la tarde se abrieron las puertas de Santo Domingo para dejar pasar la última cofradía del Martes Santo. Era la del Señor de la Humildad, con la cuadrilla mandada por Alberto Ortega como capataz general. El clavel rojo y la rosa presidieron los pasos de esta cofradía del convento de los dominicos que alcanzó la calle Ángel Ganivet casi a las nueve de la noche. Por Carnicería subió hasta la plaza de Fortuny para adentrarse en el barrio de San Matías y acceder al itinerario oficial de todas las hermandades.

Fue un cortejo sobrio en su presentación, con túnicas negras y capillos morados inundando calles y plazas del recorrido, con la soberbia presencia del paso de misterio del Señor y con la elegancia y belleza del de la Virgen de la Soledad dominica. En el regreso, ya próxima la medianoche, la cofradía volvió a su sede realejeña, envuelta en el calor que desprenden las partituras de su agrupación musical, dirigida por Felipe Cañizares, y la banda de Armilla, tras el paso de la Virgen.

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