Cinco motivos como un castillo para dejarse sorprender por Íllora

El guía del castillo, Juan Peña, explica la inscripción árabe que se ha descubierto en el Castillo. /M. Navarrete
El guía del castillo, Juan Peña, explica la inscripción árabe que se ha descubierto en el Castillo. / M. Navarrete

La apertura de la fortaleza nazarí, con siete mil visitantes en apenas cinco meses, ha supuesto una revolución turística para el municipio del Poniente

Mercedes Navarrete
MERCEDES NAVARRETE

Tras seis años de titánica restauración y toda una vida de espera, el castillo árabe de Íllora, el 'ojo derecho' del sistema defensivo del antiguo Reino de Granada, está abierto al público. El anhelo de generaciones de ilurquenses que han soñado con un castillo que pudiera visitarse es ya una realidad. La apertura del castillo ha supuesto una auténtica revolución en la oferta turística de este municipio del Poniente granadino, famoso por albergar la finca del duque de Wellington, conocida como la torre de los ingleses.

El castillo ha supuesto un aldabonazo para un pueblo que, por fin, empieza a ser consciente de lo mucho que tiene que enseñar. Íllora siempre ha sido una gran desconocida para los turistas y su capacidad de crecer en este campo es brutal. Ahora el visitante que llega con pocas expectativas se lleva la grata sorpresa. Cinco motivos como un castillo para descubrir Íllora, a apenas treinta minutos de la capital granadina por la carretera de Córdoba.

Visitantes en el castillo de Íllora. / Mercedes Navarrete

1. Un castillo que se vive

Las visitas al castillo de Íllora están siendo un éxito. Siete mil visitantes en apenas cinco meses (lo que los baños árabes de Baza, por ejemplo en todo el año) y listas de espera para los fines de semana y festivos dan una idea de la gran expectación que ha generado la apertura de la fortaleza nazarí.

Destierre la idea de un recorrido aburrido entre piedras. La visita, gratuita y que cuenta con guías locales de lujo, transporta al visitante al antiguo Reino de Granada e invita a vivir el castillo.

«Los expertos que han realizado la restauración han confirmado que es el yacimiento arqueológico puesto en valor, visitable y con accesibilidad, con mayor entidad de la provincia de Granada», asegura Juan Peña, unos de los guías de las visitas gratuitas que organiza el Ayuntamiento de Íllora.

No hace falta ser un experto en historia para disfrutar el recorrido por el castillo, donde los visitantes aprenderán qué es una entrada en recodo, cómo se defendían sus habitantes, cómo conseguían llevar el agua desde la sierra o las sorpresas que esconde, como una misteriosa inscripción en árabe que están estudiando en la UGR. También historietas como la de los cuatro días de asedio al castillo por las tropas de los Reyes Católicos capitaneadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, uno de los primeros episodios de la guerra moderna por la utilización de la artillería.

«Se ha actuado en 3.000 metros cuadrados y se ha restaurado el 30%. Los expertos dicen que se ha hecho mucho con el presupuesto. Y todos coinciden en que al castillo le queda mucho por descubrir. Se sacaron 120.000 toneladas de escombros y se metieron 90.000 toneladas materiales para la restauración», apunta el guía local.

El castillo de Íllora puede visitarse todos los días, de diez a doce. Las visitas con guía de lujo son gratuitas y hay que reservarlas en la oficina de turismo o en este móvil 672 15 27 66 .

El interior de la iglesia de Íllora en una imponente imagen del fotógrafo local Fran Díaz y dos fotos del día de la boda de la hija del Duque de Wellington en la iglesia de Íllora. / Fran Díaz y Efe

2. Una iglesia que enamora

La imponente iglesia de la Encarnación es el segundo gran motivo que, ya por si solo, hace que visitar Íllora merezca la pena. La boda, en mayo de 2016, de la hija del duque de Wellington Lady Charlotte Wellesley, con el acaudalado empresario colombiano Alejandro Santo Domingo proyectó al mundo la maravilla de la que los ilurquenses han presumido siempre. Del Siglo XVI y obra del arquitecto Diego de Siloé, la 'pequeña catedral' ilurquense alberga obras artísticas de la escuela de Alonso Cano y de Bocanegra. También la talla barroca de un cristo que enamoró a la hija del duque de Wellington, que financió la restauración de la obra.

Los amantes del arte disfrutarán la visita que también puede ser toda una aventura en familia si se sube por la escalera de caracol de proporciones aúreas hasta la torre del campanario. La Plataforma prorestauración de la iglesia de Íllora consiguió arreglar la torre del campanario -con alucinantes vistas pero no apta para los que tengan miedo a las alturas- así como el arreglo de las esculturas de los medallones de las puertas de la Gloria y San Pedro.

Para ver la iglesia también hay que dirigirse a la oficina de turismo que organiza las visitas.

3. El palacete mejor conservado del Poniente

Tras visitar la iglesia hay que hacer un recorrido obligado por las calles del entorno y pasear por las empinadas callejuelas del Casco antiguo.

En la calle Real, muy cerca de la iglesia, está la casa señorial Márquez, un palacete del Siglo XIX considerado por la Asociación frontera del Poniente granadino como la más atractiva de la comarca, por su estado de conservación. La casa es privada pero en el área de Turismo también han conseguido que pueda visitarse para los grupos que tienen interés en algunas ocasiones.

Otro de los 'inventos' del área de Turismo son las visitas al cementerio de Íllora. «Les damos un enfoque sociológico, explicamos los tipos de enterramientos en función de las clases sociales, la historia y curiosidades», comenta el guía local Juan Peña. Se hacen de noche, en grupo, duran poco más de una hora y también hay que solicitarlas en la oficina de Turismo.

Deportistas del club ciclista local, Gallipatos de Parapanda, en una ruta por la sierra. Imagen general del pueblo y una foto aérea de uno de los treinta cortijos y casas rurales que se alquilan en Íllora. / IDEAL y Fran Díaz

4. La sierra Parapanda, paraíso de ciclistas y senderistas

Las Sierras de Parapanda y Madrid que coronan Íllora y son unos de los montes mediterráneos mejor conservados de la provincia esconden a su vez mil motivos para visitarlas. Son el paraíso para los amantes de la naturaleza y de los deportes al aire libre.

Desde Área de Deportes de Íllora invitan a descubrirla a pie, en bici o a caballo y sugieren, por ejemplo, la ruta Ramos-Morrón, diez kilómetros de recorrido con cuatro de alta montaña que permiten coronar el pico más alto de la sierra Parapanda. «Las vistas desde la caseta del guarda son paralizantes», aseguran desde el área de Deportes.

«El silencio es total, se puede descubrir fauna como búhos reales y en una ruta de solo diez kilómetros se alcanzan 1.600 kilómetros de altitud con un perfil suave y un un sendero de un escaso kilómetro que merece la pena afrontar por la recomensa», invitan.

5. Treinta cortijos y casas rurales para perderse

La red de alojamientos rurales del pueblo es también, por si mismo, otro motivo para escaparse un fin de semana a Íllora. El pueblo por fin está viendo en el turismo rural un motor de desarrollo y ha puesto en el mapa una oferta que refuerza la del Poniente granadino, con Montefrío como buque insignia.

Las treinta casas rurales y cortijos disponibles para alquilar, la mayoría en plena sierra, con piscina y perfectamente equipadas, pero muy cerca del pueblo, son espacios perfectos para desconectar en familia o en grupo de amigos y para que los más pequeños de la casa estén en contacto con la naturaleza. Un paraíso natural a apenas treinta minutos de la capital granadina.

Las principales pueden encontrarse en la web de la asociación de casas rurales de Íllora http://www.cortijosdealandalus.com/

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