Tres años

No atentes nunca contra el voto de otra persona, porque no hay un voto mejor que otro

MANUEL VILAS

Nos conviene a todos desdramatizar la democracia. La gente vota lo que le da la gana. Y así es la vida, y así es la hermosura de la vida. No atentes nunca contra el voto de otra persona, porque no hay un voto mejor que otro. Ya es bien patético que a estas alturas tenga uno que decir esto: que todos los votos son iguales y valen lo mismo. Es legítimo que no te guste lo que la gente vota, y tienes derecho a decirlo mil veces, o cien mil veces, pero no tienes derecho a considerar que tu voto es mejor que el de tu vecino. Por eso creo yo en la democracia, porque es bondadosa, porque considera que somos iguales, y eso también tiene belleza. Que la gente vote lo que le dé la gana. Si los gobiernos elegidos gobiernan mal, dentro de cuatro años el pueblo puede cambiar lo que votó.

Cada cuatro años se vota. Casi sería mejor hacerlo cada tres años. Creo que cuatro son demasiado. Tres sería mejor, porque el mundo ha cambiado. Ahora todo es más veloz. Elecciones cada cuatro años tenía sentido en un mundo lento. Pero ahora ya se pueden pedir responsabilidades de una gestión después de tres años, porque si en tres años no has sabido cambiar nada, no creo que lo vayas a hacer en el cuarto. Creo que el cuarto año en el poder apoltrona a los políticos. Creo que el cuarto año es de vacaciones. Una democracia que redujera en un año los mandatos sería innovadora, vanguardista, y útil para los ciudadanos. Una democracia con examen electoral a los tres años exigiría más laboriosidad a los políticos, más entrega, más eficacia, fichar más horas. Y podríamos utilizar la palabra trienio, que es muy hermosa y muy precisa. Se utiliza más que la palabra cuatrienio, que no usa nadie.

La vida laboral se mide en trienios. El misticismo cristiano era trinitario. El marxismo también lo era: tesis, antítesis, y síntesis. Lo que vemos es trino: el sol, la tierra y la luna. Los Beatles en realidad fuero tres, porque el cuarto, que era Ringo Starr, siempre estuvo de adorno. Si las presidencias de gobierno duraran tres años los ciudadanos mandaríamos más. La posibilidad de cambiar gobiernos, alcaldes, ministros en menos tiempo revolucionaría la política, la haría veloz. No hay ninguna ley matemática ni física ni ninguna fuerza de la naturaleza que avale la duración de cuatro años de las legislaturas. Esa teoría de los cuatro años la inventaron los profesionales de la política. Dijeron que cuatro años era un espacio de tiempo necesario para afianzar la labor de un gobierno, pero eso lo dijeron cuando no existía internet ni los viajes en AVE ni los teléfonos inteligentes. Si la vida es veloz, veloz tendría que ser el progreso, la justicia y la modernidad. En los tres próximos años el mundo cambiará, y nosotros tendremos que esperar a un cuarto para volver a votar.