Sánchez debe decidirse

Las circunstancias políticas, económicas y sociales no permiten que aspire a la presidencia del Gobierno desde el eclecticismo

El preacuerdo alcanzado entre el PSOE de Navarra, Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra para la gobernación de la Comunidad Foral es el tercer pacto autonómico que los socialistas establecen hacia su izquierda y en sintonía con formaciones nacionalistas, después de los suscritos en la Comunidad Valenciana y Baleares; a la espera de lo que ocurra en Aragón, Asturias y La Rioja, y con la excepción de Castilla-La Mancha. El pacto liderado por María Chivite en Navarra parece abocado a un gobierno de coalición que, Sanfermines mediante, se materializaría después de las sesiones previstas para la investidura de Pedro Sánchez en la cuarta semana de julio. Pero su naturaleza contravendría los cuatro principios a los que se remite Pedro Sánchez a la hora de perfilar la gobernabilidad de las instituciones: respetar la preeminencia de la opción electoral que cuente con más escaños, gobernar en minoría si la alianza suscrita no alcanza la mayoría parlamentaria, no depender del independentismo, y dejar a EH Bildu fuera de cualquier compromiso de estabilidad. La verosimilitud del pacto expreso entre las izquierdas y el nacionalismo vasquista en Navarra la ha hecho posible en un entorno general de confrontación entre bloques. El anuncio de su logro el viernes anterior a San Fermín no es casual ni inocuo, puesto que la gran fiesta contribuirá a asentarla como estado de opinión. La probabilidad de que la designación parlamentaria de Chivite como nueva presidenta de Navarra tenga lugar después del 25 de julio concederá a Sánchez un leve margen argumental para desentenderse, de cara a la investidura, de lo que la organización navarra del PSOE resuelva para la Comunidad Foral. Pero, en tales condiciones, el presidente en funciones corre el riesgo de deslizarse hasta la farsa si insiste en emplazar al PP, a Ciudadanos y especialmente a UPN para que se abstengan y procuren su investidura. Las reservas que el socialismo de Pedro Sánchez alberga respecto a Unidas Podemos pueden ser comprensibles; pero no le facultan para eludir sus responsabilidades, a la espera de que el conjunto del arco parlamentario se avengan a asegurar un gobierno monocolor «sin ataduras» presidido por él. Es a Sánchez a quien le corresponde decidirse, sin divagaciones ni evasivas, sobre el programa de gobierno que pretende llevar adelante y los socios que precisaría para ello. Las circunstancias políticas, económicas y sociales no permiten que el secretario general del PSOE aspire a la presidencia del Gobierno de España militando en el eclecticismo.