Puestos a apostar...

Se están aceptando envites sobre la identidad del ocupante del Trono de Hierro al final de Juego de Tronos

JUAN GÓMEZ JURADO

Vaya por delante que no me gustan las apuestas. No solo desde el punto de vista ético y moral, ya que las casas de juego, las loterías, las quinielas, los casinos y las tragaperras se ceban en los más pobres y los más incultos. No, también desde lo personal, porque las dos veces que he probado el juego (en sendos casinos, y gastándome un total cien euros cada vez) he ganado. Y ganar es lo peor que le puede pasar a alguien en un casino cuando va. Aún recuerdo el subidón emocional con tanta nitidez (y hace siete años de la segunda y última vez) que me produce de nuevo vértigo. Porque puedes intuir las cuchillas de afeitar introducidas con sumo cuidado dentro de la manzana de caramelo.

No me gustan las apuestas, pero una noticia relacionada con las casas de apuestas londinenses me ha hecho sonreír. Y es que se están aceptando envites sobre la identidad del ocupante del Trono de Hierro al final de Juego de Tronos, cuyo último episodio se emitirá en la madrugada de mañana a pasado. Bran Stark es el favorito en las casas de apuestas, según un promedio tomado de tres firmas recogidas en Oddscheker, con un 25% de probabilidades entre los 15 personajes principales. Le siguen Sansa Stark (22%); Gendry, el hijo bastardo del fallecido Robert Baratheon (13%), Jon Nieve (12%) y Arya Stark (7%). Quedan muy pocas horas para conocer el desenlace, y seguramente habrá quien gane mucho dinero con esto –las casas de apuestas, evidentemente– y muchos desencantados –todos los demás, incluso los que ganen, porque el que gana piensa que debería haber apostado más–. Pero hay algo muy positivo en la noticia.

El hecho de que una serie de televisión, de que un producto cultural –y extraído de un nicho como el fantástico– se convierta en motivo de especulación mundial, es algo maravilloso. Bien por el señor Martin, el hombre que ha colocado a la fantasía en el centro de la cultura mainstream. Tiene a un planeta entero pendiente de que les cuentes el final de una saga épica que ha acercado al género a millones de personas que no sabían lo que era antes de sentarse por primera vez cerca de una historia de familias, muertes, sexo y dragones.

Por una vez está bien que no se canalice toda la conversación hacia quién levantará la Champions League (el Barcelona no), sino que importe más quién se sentará en el legendario trono hecho de espadas. Sueño con un mundo en el que un producto cultural acapare toda la conversación y las portadas de los periódicos, porque ese sería un mundo de gente más fuerte, más inteligente y más feliz que uno en el que el mínimo común múltiplo es una esfera de cuero.