Presidencias solventes

Batet y Cruz no pueden aparecer como meros recambios de la 'operación Iceta' cuando les corresponde encarnar al Estado

La propuesta de la ejecutiva del PSOE para que Meritxell Batet sea elegida presidenta del Congreso y Manuel Cruz del Senado es la réplica con la que Pedro Sánchez ha querido afrontar el revés que le supuso el veto de la mayoría independentista del Parlamento catalán a la designación de Miquel Iceta como senador autonómico. Pero resulta del todo inconveniente que quienes a partir del próximo martes vayan a encarnar la tercera y la cuarta autoridad del Estado accedan a tan relevantes funciones públicas como si su nombramiento fuera poco más que un golpe de efecto en el particular pulso que Sánchez y su partido mantienen con la formación de Junqueras y Rufián. Por eso es imprescindible que los mismos proponentes realcen la solvencia personal, profesional e institucional de la hoy ministra de Política Territorial y del catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, cuya trayectoria política y académica les sitúa entre los electos más idóneos para presidir los órganos de gobierno de las Cortes Generales tras escrutinio del 28-A. Su nombramiento debería trascender los condicionantes electorales del momento. El hecho de que dos catalanes federalistas pasen a representar al Estado constitucional adquiere un doble significado: transmite a los ciudadanos de Cataluña la señal de que hay una manera de representar sus intereses muy distinta al independentismo y proyecta hacia el resto de los españoles la idea de que el Estado de las autonomías cuenta con un horizonte de desarrollo. Pero su papel ha de ceñirse a sus obligaciones institucionales, que no son otras que preservar la independencia del Poder Legislativo, procurar la máxima agilidad en su tarea normativa y garantizar el control que ambas Cámaras han de ejercer sobre el Poder Ejecutivo. Todo ello, asegurando la iniciativa de los distintos diputados y senadores, y de sus respectivos grupos parlamentarios. Desde el momento en que Batet y Cruz asuman la presidencia de las dos Cámaras, deberán sustraerse a su adscripción partidaria, ateniéndose a la aplicación del reglamento parlamentario en un foro eminentemente plural. El acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos sobre la distribución de la Mesa del Congreso y la abstención de Ciudadanos pedida por los socialistas para facilitar la investidura de Pedro Sánchez son una muestra elocuente de las contradictorias situaciones a que deberán enfrentarse las Cámaras y sus respectivas presidencias en la nueva legislatura.