El precio de la investidura

Pedro Sánchez parece creer que la Presidencia del Gobierno ha de salir gratis sin ofrecer contrapartidas para un acuerdo

A una semana justa de que comience la incierta investidura de Pedro Sánchez, los actores en cuyas manos está la estabilización del país se han enrocado en posiciones que, de no evolucionar, podrían conducir al estancamiento y a nuevas elecciones generales en noviembre, con lo que habríamos obligado a los electores a acudir a unas elecciones generales cuatro veces en menos de cuatro años. Lo desconcertante es que ni el partido ganador el 28-A, encargado de conseguir la investidura a partir de su minoría mayoritaria, ni las demás formaciones de las que depende que el candidato consiga la presidencia parecen dispuestos a moverse de su posición para conseguir el objetivo. En concreto, Sánchez, que ha perdido semanas sin efectuar una verdadera oferta programática, parece creer que la Presidencia del Gobierno ha de salirle gratis, sin que tenga que ofrecer contrapartidas a las formaciones contiguas con las que no tiene más remedio que contar. Con respecto a Podemos, se niega con razones muy inteligibles –y parece que compartidas por toda su familia ideológica– a formar con Iglesias un Gobierno de coalición, por falta de confianza mutua y porque Unidas Podemos ha mostrado actitudes incompatibles con la esencialidad constitucionalista que hoy representan los viejos partidos del antiguo bipartidismo; sin embargo, si Sánchez quiere los votos de Unidas Podemos, no tendrá más remedio que ofrecer contrapartidas programáticas, como hizo por ejemplo Antònio Costa a quienes apoyaron su Gobierno portugués en minoría. En este enrocamiento, Sánchez ha encontrado la horma de su zapato en Rivera, quien ya ni siquiera acude a las citas para intentar negociar un acuerdo que parece natural a un sector relevante del electorado y que tiene un precedente cercano en 2016. La ciudadanía no entendería, en fin, que haya nuevas elecciones cuando es patente que el PSOE puede perfectamente formar Gobierno por su derecha y por su izquierda (en este último caso, con otros apoyos o abstenciones). Naturalmente, los acuerdos de investidura son onerosos, cuestan esfuerzo y desgaste, pero están en la propia naturaleza del sistema que nos hemos dado. Y negarlos es traicionar el espíritu de los constituyentes y someter al país a un zarandeo que no nos merecemos los españoles.