Un 28-A plebiscitario

Tras dos debates consecutivos, con dos bloques irreconciliables, los ciudadanos se ven abocados a elegir entre la izquierda y la derecha

Un 28-A plebiscitario
EP
IDEAL

Los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno apuraron ayer sus argumentos de campaña en un segundo debate, a falta de tres jornadas hábiles para recabar el voto. Las encuestas publicadas y los encuentros televisados demuestran que la cuestión central no es cuál será la primera fuerza, sino la mayoría de gobierno que surja de las elecciones del domingo. Aunque el desarrollo de los debates sigue remitiendo a los ciudadanos a la inestabilidad que han conocido desde las generales de 2015 hasta la fecha, en cuanto a la dificultad que las distintas formaciones muestran a la hora de encauzar la fragmentación partidaria hacia una gobernabilidad acordada, viable y duradera. El debate de ayer evidenció las diferencias que existen en materia fiscal, de empleo y de política social entre el PP y Ciudadanos por una parte, y el PSOE y Unidas Podemos por la otra. Pero los problemas que aquejan a la sociedad española, y especialmente a los sectores menos favorecidos, no pueden afrontarse con solvencia recurriendo únicamente a mayorías de gobierno sobre la Administración Central, cuando ésta se presume por lo menos trabajosa, si no alcanza al resto de las instituciones en el Estado autonómico. Pedro Sánchez mostró su deseo de conformar un Ejecutivo monocolor, contando con independientes expertos, al tiempo que Pablo Iglesias subrayaba las condiciones de su incorporación a una mayoría de izquierdas. Mientras tanto, Albert Rivera perseveraba en señalar sus diferencias de orden ideológico respecto a Pablo Casado, dando por supuesto que su alianza es la alternativa a la continuidad del socialismo de Sánchez en el Gobierno. El 28-A adquiere, tras dos debates consecutivos entre los cuatro principales candidatos, el carácter de un plebiscito entre dos posibles mayorías de gobierno. Entre la izquierda y la derecha, sea cual sea la opción partidaria de cada votante. El transcurso de la campaña ha reducido las posibilidades de un reencuentro entre Sánchez y Rivera por una incompatibilidad mutua, más acusada en el caso del líder de Ciudadanos. El riesgo inminente es que, en un clima de notoria confrontación entre los próximos grupos parlamentarios, el país vuelva a empantanarse en la inestabilidad. Si acaso sujeta a los avatares que atraviese el independentismo catalán. No porque los ciudadanos se muestren diversos en las urnas, sino porque los partidos sean incapaces de alcanzar acuerdos en la pluralidad. Porque, al final del debate, quedaron en el aire el independentismo catalán y la izquierda abertzale.