Hoy es Nochevieja

El inicio de las vacaciones de verano marca el final verdadero del año

Hoy es Nochevieja
Javier Martín
fernando fedriani
FERNANDO FEDRIANI

En la ciudad de Granada hoy termina el año. En otros sitios ha finalizado ya. En alguno, remoto y de cómputo lento, sucederá mañana. Me planteo ponerme ropa interior roja, comer lentejas o, meramente y para darle largas a este largo periodo, inventar alguna tradición nueva para celebrar la muerte de lo viejo. Desde que tengo uso de razón, la vida la vivo en cursos y no en años. Pero los años y los cursos vienen a ser lo mismo. Por tanto, y por ese motivo, nos disponemos a vivir la última mañana de clases. Nos disponemos a despedir, por lo tanto, el último día de este año.

El acto solemne de apertura de las piscinas ya ha prorrumpido, y son varios los focos de gritos en el vecindario. En los grandes almacenes venden libros de vacaciones, de esos de actividades que los niños hacen solo tres días, y algunos libreros pequeños promocionan ya el trueque de chequelibros por volúmenes. Prisa no hay. ¿Para qué querrán los niños los libros del próximo curso? Queda, por fortuna, un largo verano por delante y ya en septiembre, que las cosas se ponen en pie con ternura y de manera lenta, los materiales podrán ser preparados.

Los niños regresan con sus padres. Los docentes nos vamos de vacaciones. Pero la ciudad se va quedando vacía de universitarios, el calor nos expulsa hacia la costa y todo se viene a menos. El turismo copa los lugares de interés, dejando de ser la ciudad de los que pagan el IBI en ella. Aquí, muy pronto, la oferta cultural quedará reducida a tres o cuatro líneas en la prensa marginales, prensa que también irá dándole vacaciones a sus columnistas y editores.

Cuando llega el final de diciembre el tránsito de un día con el otro solo lo matizan un par de días festivos. Sin embargo, junio lo cambia todo. El final de las fuerzas y de las agendas escolares, nos precipita en un mar de dos meses y en dos meses de mar. El final verdadero del año llega hoy y están equivocados todos los que lo celebran con las campanadas de Madrid.

Toca hacer balance consecuentemente. Cuando los alumnos se marchen, al terminar la mañana, me quedaré con el síndrome del nido vacío, unos segundos solo. Luego tocará regresar a las memorias y al papeleo. Les deseas un buen verano y esperas, con las fuerzas agotadas, poder recibirlos en septiembre, volver a verlos, y sentirte plenamente recuperado cuando eso suceda.