Morir en acto de servicio

Es mejor ignorar el reloj vital como le ha ocurrido a un ciudadano francés que se le paró el segundero al sufrir un infarto de miocardio mientras practicaba el fornicio con una dama encontradiza

JOSÉ MARÍA GUADALUPE

Esas pruebas médicas que se vienen experimentando para saber cuando descansaremos en paz, deben ser psicológicamente un tormento innecesario para el paciente aunque para la ciencia signifiquen un avance importante en el campo de la investigación.

A mi juicio, ignorar la fecha de caducidad produce cierta tranquilidad, dentro del desasosiego que nos genera a diario nuestra propia fragilidad humana. Es mejor ignorar el reloj vital como le ha ocurrido a un ciudadano francés que se le paró el segundero al sufrir un infarto de miocardio mientras practicaba el fornicio con una dama encontradiza. El hecho en sí no sería noticia porque no es el primero, ni será el último varón que muere al pie del cañón como los buenos artilleros. Hay corazones que no aguantan la intensa emoción furtiva del imeneo adúltero. La noticia ha saltado a la prensa –aunque el incidente se produjo en 2013– porque, supongo, que los familiares del finado han venido pleiteando para que la justicia gala determine que la muerte se produjo mientras trabajaba. Es decir, 'causa mortis' como accidente de trabajo.

La resignada cornuda viuda e hijos no olvidarán al occiso porque el tribunal de apelaciones ha dictaminado que el follisqueo –vocablo de La Manchuela– es un acto de la vida cotidiana –ajá– como comer o ducharse y todo empleado que se encuentra en un desplazamiento de trabajo, como era el caso del finado, lo asiste la seguridad social francesa. Como accidente de trabajo no será el estado sino la empresa privada la que sufrague la pensión correspondiente a la afligida familia.

En definitiva que, según el tribunal francés, asocia o compara un casual, impulsivo y efímero acto sexual, con quien sea menester, con el hábito de fumarse un cigarrillo, lavarse los dientes, tomarse un café, asearse o hacer de cuerpo, por lo que, dentro de la unidad europea, los sindicatos, siempre prestos a socorrer a la clase obrera, deberían reivindicar legislaturas como las que disfrutan los vecinos transpirenaicos en nuestra seguridad social.

¿Cuántas criaturas han fallecido en similares circunstancias y las desconsoladas viudas han quedado desoladas y abatidas presas del infortunio? En España, UGT y CC OO, y otras organizaciones sindicales que quieran unirse, deberían solicitar al gobierno, cuando lo haya, modificar o añadir algún artículo a nuestra ley de la Seguridad Social en la que quede palmariamente claro que la fornicación en horario laboral o en horas extraordinarias y desplazamientos es un acto habitual y que en caso de súbito fallecimiento durante el coito, independientemente del sexo o identidad de la pareja, sea considerado como accidente laboral, por lo que sus deudos tendrán derecho a una pensión vitalicia que será remunerada por la empresa contratante.

Ya va siendo hora.