Mira lo que has hecho

La comedia habla a la inteligencia y al pensamiento, aunque si no quieres pensar, al menos, te ríes

Mira lo que has hecho
EFE
JUAN GÓMEZ JURADO

Hay algo extraño en la comedia. Un componente de ligereza, sutil, evanescente, volátil. Quizás porque confundimos la comedia con la risa, y cualquiera nos puede hacer reír. El gracioso de la clase, el cuñado en la boda. El pescadero, con un voceo particular, ancestral, que conecta con las plazas del medievo en las que saltimbanquis y juglares cambiaban carcajadas por sobras y mondas de fruta. El grito del tendero anunciando su mercancía no ha cambiado, ni los mecanismos por los que se activa la risa. Ese balbuceo lúdico, instintivo, contagioso, estereotipado y de control inconsciente –o involuntario– que raramente se produce en soledad. El resbalón sobre la piel de plátano, el pedo y el pastel de nata en la cara siguen funcionando y seguirán haciéndolo mientras sigamos siendo animales.

La risa, sin embargo, no es comedia. Cuando mi compañero Juan Pablo Gutiérrez enseñaba el culo en 1º de EGB, no hacía comedia. Poca distancia hay entre ese comportamiento y el de un bonobo agitando sus partes colgando de una rama. Cuando tu cuñado repite un chiste en una boda, un chiste que él no ha inventado, no hace comedia. Cuando el pescadero hace un juego de palabras con lo grandes y ricas que están estas colas de merluza, no hace comedia. Solo hace reír a las señoras de mediana edad, que volverán a comprar a este hombre tan simpático tal y como hacían sus tatarabuelas con su tatarabuelo.

La comedia auténtica es otra cosa y está en otro sitio

La reflexión lúcida de la realidad y la condición humana, la radiografía precisa de nuestra alma, el absurdo de la existencia envuelto en azúcar, eso es la comedia. Es sencillo quitarse al cómico de encima con un manoteo, como el que aparta una mosca. Pues hay un componente de ligereza, sutil, evanescente, volátil, en la comedia. Parece solo risa.

'Mira lo que has hecho', la serie de Berto Romero, cuya segunda temporada se estrenó ayer en Movistar, es comedia de alto octanaje. No solo por la calidad de su guión y la fuerza de su propuesta, por el análisis que hace de la vida en pareja, de la paternidad y de los peajes que se cobran unos y otros. También por el certero y aplastante viaje que realiza, transitando en la zona incómoda y crepuscular que bordea realidad y ficción, mentira y discurso, ser y parecer, percepción y esencia. Es, simplemente, la mejor serie de comedia que se ha hecho jamás en nuestro país. Larry David y Ricky Gervais tienen mucho que envidiar a Berto Romero, aunque a todos ellos sea sencillo quitárselos de encima con un papirotazo y un encogimiento de hombros. Porque la comedia habla a la inteligencia y al pensamiento. Aunque si no quieres pensar, al menos, te ríes. Que no es poco.