Mingitorios

«La colocación de mingitorios adecuados para estos animales no eliminaron el problema, dado que ellos tienen sus propios criterios a la hora de levantar la pata»

Mingitorios
Juan Teruel
JUAN TERUELAlmería

El ayuntamiento de Almería se ha tomado en serio eso de orinar en la calle. Parece ser que está decidido a que el mal olor que supone para la ciudad ese comportamiento se elimine lo más posible (caso de los perros), o se evite (caso de los humanos). Por eso y para solucionar el rastro maloliente que dejan los canes, el Ayuntamiento ya tomó medidas: diluir el orín con agua y vinagre. Para contener el vaciado de las vejigas de los racionales, no cabe recomendar lo mismo. Así que multa que te crió. Y todos contentos, principalmente los vecinos de las zonas afectadas.

Tengo que añadir que la decisión tomada en Almería con respecto a los animales de compañía ha surtido efectos inmediatos, y ya se ve por las calles a los dueños con sus botellitas de líquido para rociar los orines perrunos. Es más, en ciudades como Sevilla se ha copiado la iniciativa almeriense y también se anuncia la aplicación del procedimiento.

Dicho esto, ya nuestra institución capitalina saca pecho dando datos de los resultados que se van obteniendo: buen número de multas por ambos conceptos. De modo que la recaudación funciona, que suele ser así siempre que se prohíbe algo.

El caso es que a un servidor todo esto no termina de convencerlo. Verá usted. En cuanto al problema que supone en las ciudades la huella pestilente que van dejando los perros por las calles, se han intentado medidas que no han dado resultado. La colocación de mingitorios adecuados para estos animales no eliminaron el problema, dado que ellos tienen sus propios criterios a la hora de levantar la pata –o de agacharse, en el caso de las perras–, sin respetar los lugares destinados para ello. Tal vez sea porque se instalaron pocos y en lugares no frecuentados por los animalitos. Pero tampoco es cosa de sembrar la ciudad con estas instalaciones. El caso es que los dispositivos tuvieron que ser retirados dada su inutilidad. Y ya no se han vuelto a producir nuevos intentos de atajar el problema. Así que se comprende que, hasta que los expertos den con la fórmula eficaz –algo muy difícil, se me antoja–, la propuesta ya en vigor en nuestra ciudad parece adecuada.

Otra cosa es la de los orines humanos. Y es que, si la gente tiene que salir de casa y alejarse de ella durante varias horas, debería disponer de un lugar donde solucionar sus urgencias. El caso es que antes existían urinarios gratuitos, pero se suprimieron sin más. Somos los mayores los que necesitamos vaciar nuestras vejigas con mayor frecuencia pero no creo que sea esta población la que se alivie a la intemperie. Nosotros aprovechamos los urinarios de los centros comerciales o entramos en el bar aunque tengamos que pagar un café.

El problema se sitúa probablemente entre los jóvenes y más si se dedican a beber en plena calle. La solución, que no ha dado resultado, ha sido instalar cabinas de pago. Tal vez debería volverse al sistema de los urinarios púbicos gratuitos. Hasta que se eduque mejor a los ciudadanos. La Educación, otra vez.