Medir las palabras

Estamos en precampaña electoral y no se ha escuchado casi ninguna idea digna de ser valorada

El secretario general de CC.OO en Madrid explica las propuestas de CC.OO. y UGT ante las elecciones generales del 28 de abril/EP
El secretario general de CC.OO en Madrid explica las propuestas de CC.OO. y UGT ante las elecciones generales del 28 de abril / EP
DIEGO CARCEDO

Cuando era niño me advirtieron, no recuerdo si en la escuela, en la catequesis o en ambas, de que había que tener cuidado, mucho cuidado, con la lengua. Una palabra que sueltas es como un vaso de agua que derramas: ya no la podrás recuperar. Y, efectivamente, aunque a uno aquellas advertencias también se le han olvidado muchas veces, hay que tener mucho cuidado cuando se habla; siempre hay que medir las palabras y más cuando se convierten en frases y se exponen en público.

Los políticos contemporáneos seguramente no han escuchado esas lecciones que, sí, hay que reconocerlo, huelen a alcanfor, pero la experiencia cotidiana nos demuestra que siguen teniendo utilidad. Estamos en precampaña multielectoral y en las lenguas de los políticos, de los intrusos recién incorporados, y de los inquietos por llegar a lo alto olvidándose de los peldaños de la escalada, son muchas las palabras inapropiadas e inoportunas que se les cuelan en sus excesos 'verborréicos'.

Ideas dignas de ser valoradas todavía no se les han escuchado muchas; casi ninguna, mejor dicho, pero frases vacías, rimbombantes y, lo peor, transformadas sobre la marcha en errores de bulto y vergonzantes meteduras de pata bastantes. Hay muchos ejemplos, como el que alguien nos trajo al recuerdo lo que hacían nuestros antecesores neandertales con los bebés recién nacidos. Fue hace mucho, evidentemente, y casi ninguno de nosotros se acordaba. Los líderes de los principales partidos, que a veces tampoco se quedan atrás derrapando verbalmente, se pasan el día corrigiendo a sus compañeros de lista, varios de ellos rimbombantes fichajes. Unas veces es por las palabras, pero otras porque lo que expresan no coincide con el argumentario del partido que les abrió las puertas de los escaños parlamentarios.

Luego viene el intríngulis de las rectificaciones que ni niegan ni corroboran, porque rectificar es de sabios, pero no de políticos, y dejan la cosa mucho peor de lo que estaba. Siempre hay, además, alguien de guardia tomando nota y convirtiéndolo a la mínima en objeto de escarnio, mofa y befa. El hoy por ti y mañana por mí no funciona en el arte de la política, lo mismo da que se trate de acusaciones recíprocas de corrupción que de excesos del calentamiento bucal ante micrófonos cámaras y hooligans.

Menos mal que esto de la política pasa rápido. Como se ha dicho, al día siguiente los contadores se ponen a cero y la memoria se evapora. Esta precampaña, a la que seguirán otras precampañas y campañas, es y promete seguir siendo más intrincada de lo habitual. Ha incorporado además nuevos protagonistas, todos de verbo brillante y ambiciones elevadas, aunque tal vez demasiado jóvenes para haberle escuchado al ducho maestro y astuto párroco recordar que las palabras derramadas son como el agua, que empapa y no vuelve al cántaro.