«Todo va a salir bien»
Manuel Montero
Jueves, 13 de noviembre 2025, 23:17
«Todo va salir bien». En las películas y series americanas es la frase talismán. Se la dicen a cualquier sujeto en apuros y se ... supone que se tranquiliza. Por ejemplo, llega el poli bueno o la ayudante del fiscal del distrito y se encuentra a la pobre víctima atada con cadenas a la pared de una vil mazmorra mientras el malo, armado hasta los dientes, le apunta a la cabeza y un sicario encañona con un superfusil, a la víctima y al presunto salvador –típica escena americana–. Entonces el recién llegado se la espeta: «todo va a salir bien».
Lo dice como quien lo tiene todo controlado, pero extraña que el sujeto se tranquilice, porque en general el asesino de masas o narcotraficante sigue teniéndolo en sus manos, con esa chulería que se gastan los malos malísimos en las películas americanas, no digamos si son latinos o del Este.
Después las cosas salen bien o mal, lo que exija el guión, y si muere atrozmente, lo que no es infrecuente, el poli queda hundido en la miseria, con frecuencia se da el alcohol y a veces se emborracha con la ayudante del fiscal del distrito, con la que no llega a liarse pues ambos se sienten fracasados y porque quizás el güisqui los tiene sentimentalmente bloqueados.
Otra cosa es que el aviso tranquilizador funcione y que el amenazado se salve, sin que haya más preocupación, pues todo sale bien. No es raro que también en estos casos policía y ayudante del fiscal del distrito se encuentren cuando celebran el éxito y si no pasan a mayores es porque alguno de los dos –o los dos– no ha superado aún el trauma que le ha dejado su último fracaso sentimental.
Pero los avatares anímicos de los salvadores son una cuestión secundaria –aunque proporcionan el contexto– del asunto que aquí nos ocupa. Lo importante es constatar que el diagnóstico «todo va a salir bien» –que lo repite ya el cine patrio y que inevitablemente se propagará en nuestras vidas– no suele derivarse de un análisis de la situación, ni siquiera de que la ayuda que aportará el salvador sea mano de santo, pues con frecuencia resulta torpe y metepatas. Es voluntarismo puro, sin más justificación que el intento de calmar a la víctima, entendiendo incluso que, si va a palmar, mejor lo hace con el ánimo relajado, confiado y bien dispuesto. Es un consejo terapéutico, por decirlo así.
¿El arte imita a la realidad o sólo la imagina? Sí resulta seguro que la realidad imita al arte. «Todo saldrá bien» se convierte así en uno de los estereotipos que nos sirven hoy para guiar a la sociedad. «Todo saldrá bien» es una proclama gubernamental para justificar su política. «Todo saldrá bien» resulta una jaculatoria de la oposición, para que aguantemos.
En ambos casos es mero voluntarismo, pues sólo dejan claro que estamos metidos en problemas de órdago, dantescos, quizás catastróficos. A lo mejor apocalípticos.
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