Mandalas cotidianos

Un 'mandalilla' cotidiano, el de nuestro consistorio de la capital, es un ejemplo de cómo el camino de la relajación va en direccion contraria al de la Plaza del Carmen

ANTONIO MESAMADERO

El mandala (del sánscrito 'círculo') es un objeto de culto entre los forofos de las disciplinas orientales en general, y un palabro que tira 'patrás' a los que detestan las disciplinas orientales en general, pero sobre todo las ejecutadas por occidentales pijos. Ya saben, el mandala asociado al 'rollito guai' de gente con posibles que le pide imposibles a la vida, como alcanzar la iluminación sin pagarle un euro a Endesa. Qué osadía.

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung pensaba que los mandalas simbolizan la unión entre lo humano y lo trascendente. Bonito, pero dudo que sea posible en los tiempos que corren, donde el personal anda más pendiente del último 'meme' de algún memo que de si hay algo allá arriba.

Según Carlitos Jung, el mandala representa la mente en su totalidad y posee el poder transformador de dejar la mente en blanco. Y yo que pensaba que lo mejor para dejar la mente en blanco era escuchar al dúo dinamítico PSOE-Podemos disertar en espiral sobre sus respectivos ombligos de cara a un gobierno de coalición. Tal relación es un circulo igual que un mandala, cierto, pero un círculo demasiado vicioso, porque llevan encamados y dándole que te pego al tema desde abril. Digo yo que en algún momento tendrán que parar, salir del 'nidito de desamor' y recuperar fuerzas para el fogoso reencuentro después de las elecciones de noviembre.

Otro 'mandalilla' cotidiano, el de nuestro consistorio de la capital -imposible de descifrar incluso para un erudito tibetano-, es un ejemplo de cómo el camino de la relajación va en direccion contraria al de la Plaza del Carmen. Un camino que más que relajar, marea.

Epílogo: si quieres conocer el vacío, toma el camino más simple, déjate de mandalas y observa un extracto del banco. Todo se comprende en ese momento.

Epílogo bis: Mandala podría ser también la ruleta de un casino como el que va a estrenar Granada dentro de poco. Verla girar y girar mientras vacías tu interior y tu bolsillo debe ser una experiencia única que yo me perderé en esta vida, porque de interior ando escaso y de bolsillo aún menos.

El mandala-ruleta suele enganchar, así que mirarlo demasiado puede hacer que se te queden los ojos como al maestro de Kung-Fu, por lo que la palabra clave es moderación, término que le viene ni que pintado a la quiniela y al 'cuponcillo', que son pequeños mandalas que al mirarlos producen esa suave iluminación llamada esperanza.

Me pregunto qué pensaría Jung de estas nuevas modalidades de mandalas contemporáneos, tipo 'guasap', 'tuiter', etcétera. Miedo me da pensarlo. Todo el día mirando fijamente para nada.