Manda Macron

Vox se parece a la ultraderecha francesa como un huevo a una castaña. Los nuevos eurodiputados de Abascal ni siquiera se van a integrar en su mismo grupo en el Parlamento Europeo

CURRI VALENZUELA

Es difícil imaginar que uno solo de los 1.876.906 españoles que apostaron por Ciudadanos en las últimas elecciones europeas, municipales y autonómicas lo hicieran con el deseo de que el presidente de Francia asumiera el papel de decidir el final último de su voto. Pero eso es lo que ha sucedido. Emmanuel Macron ha forzado a Albert Rivera a poner cara de asco antes de asociarse en ningún gobierno regional y local con un partido de derechas, Vox, que a él le recuerda al ultraderechista de Le Pen. O sea, por sus complejos.

Vox se parece a la ultraderecha francesa como un huevo a una castaña. Los nuevos eurodiputados de Abascal ni siquiera se van a integrar en su mismo grupo en el Parlamento Europeo y, por mucho que se empeñe la izquierda mediática de este país, no es fácil encontrar un personaje ni un argumento de Vox que se comporte o se comprometa con ideas xenófobas o fascistas. Tampoco se manifiestan contra el sistema democrático vigente en España, ni desean el fin de la Monarquía, lo que, por cierto, sí preconiza Podemos, a quienes esos mismos medios se niegan a catalogar dentro del ultraizquierdismo.

Es bastante posible que el tiempo, no muy largo, se encargue de situar a Vox como una escisión de la derecha del PP nacida del rechazo a la permisividad del gobierno Rajoy con el separatismo catalán. El elevado porcentaje de jóvenes entre sus votantes deja en ridículo la acusación de que votando a Abascal se quiere revivir el franquismo. Y de las decisiones acertadas o erróneas que adopte Pablo Casado en los últimos años dependerá que los de Vox se disuelvan o regresen al redil popular.

El complejo mostrado por Ciudadanos ante las amenazas de Macron de cerrarle las puertas del Grupo de los Liberales europeos demuestra una preocupante falta de solidez del proyecto de Rivera. Y su doble moral a la hora de hacerle ascos a fotografiarse con Vox se sitúa en el nivel más bajo de lo políticamente tolerable. De modo que los de Abascal no pueden integrarse en gobiernos municipales y autonómicos de los que ellos formen parte, pero si apoyan a uno de los de Rivera para que presida un ayuntamiento o una Comunidad, el asco desaparece.

Lo hemos visto en Granada, que tiene un alcalde de Ciudadanos gracias a los votos de PP y Vox. O en Melilla, con presidente de la ciudad autónoma de Ciudadanos, también elegido con el apoyo de Vox. Mientras, en Madrid, el nuevo alcalde popular esconde a los de Abascal en las juntas municipales porque Ciudadanos no les admite como concejales. Una grave incongruencia que se debe a la mala manera que tiene Rivera de reaccionar ante las presiones de un presidente de Francia que dos años después de ser elegido es rechazado por el 80 por ciento de sus compatriotas y que haría mejor en dedicarse a controlar las manifestaciones populares contra su gestión que a meterse en lo que los españoles hacemos o dejamos de hacer con nuestros votos.